El teatro político de la ultraderecha es una obra maestra del engaño. Se ponen la careta de opositores al euro digital, sabiendo que es el cebo perfecto para atraer a los despiertos. Pero es una farsa; su supuesta batalla es solo un guiño a las masas para consolidar su poder.
Mientras denuncian la Agenda 2030 en público, en las sombras la abrazan, porque entienden su verdadero origen y propósito. No es más que la versión secular de la encíclica Laudato Si, el manual de instrucciones del Vaticano para el nuevo orden mundial. Ellos no luchan contra ella; son sus caballos de Troya, listos para abrir las puertas desde adentro.
El plan de las elites es diabólicamente simple: usar a estos líderes de "derecha" para canalizar toda la oposición. Nos dan falsos profetas que luchan contra los síntomas para que, en el momento decisivo, nos entreguen sumisos a la cura: la autoridad papal. No buscan derrotar el sistema, sino administrarlo. Su objetivo final no es la libertad, sino la supremacía del papado sobre un mundo digitalmente esclavizado. No nos dejemos engañar por su oposición de fachada.