Este énfasis conecta directamente con la urgencia de reformas profundas, capaces de reconstruir el país desde sus fundamentos. Cada aula donde un estudiante aprende a leer, a cuestionar y a dialogar se convierte en un laboratorio de ciudadanía y en un pilar de reconstrucción nacional.
Pero la transformación educativa no puede sostenerse sin un marco institucional sólido. Por ello, es indispensable:
• Exigir transparencia en contratos y procesos administrativos.
• Fortalecer marcos regulatorios neutrales, que garanticen imparcialidad y confianza.
• Promover auditorías y estándares de calidad, que aseguren la coherencia entre discurso y práctica.
• Diversificar las fuentes de legitimidad, integrando academia, reguladores y usuarios, para evitar la dependencia de un solo actor político.
