El éxito suele premiar al Detective Perseverante

El investigador privado nunca debe darse por vencido. La experiencia
demuestra de continuo que casos aparentemente insolubles se develan, en el momento menos pensado,
siempre que no se abandone el hilo de la pesquisa. Recuerda que NO HAY CRÍMENES PERFECTOS,
HAY INVESTIGADORES IMPERFECTOS.
Para corroborarlo, voy a narrar un episodio auténtico: un crimen que se esclareció 60 años después de
cometido y cuando el culpable se consideraba definitivamente al margen de toda condena. Lo más insólito de
este caso fue el detalle que aportó la prueba irrefutable para incriminar al homicida.

Ocurrió en Argentina, ciudad de Comodoro Rivadavia, el 17 de abril de 1965. El fotógrafo
Antonio Ostoich acababa de atender a un cliente cuando fue ultimado de varios golpes en la nuca con una
barra de hierro. Después, con la misma barra, el o los asesinos trataron de destruir la cámara fotográfica, tras
de lo cual robaron todo el dinero que hallaron en la casa.
Pasaron los años y el caso llevaba miras de convertirse en otro crimen perfecto. Hasta que un día, muy lejano
de aquel en que había ocurrido el hecho, un Detective, contemplando la semidestruida cámara fotográfica,
pensó: ̈¿Porqué tanta saña contra una simple cámara? ¿No será porque quizás contiene alguna evidencia
delatora? ̈

La examinó, hallando en su interior el negativo de la última fotografía que había tomado la infortunada
víctima. Su intuición le dijo que esa persona tenía algo que ver con el homicidio. Así que hizo revelar el
negativo, se grabó en su mente ese rostro

y no perdió la esperanza de encontrarlo algún día. Y este día llegó, 12 años más tarde. Fue en Chile, donde el
pertinaz Detective, al cruzarse con cierto individuo, tuvo la certeza de que se trataba del hombre que buscaba.
Sometido a interrogatorio, el sospechoso no tardó en confesar su participación en el crimen del fotógrafo,
junto con otros dos cómplices, aquel lejano 17 de abril de 1965. Aquí lo vemos, posando en la alcaldía de
Comodoro Rivadavia, el 5 de diciembre de 1977, es decir, más de 12 años después de la anterior
fotografía.
El criminal había quedado ̈atrapado ̈ dentro de una cámara, pero también dentro de la fina telaraña tejida
por un hábil, sutil y paciente Detective.