Una de las razones por las que no juego más a videojuegos es porque les debería dedicar toda mi atención y tengo demasiadas que hacer. Puedo ver series mientras tejo, leer mientras desayuno, pero jugar me exige un esfuerzo activo de ver, escuchar y ocupar las manos.
Es un melón el de la productividad incluso para el ocio, lo sé.