Si alguna vez Bitcoin alcanza la condición de dinero (medio de intercambio común y generalmente aceptado) no se deberá a la intención particular de quien lo creó, diseñó, desarrolló o descubrió, tampoco se deberá al hecho de que determinados países lo lleguen a considerar como dinero de curso legal, sino que se deberá exclusivamente a la voluntad de los usuarios de dinero de aceptarlo como tal. Así lo entiende Mises cuando afirma que “el dinero sólo puede crearse por el uso de quienes participan en las transacciones comerciales” (1912). En el hipotético caso de que Bitcoin se convierta en dinero, este hecho estará perfectamente sostenido por el análisis histórico-evolutivo del dinero llevado a cabo por Menger. Y podrá ser entendido como la evolución natural del dinero ante la desastrosa, ilegítima e inmoral intervención de los Estados en el ámbito monetario.
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