No puede haber "alegría"en el estruendo de los bombardeos ni en el silencio definitivo de la muerte. La pérdida de una vida venezolana es una cicatriz más en un cuerpo que ya no aguanta más heridas. Sin embargo, en medio de la oscuridad, surge una esperanza que nace del sacrificio.

Esa esperanza se alimenta del recuerdo de los inocentes que partieron antes de tiempo, de la valentía de los presos políticos que resisten tras las rejas y del anhelo de tantas familias rotas por la distancia y el abuso. A todos ellos les han arrebatado mucho, pero no el derecho a soñar con la justicia.

Resulta doloroso recordar que aquellos que hoy critican la alegría de la libertad , eran los mismos que celebraban, condenaban y se burlaban con opulencia y mucho mal los mismos que reían con el eco de su "tum tum", un sonido que rompía familias y que hoy nos recuerda que la alegría verdadera solo volverá cuando la paz y la libertad sanen lo que el odio ha quebrado.

🇻🇪 Libre

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