Hay una categora de gentes que, si no cree, debe menos aparentar que cree. Son todos los atormentadores, todos los opresores y todos los explotadores de la humanidad. Sacerdotes, monarcas, hombres de Estado, hombres de guerra, financistas pblicos y privados, funcionarios de todas las especies, policas, carceleros y verdugos, monopolizadores, capitalistas, empresarios y propietarios, abogados, economistas, polticos de todos los colores, hasta el ltimo comerciante, todos repetirn al unsono estas palabras de Voltaire: "Si Dios no existiese habra que inventario." Porque, comprenderis, es precisa una religin para el pueblo. Es la vlvula de seguridad. Existe, en fin, una categora bastante numerosa de almas honestas, pero dbiles, que, demasiado inteligentes para tomar en serio los dogmas cristianos, los rechazan en detalle, pero no tienen ni el valor, ni la fuerza, ni la resolucin necesarios para rechazarlos totalmente. Dejan a vuestra crtica todos los absurdos particulares de la religin, se burlan de todos los milagros, pero se aferran con desesperacin al absurdo principal, fuente de todos los dems, al milagro que explica y legitima todos los otros milagros: a la existencia de Dios. Su Dios no es el ser vigoroso y potente, el Dios brutalmente positivo de la teologa. Es un ser nebuloso, difano, ilusorio, de tal modo ilusorio que cuando se cree palparle se transforma en Nada; es un milagro, un ignis fatuus que ni calienta ni ilumina. Y, sin embargo, sostienen y creen que si desapareciese, desaparecera todo con l. Son almas inciertas, enfermizas, desorientadas en la civilizacin actual, que no pertenecen ni al presente ni al porvenir, plidos fantasmas eternamente suspendidos entre el cielo y la tierra, y que ocupan entre la poltica burguesa y el socialismo del proletariado absolutamente la misma posicin. No se sienten con fuerza ni para pensar hasta el fin, ni para querer, ni para resolver, y pierden su tiempo y su labor esforzndose siempre por conciliar lo inconciliable. En la vida pblica se llaman socialistas burgueses. Ninguna discusin con ellos ni contra ellos es posible. Estn demasiado enfermos. Mikhail Alexandrovich Bakunin, God and the State
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