Querido diario:

Hoy, más que nunca, siento el compromiso sagrado de luchar por una Venezuela libre. Por amor a mi patria, por el porvenir que anhelo y por el futuro de mis hijos, necesitamos transformar este sistema corrupto y opresor que nos asfixia.

Cada día, el venezolano de a pie, el humilde trabajador, siente sobre sus espaldas el peso insoportable de la tiranía. Sueldos de hambre, inflación desbocada, anarquía institucional, servicios públicos colapsados... y pare usted de contar.

Hoy trabajamos únicamente para subsistir. Los jóvenes ya no ven en las universidades una estación de progreso hacia la vida, sino una traba a sus ambiciones más sencillas por un futuro mejor. Contemplan al profesional —antes símbolo de una clase media empoderada— ahora reducido a la imagen del fracaso.

Ven al señor que vende perros calientes o a la señora del salón de belleza como ejemplos de prosperidad. Y no me malinterpreten: no desmerezco la dignidad de estas personas que trabajan día a día por mejorar sus vidas y servir a la comunidad. Pero también necesitamos profesionales preparados en las diferentes áreas del conocimiento para que nuestro país avance con paso firme.

Además, hay sectores de la juventud envenenados por el clientelismo del CLAP, que tanto daño le ha hecho a nuestro pueblo. Algunos jóvenes creen que es un privilegio ocupar esos cargos, sin comprender que son cadenas disfrazadas de oportunidades.

Necesitamos que este régimen caiga para poder construir, sobre nuevos cimientos, las bases de un futuro digno y próspero para todos.

Argenis Tavacare

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