De la Estafa de los Créditos Mexicanos a la Trampa de EmprendeBDV: La Ironía de la Usura Revolucionaria

Por: Veladina.

En 1999, Venezuela vivía una convulsión no solo política, sino financiera. Hugo Chávez, recién llegado al poder, y su movimiento político, levantaron una bandera que resonó profundamente en la clase media y baja: la lucha contra la usura de la banca privada. El enemigo público número uno eran los llamados Créditos Indexados o Créditos Mexicanos, un sistema hipotecario que ajustaba el capital adeudado a la inflación, haciendo que las deudas fueran impagables y eternas.

El discurso oficial, continuado posteriormente por Nicolás Maduro, satanizó (con razón jurídica, ratificada por el TSJ en 2002) la voracidad de los banqueros que aplicaban el anatocismo (cobro de intereses sobre intereses) y asfixiaban al pueblo. La promesa era clara: nunca más la banca oprimiría al trabajador.

Veinticinco años después, la ironía se sienta en la taquilla del banco más grande del país. Pero ya no es un banco privado neoliberal; es el Banco de Venezuela (BDV), una entidad del Estado. Hoy, bajo la bandera del emprendimiento, el gobierno ofrece créditos digitales que, al analizarlos con lupa financiera, hacen que los antiguos banqueros de los 90 parezcan aprendices en el arte de la extracción de capital.

El Espejismo de EmprendeBDV

El programa EmprendeBDV se vende como la salvación para el pequeño comerciante que intenta sobrevivir en una economía dolarizada de facto. Sin embargo, la estructura de costos de estos créditos revela una práctica que, si hubiese sido aplicada por la banca privada en el 99, habría provocado expropiaciones inmediatas en cadena nacional.

La denuncia recurrente de los usuarios es alarmante: al solicitar un crédito, el emprendedor se encuentra con una sorpresa matemática devastadora.

El esquema funciona, según reportes de usuarios, de la siguiente manera:

Indexación disfrazada: Los créditos, aunque se liquidan en bolívares, están indexados a la Unidad de Valor de Crédito (UVC) o directamente atados a la tasa del dólar BCV. Es decir, la misma indexación que Chávez criticó en los 90, ahora es política de Estado para protegerse de la propia inflación que el Estado no ha podido controlar.

El Interés: Se fija una tasa anual que ronda el 16%. Hasta aquí, parece una tasa manejable en comparación con la inflación.

El Gran Golpe (La Comisión Flat): Aquí reside el agravante que supera las pesadillas de los deudores hipotecarios del pasado. Al momento de liquidar el crédito, el Banco de Venezuela descuenta automáticamente un porcentaje que, sumando comisiones por estudio financiero, asesoría o comisión flat, roza el 16% del monto total aprobado.

La Matemática de la Asfixia

Para entender la gravedad, usemos un ejemplo simple. Si un emprendedor solicita el equivalente a $1.000 para comprar mercancía:

El banco aprueba los $1.000.

Inmediatamente, descuenta casi $160 (16%) por comisiones y gastos administrativos/asesoría.

El emprendedor recibe en su cuenta $840.

Sin embargo, le debe al banco $1.000 más el 16% de interés anual sobre esos $1.000.

Esto eleva la Tasa Efectiva Anual a niveles estratosféricos. El emprendedor está pagando intereses por un dinero que nunca tocó ($160) y, además, debe generar ganancias inmediatas superiores al 32% (16% de entrada + 16% de interés) solo para quedar tablas con el banco, sin contar la devaluación diaria del bolívar si no logra rotar la mercancía rápido.

¿Quién es el Usurero Ahora?

Lo que en 1999 se llamó terrorismo financiero cuando lo hacían los privados, hoy se llama "impulso al motor emprendedor" cuando lo hace el Estado.

La ironía es mordaz. El chavismo llegó al poder prometiendo eliminar las trampas financieras que esclavizaban al deudor. Criticaron que el capital de la deuda creciera (indexación). Hoy, no solo el capital crece con el dólar, sino que el Estado aplica una mordida inicial del 16% que descapitaliza al emprendedor antes de que pueda vender el primer producto.

Cobrar una comisión de tal magnitud por adelantado no es banca social; es una barrera de entrada que garantiza que solo aquellos con márgenes de ganancia especulativos puedan sobrevivir al crédito. Es, en esencia, una versión moderna y digitalizada del mismo sistema que juraron destruir, pero con el agravante de que el acreedor es el mismo ente que debería proteger al ciudadano: el Estado venezolano.

Los fantasmas de los créditos indexados no desaparecieron; simplemente se mudaron a la plataforma digital del Banco de Venezuela, cambiaron de nombre y aumentaron sus tarifas.

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