La felicidad está en la libertad y la libertad está en la valentía, sin inquietarse por los peligros que la guerra trae consigo.
El hombre no experimenta tristeza cuando se lo priva de bienes que aún no ha probado, sino cuando se le arrebata uno al que ya se había acostumbrado.
La envidia de los rivales la sufren quienes están vivos; el que, por el contrario, ya no representa un obstáculo para nadie, es honrado con generosa bondad.
Nuestra ciudad, tomada en su conjunto, en efecto, es la única que, puesta a prueba, supera su propia reputación; es la única cuya victoria, el agresor vencido, dada la superioridad de los causantes de su desgracia, acepta con resignación; es la única, en fin, que no les da motivo a sus súbditos para alegar que están inmerecidamente bajo su yugo.
Cuando la ciudad se les manifieste en todo su esplendor, detengansé y tengan en mente que éste es el logro de hombres bizarros, conscientes de su deber y honorables en su trabajar; de hombres que, si alguna vez fracasaron al intentar algo, jamás pensaron en privar a la ciudad del coraje que los animaba, sino que se lo ofrendaron como el más hermoso de sus tributos. Al entregar cada uno de ellos la vida por su comunidad, se hicieron merecedores de un elogio imperecedero y de la sepultura más ilustre.
Cuando los más preciados galardones que una ciudad otorga son los que recompensan la valentía, entonces también posee ella los ciudadanos más valientes.
#Tucídides (460-395 a.C.), Epitafio de #Pericles (495-429 a.C.)
