
Las funciones hash no son solo teoría: están en todo lo que usamos a diario. Sirven para verificar archivos, proteger contraseñas, identificar datos y gestionar sistemas enteros. Son invisibles… pero fundamentales
Un hash permite comprobar si un archivo fue modificado. Descargas, backups o actualizaciones: todo puede verificarse comparando la “huella digital” del archivo original con la recibida. Cero confianza, solo matemáticas.
Las contraseñas no se guardan en texto: se almacenan en forma de hash.
Ni la empresa que te da acceso conoce tu contraseña real. Un atacante tampoco puede reconstruirla desde el hash. Es una defensa esencial en cualquier sistema moderno.
En bases de datos y estructuras de datos, los hashes permiten búsquedas rápidas, de duplicación, indexación y detección de cambios.
El rendimiento y la integridad dependen de ellos. Sin hashing, la informática moderna colapsaría.
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