<<…—He perdido mi dinero. Soy inocente, lo perdí por una buena causa. Mis intenciones eran puras, no quería nada para mí, nunca busqué nada para mi propio beneficio, Srta. Taggart; puedo afirmar con orgullo que en toda mi vida jamás he conseguido beneficio alguno.

La voz de Dagny era tranquila, serena y solemne al contestar: —Sr. Lawson, debo decirle que, de todas las declaraciones que un hombre puede hacer, ésta es la que considero más despreciable.>>

La Rebelión de Atlas.

Ayn Rand

Pero. ¿En qué clase de mundo vivimos dormidos, que hemos perdido en buena parte de la sociedad, el reconocimiento del verdadero sentido que debe guiar nuestra conducta?

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