Cuando todo en mi derredor estaba en orden, cuando estaba contento con todo lo que me rodeaba y con la esfera en la que tena que vivir, la llenaba con mis afectos. Mi alma expansiva se extenda sobre otros objetos, y atrada sin cesar lejos de m por gustos de mil especies, por vnculos amables que sin cesar ocupaban mi corazn, me olvidaba en cierta manera de m mismo, participaba por entero de lo que me era extrao y senta en la continua agitacin de mi corazn toda la vicisitud de las cosas humanas. Esta tortuosa vida no me dejaba ni paz en los adentros, ni reposo fuera. En apariencia dichoso, `no tena un solo sentimiento que pudiera soportar la prueba de la reflexin y en el que pudiera deleitarme verdaderamente. Nunca estaba totalmente contento, ni de otro ni de m mismo. El tumulto del mundo me aturda, la soledad me hastiaba, tena continuamente necesidad de cambiar de sitio y no esta bien en ninguna parte. Sin embargo, era agasajado, muy estimado, bien recibido, acariciado por doquier. No tena un solo enemigo, ni malqueriente ni envidioso. Como no se buscaba sino complacerme, con frecuencia yo mismo tena el placer de complacer a mucha gente, y sin bienes, sin empleo, sin fautores, sin grandes talentos bien desarrollados ni bien conocidos, gozaba de las ventajas aadidas a todo aquello y no vea a nadie en estado alguno cuya suerte parecirame preferible a la ma. Que me faltaba entonces para ser feliz? Lo ignoro; pero s que no lo era. Jean-Jacques Rousseau, Reveries of the Solitary Walker

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