(Continúa)

Desde aquí es fácil entender por qué la cultura y la praxis del totalitarismo comportan además la negación de la Iglesia. El Estado, o bien el partido, que cree poder realizar el bien absoluto y se erige por encima de todos los valores, no puede tolerar que se sostenga un "criterio objetivo del bien y del mal" por encima de la voluntad de los gobernantes y que, en determinada circunstancias, puede servir para juzgar su comportamiento. Esto explica por qué el totalitarismo trata de destruir la Iglesia o, al menos, someterla, convirtiéndola en instrumento del propio aparato ideológico.

Reply to this note

Please Login to reply.

Discussion

No replies yet.