Mantente humilde. Disfruta la vida y las cosas buenas. No seas como el rey Midas. Midas era el rey de Frigia y se le conocía por su gran riqueza y su amor por el oro.
Un día, Midas ayudó a un sátiro llamado Sileno, que estaba borracho y perdido en el bosque. Sileno era un amigo del dios Dionisio y, como agradecimiento, Dionisio le concedió a Midas un deseo. Midas pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro.
Al principio, Midas estaba muy emocionado con su nueva habilidad, pero pronto se dio cuenta de que su deseo era una maldición. Todo lo que tocaba, desde la comida hasta su propia hija, se convertía en oro y se volvía inútil e incapaz de sustentar la vida. Midas se dio cuenta de que su deseo era un error y rogó a Dionisio que se lo quitara.
Dionisio accedió a quitarle el deseo, pero Midas tuvo que aprender una lección. Dionisio le ordenó que se lavara las manos en el río Pactolo, y el río se convirtió en oro. Midas se dio cuenta de que su amor por el oro había sido una locura y se arrepintió de su deseo.
La historia de Midas es un ejemplo de cómo la riqueza y el deseo pueden llevar a la locura y la pérdida de lo que es realmente valioso en la vida.
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