Bitcoin es la cristalización de décadas de avances en diferentes áreas de conocimiento, avances conseguidos por miles de mentes brillantes, concentrados en un protocolo con reglas fijas y sencillas; un conjunto de reglas que parece un sistema vivo, extendiéndose y adaptándose a su entorno para protegerse a sí mismo.
Bitcoin resuelve una necesidad humana básica: la preservación y transferencia de riqueza de forma segura en el tiempo y el espacio; y lo consigue perfeccionando las siguientes cualidades: seguridad, minimización de confianza, inmutabilidad, bajo coste de preservación y verificación, y escasez.
Nuestra historia está repleta de ejemplos de extorsión, robo, engaño, tiranía, devaluación y destrucción. Bitcoin no presupone que existan seguridad jurídica o derechos individuales, ni siquiera presupone que exista internet como medio de comunicación; Bitcoin siempre desconfía y presupone la mala fe, está diseñado para perdurar y prosperar ante los ataques.
Los ricos en países desarrollados están preocupados por preservar su riqueza y transferirla de generación en generación. Los pobres y oprimidos luchan por su derecho a la propiedad, huyen de regímenes autoritarios e intentan proteger sus ahorros de ladrones y tiranos para mejorar sus vidas y la de sus familias. Bitcoin, como activo real finito e inconfiscable, es útil para todos ellos.
Bitcoin es un monumento de inmutabilidad que cincela su historia apilando energía; energía coordinadora imposible de fingir, energía autoevidente, energía que conecta el mundo físico con el digital, energía que da vida a un reloj cuyo tic-tac resuena con una intensidad cada vez más difícil de obviar. Bitcoin es único e irreplicable. Bitcoin es esperanza.
Emerito Quintana
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