(Continúa)
XXV. Resalta esta carta la importancia de ser meramente cristiano. Cada uno de nosotros tenemos intereses individuales, pero el lazo de unión debe seguir siendo el mero cristianismo sin sustituir la fe misma por alguna moda de tonalidad cristiana (cristianismo y la Nueva Psicología, cristianismo y el Vegetarianismo, cristianismo y el Nuevo Orden...) esto refleja el horror a Lo Mismo de Siempre.
Al igual que la glotonería se produce por el aislamiento del placer de comer coma también la exigencia de absoluta novedad se da por el aislamiento y exageración del natural placer del cambio. Dios ha contrapesado su amor al cambio con su amor a lo permanente, de manera que los hombres no solo se sienten satisfechos sino transportado por la novedad y familiaridad combinada de los copos de nieve de este enero, del amanecer de esta mañana, del pudín de estas navidades.
C. S. Lewis advierte de la exigencia de cambios infinitos o arrítmicos, ya que el placer de la novedad, por su misma naturaleza, está más sujeto que cualquier otro a la ley del rendimiento decreciente. Una novedad continua cuesta dinero, de forma que su deseo implica avaricia o infelicidad, o ambas cosas. Cuanto más ansioso sea este deseo, antes debe engullir todas las fuentes inocentes de placer y pasar a aquellas que son destructivas para el hombre.