La noche era fría y lluviosa en Londres. Un hombre encapuchado caminaba por las calles vacías, con una mochila en la espalda. Llevaba consigo un secreto que podría cambiar el mundo: él era Satoshi Nakamoto, el creador de Bitcoin.

Había decidido revelar su identidad después de años de anonimato, pero no de la forma que todos esperaban. No iba a dar una entrevista, ni a publicar un mensaje en la red, ni a firmar con su clave privada. Iba a hacer algo mucho más arriesgado: iba a entregar su mochila a un periodista que lo esperaba en un café.

Dentro de la mochila había un disco duro con toda la información sobre el origen de Bitcoin: el código fuente original, los correos electrónicos con los primeros colaboradores, las pruebas criptográficas, y sobre todo, el motivo por el que había creado la moneda digital.

El hombre llegó al café y se sentó en una mesa junto a la ventana. Miró a su alrededor y vio al periodista, que lo reconocía por una foto que le había enviado. Era un joven de cabello rubio y gafas, que trabajaba para un medio especializado en tecnología. El hombre le hizo una seña y el periodista se acercó.

- Hola, ¿eres tú? - preguntó el periodista.

- Sí, soy yo - respondió el hombre.

- ¿Tienes lo que me prometiste?

- Sí, lo tengo. Pero antes de dártelo, quiero que me escuches.

- ¿De qué se trata?

- Quiero que sepas por qué hice lo que hice. Por qué creé Bitcoin.

El hombre le contó al periodista su historia: cómo se había interesado por la criptografía y la economía desde joven, cómo había visto el potencial de crear un sistema de dinero digital descentralizado y peer-to-peer[^1^][2], cómo había publicado su artículo[^2^][1] y lanzado el software Bitcoin[^3^][3], cómo había colaborado con otros programadores hasta mediados de 2010[^4^][4], y cómo había decidido desaparecer sin dejar rastro.

- ¿Y por qué decidiste desaparecer? - preguntó el periodista.

- Porque no quería ser el centro de atención. No quería que Bitcoin dependiera de mí. Quería que fuera una obra colectiva, una red abierta y libre. No quería ser un líder, ni un héroe, ni un villano. Solo quería ser un contribuyente más.

- ¿Y por qué decidiste revelar tu identidad ahora?

- Porque creo que ha llegado el momento. Bitcoin ha crecido mucho desde que lo creé. Ha superado todas mis expectativas. Ha demostrado ser resistente, innovador y revolucionario. Ha inspirado a millones de personas. Ha cambiado el mundo financiero y ha desafiado al poder establecido.

- ¿Y no temes las consecuencias? ¿No crees que te van a perseguir, a demandar, a atacar?

- Lo sé. Sé que me arriesgo a muchas cosas. Pero también sé que tengo el apoyo de muchos otros. Sé que hay una comunidad fuerte y diversa que defiende los valores de Bitcoin. Sé que hay gente que me respeta y me admira. Sé que hay gente que me quiere conocer.

- ¿Y qué esperas de mí? ¿Qué quieres que haga con esta información?

- Quiero que la compartas con el mundo. Quiero que cuentes mi historia. Quiero que muestres las pruebas. Quiero que demuestres que soy Satoshi Nakamoto.

El hombre le entregó la mochila al periodista y se levantó de la mesa.

- Ha sido un placer conocerte - dijo el hombre.

- Igualmente - dijo el periodista.

- Adiós - dijo el hombre.

- Adiós - dijo el periodista.

El hombre salió del café y se perdió entre la multitud. El periodista abrió la mochila y vio el disco duro. Lo conectó a su computadora y vio los archivos. Se quedó boquiabierto al ver la evidencia irrefutable: él tenía en sus manos el secreto mejor guardado del mundo: la identidad de Satoshi Nakamoto.

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