En las afueras de lo que antes fue Madrid, los apagones eran constantes.

El Estado controlaba la energía, las comunicaciones y el dinero.

Solo los “usuarios registrados” podían consumir electricidad.

Pero en un sótano, un viejo generador rugía en la oscuridad.

Era la herencia de un hombre desaparecido hacía años: el padre de Leo.

Sobre la mesa, un cuaderno con notas, cables, y un mensaje:

“Cada bloque minado es una chispa de libertad.”

Leo, con apenas 18 años, conectó el equipo.

La pantalla se encendió y apareció una frase:

“Sin permiso. Sin bancos. Sin fronteras.”

Días después, la policía energética detectó un consumo irregular.

Interceptaron la señal.

Pero no pudieron apagarla.

El generador seguía encendido.

Y en algún lugar del mundo, un bloque más se añadía a la cadena.

Leo sonrió.

Su padre no estaba muerto.

Vivía en cada línea de código que el sistema nunca pudo borrar.

Los gobiernos caen.

El hash rate no.

#Bitcoin #Verdad #Libertad

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