Ok. Uno. Fue mientras vivía en México. Estaba recién despertando cuando sentí un beso en mi mejilla y, al mismo tiempo, un perfume delicioso me envolvió. Abrí los ojos y no había nadie. En ese momento creí que había sido solo un sueño, pero, dos días después, me llamaron para avisarme que Dana —mi afgana de dos años— había fallecido la madrugada del beso.