El sistema te recompensa por obedecer,
no por entender.
Si repites lo que dicen los medios, estás “informado”.
Si haces preguntas incómodas, eres “radical”.
Si crees en el dinero del Estado, eres “responsable”.
Si confías en Bitcoin, eres “peligroso”.
El pensamiento libre se castiga con burla.
Y el rebaño aplaude,
porque nadie quiere ser el que levanta la cabeza cuando todos pastan tranquilos.
Bitcoin no es una inversión.
Es una idea contagiosa:
la de pensar por ti mismo.
Cuando lo haces,
ves la trampa completa:
el dinero no mide tu valor,
mide tu obediencia.
Por eso el sistema teme al bitcoiner:
porque no necesita permiso.
Y quien no necesita permiso,
ya no puede ser gobernado de la misma forma.
Pensar tiene un precio.
Pero no pensar… lo tiene todo.
#Bitcoin #Conciencia #Despierta
