Prohibir palabras

En Colombia quizá no tanto, pero aquí por las Europas lo políticamente correcto es algo cada vez más pesado. Y me gustaría insistir en la palabra: pesado. No digo malo, no lo asocio a esta o a aquella ideología, no digo que no esté justificado utilizar un lenguaje más adecuado para determinadas minorías, o que no sea bueno procurar tener un sentido del humor menos ofensivo como el que habitualmente se ha hecho servir respecto de esas minorías (o mayorías, como la más de la mitad de la sociedad constituida por las mujeres). Lo que digo es que vigilar palabra por palabra lo que uno dice para evitar ofender a los demás es algo agotador. Y, a la larga, no sólo dificulta aquello para lo que sirve el lenguaje, que es para comunicarse, sino que coarta la libertad en esa esfera y en otras.

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