Una Navidad de Sillas Vacías y Ausencias que Duelen
En Venezuela, el brillo de las luces navideñas se topa este año con una sombra espesa y dolorosa. Las casas, que antes retumbaban con risas y gaitas, hoy albergan un silencio que lastima. Las mesas están servidas a medias, no solo por la crisis, sino porque faltan los abrazos que el exilio y la tragedia nos han arrebatado.
Es difícil cantar "Navidad" cuando los ojos se nublan al mirar hacia la frontera. El alma se quiebra al recordar a los hijos que no volverán, a esos que buscaron un futuro y encontraron un final injusto lejos de casa. El dolor de un hijo muerto en Brasil, sin la posibilidad de darle un último adiós, es una herida abierta que no conoce consuelo ni geografía. Es una despedida suspendida en la distancia, un duelo que se lleva a cuestas entre la impotencia y las lágrimas.
Por una Navidad sin Rejas
No se puede celebrar plenamente cuando la libertad está encadenada. El ruego de un pueblo es claro: no queremos una Navidad con presos políticos. El pensamiento vuela hacia los calabozos donde la injusticia intenta apagar las voces de quienes soñaron con algo mejor.
Recordamos con fuerza a Freddy Superlano, José Riera y Naomi.
Sus nombres no son solo cifras; son padres, amigos y ciudadanos que faltan en sus hogares.
¡Los queremos libres! Que el mayor regalo de este año no sea algo material, sino el regreso de los que están injustamente retenidos.
Que este clamor se convierta en fuerza. Porque mientras falte un hijo, mientras haya un preso por pensar distinto y mientras la mesa tenga sillas vacías por la tragedia, la Navidad en Venezuela seguirá siendo un acto de resistencia y una oración por la libertad y el reencuentro.
Libertad y justicia para los presos políticos de Venezuela.
#NavidadSinPresosPolíticos
@clippve
@sinmordaza
