Cartagena despierta sin lagañas
Estando en el palco de Vueltabajero, en pleno bando de Cartagena, sentí que la ciudad entera despertaba de un largo letargo. La brisa del mar se colaba entre los palcos, sintiendo el Caribe rugir a nuestras espaldas y la muralla, con la gente pululando en sus garitas y baluartes, se veía más altiva que nunca. La música sonaba a todo timbal, como no la sentía hacía muchos años; entendí que el exilio voluntario que me había autoinfligido para estas fechas había terminado.
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