Por senderos oscuros mi alma vagó,

con pasos cansados, pero nunca paró.

Aunque el lamento en mi pecho crecía,

confié en mi mente, que alumbra la vía.

Los días amargos enfrenté con valor,

y el cielo giró con un nuevo fulgor.

Qué raro prodigio, qué dulce sentir,

cuando todo en la vida comienza a fluir.

Gracias a las almas que cruzan mi andar,

sus risas y manos me ayudan a amar.

Gracias por el mal, que al herir me enseñó,

que cada caída un sentido formó.

No tengo riquezas, ni finos blasones,

mas soy millonario de puras pasiones.

Cada amigo sincero, cada instante de paz,

es un tesoro que brilla y no muere jamás.

Hoy no hay falsedad que empañe mi cielo,

mi paso es firme, mi canto es anhelo.

El hombre de bien, con su obra sincera,

siembra luz en el mundo y su vida prospera.

Reply to this note

Please Login to reply.

Discussion

No replies yet.