España.
La democracia española actual está influenciada por una combinación de ambos tipos de liberalismo, aunque con una mayor presencia del liberalismo de Locke en términos institucionales y del liberalismo francés en su enfoque social.
Influencia del liberalismo de Locke: La Constitución Española de 1978 establece un sistema democrático basado en la separación de poderes, el Estado de derecho y la protección de los derechos individuales, principios fundamentales del liberalismo lockeano. Además, la economía de mercado y la propiedad privada siguen siendo pilares esenciales del sistema español.
Influencia del liberalismo francés: La democracia española también incorpora elementos del liberalismo francés, especialmente en su énfasis en la soberanía popular y la igualdad. La participación ciudadana, el papel del Estado en garantizar derechos sociales y la lucha contra privilegios heredados reflejan ideas inspiradas en Rousseau.
En resumen, España ha adoptado una síntesis de ambos enfoques, combinando la protección de derechos individuales con una fuerte presencia del Estado en la regulación social y económica.
La fuerte presencia del Estado en la regulación social y económica en España tiene más influencia del liberalismo francés, especialmente en su énfasis en la igualdad y la función del Estado como garante de derechos sociales. Rousseau defendía que la soberanía residía en la voluntad general y que el gobierno debía actuar en beneficio de la colectividad, lo cual se refleja en políticas como el sistema de bienestar, la educación pública y la sanidad universal en España.
En contraste, el liberalismo de Locke promovía un gobierno más limitado, centrado en la protección de la propiedad y los derechos individuales sin una intervención extensa en la economía. Aunque España mantiene elementos de la tradición lockeana, su modelo social y económico está más alineado con la visión francesa, donde el Estado juega un papel activo en la redistribución de recursos y la corrección de desigualdades.
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