La gravedad es una propiedad que aparece cuando se inhibe el juego; esto ocurre por jugar a lo cuántico con reglas clásicas y a lo clásico con reglas cuánticas; la diferencia entre las dos radica en una «inversión de los valores».

«La gran salud». El gran problema del genio es no aceptar que la culpa es la causa más poderosa. Y no como mala conciencia —ya que esta no es culpa sino lo que la inhibe. La culpa es preeminente sobre la causa como la parábola lo es sobre el semicírculo. En esto se basará la medicina atómica del futuro.
Te conformaste con ser un buitre, pero podrías haber sido un halcón. No reconociste los errores de tu mayor perfección.


La muerte, interpretada como vida, lleva a la muerte, e interpretada como muerte, lleva a la vida. Frases como «nadie sabe nada» nos llevan a pensar que todos saben todo, de ahí el problema de hubris. Y frases como «yo solo sé que no sé nada» enseguida nos hacen sapientes. Ahí se usa la muerte para vitalizar como se usa el ejercicio o la inoculación para fortalecer e inmunizar.
El deber es un querer más débil, de ahí que necesite más disciplina.
La gravedad como el entendimiento tiene nostalgia por un ideal que no se perdió, es solo que por su naturaleza parcial no sabe de lo que no carece. Lo mismo les ocurre a los físicos.
Un creador cuando trabaja no crea.

El todo tiene límites, para nosotros son suficientes. Es decir que son límites a los que nos atenemos mediante no tomarnos «todo» demasiado en serio.
Una aparición y su revelación ya se concibe en una estructura de emplazamiento específica, que la justifica y la hace perdurar en el tiempo. Las apariciones se conciben «con y en» la tierra—sus particulares, como los matices específicos en este o aquel muro de piedra, son «lo que la tierra quiere» en una etapa determinada de su desarrollo.
El esfuerzo es el trasplante de una revelación.
El miedo a la muerte es una «inversión de los valores»: la muerte no es más que un papel que uno interpreta de pasada, tampoco hubo vida plena antes, sin coraje. 
La inteligencia artificial nos deja ver que la estadística es «la puerta» hacia el interior. Se encargará de tratar con los guardianes del umbral y hará desaparecer el miedo supersticioso que se les tiene. Esto quizás fomentará una nueva espiritualidad. Entonces los artistas no deberían tenerle miedo, ella escribirá sus evangelios.
Es distinto conceptualizar experiencias (dionisiaco-cuántico) que pensar los conceptos (clásico).
La certeza de la probabilidad es un lugar.
Cuanto más fuerte el revolucionario, menos sangre derrama su cambio de orden, y cuanto menor es la maestría, más dependemos del orden de los factores.
Vos hacés las cosas de manera opuesta a como se ven una vez que están hechas; esto lo entienden todavía los jóvenes, y se sorprenden de la inversión de los valores que notan en los adultos, que les parecen: menos sustanciales, más materialistas, más resultantes y retrasados, como un reflejo y, por lo tanto, les parece que tienen «los valores invertidos». No hay que tomar en poco el placer que nos da el tener el horizonte despejado: no se está manteniendo joven quien no se va cuando las paralelas se le cruzan en el infinito.
La libertad es lo que hace a los muertos volar. 
Los límites son para uso de la libertad.
Quien está siendo un zapallo, al igual que el genio, sabe que la completud es preeminente sobre lo excéntrico y novedoso; pero para el primero, completud es manada, para el segundo el cosmos. No hay poco en juego cuando la persona se pregunta a sí misma (un poco asombrada): ¿por qué es que no tengo siempre presente que soy una figura del universo, y en vez comienzo tantas veces desde una esfera pequeña como la social?; esta realización viene acompañada de un sentimiento de libertad y salud.
El amor propio es cuántico. 