Aquí triunfa la gente que finge. Como mi exnovio, siempre asentado, diciendo lo que los demás querían oír, mientras por dentro solo seguía su propia agenda. Sonríen, aplauden, debaten sin decir nada real. Y si tú decides hablar con honestidad, pierdes. Pierdes tiempo, energía, respeto. Aquí, decir la verdad es una desventaja. Callar y actuar por detrás, en cambio, es una estrategia. Y luego preguntan por qué uno quiere irse.
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