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El loro coroniazul, o loro de Fuertes

(Hapalopsittaca fuertesi)

El Honorable Concejo Municipal de Génova Quindío, en ejercicio de sus atribuciones consagradas en el artículo 313, de la Constitución Política de Colombia, Art. 32 de la Ley 136 de 1994 y

CONSIDERANDO

Que el municipio de Génova tiene en su haber más de mil hectáreas de gran riqueza natural y paisajística, destinadas a la protección y conservación del recurso hídrico, la fauna y la flora, que hacen parte de sus acciones públicas para la conservación de los recursos ambientales de la sociedad por parte del Estado, y en uno de sus predios la Reserva el Mirador, ubicado en la parte alta de la Cuenca del Río Gris, se ha localizado una especie de ave en vía de extinción conocido científicamente como Hapalopsittaca fuertesi, y popularmente como Loro Coroniazul, que viene desde al año 2003 reconociéndose en nuestra simbología y ha de convertirse en un emblema de la cultura ambiental y de la identidad del Pueblito Paisa del Quindío

Acuerda

ARTICULO PRIMERO: Institucionalícese en el Municipio de Génova Quindío, el Loro Coroniazul como el símbolo de la fauna local, que hará parte de la simbología, la tradición y la cultura representativa del municipio, el cual deberá destacarse en igualdad de condiciones a los demás símbolos del municipio como la Bandera, el Escudo, el Himno en nuestras ceremonias oficiales y en la educación ambiental, cívica y social de Génova.

ARTICULO SEGUNDO: Institucionalícese el Festival de Loro Coroniazul como una manifestación de la cultura ambiental del pueblo de Génova, evento que se desarrollará siempre dentro de la programación de la semana de la Cultura y el Deporte en el mes de octubre de cada año.

Así se estableció como ave emblemática a esta especie de loro de las más raras y escasas, Desde 2019, el loro de Fuertes es el ave emblemática de este municipio risaraldense, una de las cuatro zonas de los Andes centrales donde tiene presencia. Hasta hace poco era muy difícil de encontrar, pero en los últimos años se lo puede observar de manera relativamente fácil a lo largo de los caminos de tierra ubicados en lo alto del poblado de Santa Rosa de Cabal.

El lorito de Fuertes es una especie endémica de Colombia declarada en Peligro y que solo se encuentra en 4 lugares. Santa Rosa de Cabal, en Risaralda, es uno de ellos, también se encuentra en Anaime y Toche (Tolima), y Génova (Quindío) en un área reducida de la Cordillera Central de los Andes colombianos.

Recientemente se obtuvo un nuevo registro de 17 individuos de la Cotorra coroniazul (Hapalopsittaca fuertesi), una de las especies de psitácidos más amenazados de Colombia, sobre el límite oeste del Parque Nacional Natural Las Hermosas–Gloria Valencia de Castaño en el municipio de Palmira, departamento del Valle del Cauca, a una elevación de 3188 m en un mosaico de vegetación natural y pastos. Previamente se consideraba que esta especie estaba restringida a cuatro subpoblaciones en área limítrofe de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Tolima. Este registro extiende la distribución conocida de H. fuertesi aproximadamente 122 km hacia el sur sobre la Cordillera Central de los Andes colombianos, hasta el límite sur de su distribución hipotética. El Parque Nacional Natural Las Hermosas–GVC bien podría ser el área de conservación más importante para esta especie.

Esta ave que incluso llego a considerarse extinta, es endémica de Colombia y aunque es muy difícil de ver, debido precisamente a su disminuido numero poblacional, en Genova se ha convertido en insignia, se hacen festivales en su nombre y la fundación pro aves, realiza allí un arduo trabajo de conservación. ProAves es una organización no gubernamental colombiana, sin ánimo de lucro y dirigida a la protección medioambiental, especialmente la protección de especies de aves amenazadas.

En Colombia se estima que hay 53 especies de loros que habitan en varias regiones del país. Una de ellas es el loro coroniazul, cotorra coroniazul o más conocido como loro de Fuertes.

De acuerdo con las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) quitó a la especie de categoría en peligro crítico y la subió a la categoría de peligro, porque hubo un incremento en la población de 250 a 300 individuos. Pero eso, no significa que no estén amenazadas, es insuficiente y es riesgoso porque las cuatro poblaciones de este loro que tenemos en Colombia están aisladas.

Prueba de lo anterior, es que en Santa Rosa de Cabal lo máximo que han visto son grupos de 24 individuos, pero “no se tiene certeza de que interactúen con los grupos aledaños. Eso genera endogamia y hace que, al reproducirse, se debilite la genética”.

La especie se considera escasa, precisamente, porque no es seguro encontrarla en grupos tan grandes todo el tiempo. Y también porque su localización a una altura entre los 2.900 y 3.200 metros sobre el nivel del mar en los bosques altoandinos dificulta su monitoreo.

Dada la limitada extensión del hábitat de esta especie, es preocupante cualquier disminución que se presente como consecuencia de la expansión de la frontera agrícola y los cultivos ilícitos.

Este bonito, escaso y poco conocido loro de Colombia, el lorito de Fuertes fue descubierto en 1911; y del que no hubo más noticias después de 1992, dándosele por extinto, hasta que un grupo de 14 aves fue localizado en julio de 2002, en una mancha de bosque nublado a 3.100 metros de altitud.

La especie fue redescubierta por la Fundación ProAves en un bosque de montaña en el municipio de Génova, Departamento de Quindío. En julio de 2002, el primer avistamiento confirmado se realizó en los Andes centrales, cerca del Parque Nacional Los Nevados, cuando se localizaron 14 aves en una pequeña área de bosque

En el momento del redescubrimiento en 2002 se estimaron tan solo alrededor de 60 individuos. En 2010, la población conocida consistía en 164 individuos y en 2019 la población total se estimó en 180-200 individuos, En la actualidad año 2023 existen unos 300 individuos maduros en libertad.

Hasta hace algunos años se creía una especie extinta y fue redescubierta, por eso se considera una especie rara y muy local., Esta especie vive principalmente en Santa Rosa de Cabal (Risaralda). Se identifica por su característico ‘sombrerito’ de plumas azules que parece llevar en la cabeza, su tamaño, que no supera los 23 centímetros y también por su tipo de canto intermitente.

Su coloración es de varios tonos de verdes, tornándose oliva hacia el rostro, dorso y el pecho. Tiene un azul en la corona de la cual deriva uno de sus nombres comunes, posee un parche marcado de color rojo en los hombros, franja angosta en la frente, bajo abdomen y hombros rojos, presentando esta misma coloración debajo de la cola. posee azul y rojo en sus alas y cola los cuales suelen ser evidentes sobre todo cuando se posa, y pueden ser mucho más llamativos en vuelo.

El pico es de color cuerno coloreado con azul, gris en la base de la mandíbula superior. En tanto el Iris es verde-amarillo. Es una especie trepadora que cuenta con cuatro dedos (dos frontales y dos traseros) en cada una de sus patas.

Los inmaduros tienen vetas menos amarillas y la cara más apagada.

El loro coroniazul o de fuertes habita las selvas maduras de montaña cubiertas de niebla entre los 2600 y 3800 metros de altitud, pero mayormente entre los 3300 y 3500 metros de altitud, con abundancia de árboles de muérdago, guayabos, encinillos y laureles donde consume frutos del “matapalo”, y con roble (Quercus humboldtii). es una especie rara aun dentro de su limitada distribución. Su rango altitudinal se limita al piso térmico frío entre 2600 y 3800 m. En el alto Quindío fue reportada entre 2900 y 3150 m y en el municipio de Génova entre 2900 y 3350 m. La especie es difícil de detectar debido a que vuela a ras de dosel y emite vocalizaciones poco ruidosas, y a la permanente presencia de niebla en su hábitat.

Esta especie frecuenta el dosel y borde de bosques maduros en busca de frutos. su principal fuente alimenticia es la semilla del muérdago de Antidaphne viscoidea (Eremolepidaceae), y posiblemente la presencia de los loros se relacione con la disponibilidad de esta planta. Otras fuentes alimenticias son los frutos de Freziera canescens, la pulpa fibrosa que es suave y de color blanco del fruto del cardo Tillandsia sp., el fruto de Podocarpus oleifolius y el fruto de la parásita Dendrophthora sp. También se ha reportado como una especie asociada a robledales (Quercus humboldtii). Algunos informes de habitantes locales señalaron el uso de otros recursos como el Guayabo (Myrcianthes sp.), el Encenillo (Weinmannia sp.) y el Campano (Vallea stipularis).

Cuando consumen los frutos del muerdago Pajarito, las cotorras se perchan sobre las ramas de la planta parásita y toman el fruto con el pico, desprendiendo la única semilla embebida en su interior, la cual está adherida al pulposo fruto por un halo de color blanquecino de consistencia pegajosa. Por lo general, un individuo puede consumir de 5–7 semillas de una misma planta durante un periodo de 7 minutos.

Para consumir la semilla del Cardo, la Cotorra Coroniazul se percha sobre una hoja de la bromelia y arranca del racimo pendular una semilla con el pico, luego la sujeta con su pata y la abre también con el pico, con el que saca luego, poco a poco, las fibras que conforman el interior de la semilla. Después de terminar casi por completo de desprender las fibras dentro de la semilla, prosigue con otra en dos o tres ocasiones.

Encontrado normalmente en grupos de 8 a 10 individuos que vuelan de un árbol frutal a otro formando bandadas compactas. Es difícil detectarla debido a sus hábitos silenciosos, aunque suele vocalizar cuando forrajea o vuela en grupo. todas las actividades ocurren al nivel del dosel, en el interior y en el borde de los bosques maduros con algo de intervención humana. Durante el día, las cotorras realizan desplazamientos cortos entre las zonas en que desarrollan sus actividades las cuales son, especialmente, la alimentación. Luego, al final de la tarde, se reúnen en grupos mayores para pernoctar.

La temporada reproductiva dura cuatro meses y ocurre en el primer semestre del año en los meses de febrero a junio. al inicio de la temporada se hizo notoria la formación de parejas, las cuales permanecen juntas hasta la salida de los polluelos de sus nidos; luego, estos grupos familiares se unen para volver a conformar los grandes grupos sociales.

Este loro se empareja con una pareja durante su temporada de reproducción y se reúne con un grupo más grande después de criar a sus crías. Al igual que otros loros y aves, desde el quetzal resplandeciente hasta la golondrina arbórea, el loro de alas añiles anida en cavidades secundarias y encuentra su hogar en una cavidad de árbol natural o en una excavada por otra especie.

El periodo reproductivo de la Cotorra Coroniazul estuvo comprendido entre febrero y tiene, en promedio, una duración total aproximada de 120 días. La época reproductiva se inició con la búsqueda activa de nidos potenciales por parte de las parejas en febrero, seguida por el cuidado y defensa del nido elegido y por las cópulas en marzo. El comportamiento de defensa del nido tuvo una duración de 6–7 días.

En cuanto a la reproducción, esta cotorra es una especie que prefiere sitios aislados para su reproducción. Utiliza para anidar huecos en troncos de árboles vivos o en descomposición a 8 a 10 metros de altura. Durante la inspección de los nidos, usualmente ambos individuos llegan a un nido específico, ya sea natural o artificial, y se perchaban en el árbol donde se ubicaba, muy cerca de la entrada o al frente. Luego, uno de los dos individuos entraba en el nido y después el otro lo seguía. Dentro del nido, los individuos permanecían entre tres y cuatro minutos, tiempo en que no vocalizaban. Al salir se asomaba primero un individuo, vocalizando y luego lo seguía el otro, y volaban juntos emitiendo a su vez, vocalizaciones. En algunas ocasiones la pareja se perchaba en la entrada del nido y se acicalaba mutuamente durante 2–4 minutos. El acicalamiento es mutuo y simultaneo de la nuca, cuello, pico y garganta de la pareja.

Cuando un nido era elegido para continuar con la reproducción, uno de los dos individuos se quedaba adentro y el otro se ausentaba por periodos de tiempo prolongados, alrededor de 3 horas. En adelante, realizaba visitas diarias de alimentación, por lo cual presumiblemente el individuo que se ausentaba era el macho.

Las cópulas se empezaron a evidenciar Generalmente, esta actividad fue observada llevándose a cabo en los árboles ubicados al frente o alrededor de los nidos elegidos

Antes de la copula, el macho comienza a realizar una serie de movimientos, saltando y revoloteando entre dos o tres ramas adyacentes al sitio en donde se encuentra la hembra; ella intenta seguir al macho caminando entre las ramas para alcanzarlo, pero el macho regresa al lado de la hembra y comienza a sacudir su cabeza bruscamente como si intentara golpear con su pico a la rama sobre la cual esta posado. Luego, el macho procede a acercar su pico al pico de la hembra y al parecer realiza una regurgitación.

El cuidado del nido se presenta una semana antes de que la hembra ponga su primer huevo. Antes de iniciar la postura, ni la hembra ni el macho duermen en el nido, pero se observaron las rutinas de visitas diarias de alimentación.

Durante este tiempo de cuidado del nido se pudieron apreciar los comportamientos de cópula y regurgitación. Durante el apareamiento, ocurren vocalizaciones muy cortas y suaves. En general, ambos individuos se ubican en la misma percha y la hembra se inclina y levanta la cola y así mismo, su cloaca. Luego, el macho acerca su cloaca a la de la hembra y los dos las frotan en un movimiento lateral. La cópula fue precedida por regurgitaciones del macho a la hembra; esta misma rutina se repetía hasta 10 veces, después de las cuales el macho se alejaba.

Ya en el interior del nido la hembra pone entre 3 y 4 huevos con intervalos de 2 a 3 días entre uno y otro. El huevo es de coloración blanca, con forma esférico-elíptica y unas dimensiones de 35.6 x 28.5 mm

Las posturas se iniciaron en su mayoría a finales de marzo y Después de la primera postura, la hembra empieza a dormir en el nido sin la compañía del macho, que se ausenta alrededor de las 6 de la tarde.

Probablemente, los machos pernoctan con los grupos en sus dormideros acostumbrados; esto se puede inferir porque, en varias oportunidades, la dirección del vuelo después de esta última visita coincidió con la que se seguía habitualmente en las rutinas diarias anteriores a la temporada de reproducción.

El periodo de incubación tuvo una duración de 25–27 días. La incubación es llevada a cabo por la hembra durante todo el periodo tanto en el día como en la noche.. Durante este tiempo, la hembra sólo se ausentaba del nido para ser alimentada por el macho, en visitas que tardaban entre 10–15 minutos, 4–5 veces al día. Mientras la hembra incuba el macho se encarga de alimentarla, La alimentación a la hembra ocurre por lo general en una percha frente al nido o en un área no muy alejada de éste.

La eclosión de los huevos ocurrió entre abril–mayo, en el mismo orden en que fueron puestos los huevos. Luego de la eclosión de los huevos, las visitas duran más dentro del nido y el macho se tarda poco alimentando a la hembra fuera de éste, donde lo realizaba habitualmente.

La rutina de visitas diarias fue la misma hasta que el polluelo mayor tuvo aproximadamente 2–3 semanas de edad, periodo en el cual la hembra salió a buscar alimento para los polluelos. A partir de este momento, ella ya no durmió en el nido, partiendo, junto con el macho, luego de la última visita.

En la tercera semana, los ojos de los pichones estaban completamente abiertos y los cañones de las plumas de la cabeza emergieron en la frente. Además, salieron las primeras plumas en el área de la mejilla, el área auricular y la parte superciliar de cada ojo

Los dos adultos participaron en la alimentación de los polluelos dentro del nido, Durante las visitas, generalmente los padres llegan siempre a una misma percha y emiten vocalizaciones constantes tanto fuera del nido como adentro, las cuales son respondidas por los polluelos emitiendo llamados notoriamente diferentes.

Las visitas tienen una leve variación entre 15 a 20 minutos y ocurren hasta 5 veces durante el día, entre las 7 de la mañana y las 6 de la tarde. Las visitas se hacen cada tres horas y su número varía en relación con la primera de ellas; cuanto más temprano empiezan (por ejemplo, a las 7:00 horas), más visitas

el crecimiento de las plumas primarias de las crías ocurrió tras la segunda semana de eclosión y mostró un alto desarrollo, al igual que el crecimiento del cuerpo. El polluelo, al salir de su nido, tenía en sus plumas primarias una diferencia con respecto a un adulto de tan solo 1 cm. Además, su longitud total fue en promedio de 21 cm, muy cercano al tamaño de un adulto (25 cm). Por otra parte, el peso del polluelo fue proporcional a su crecimiento y experimentó una disminución antes de que éste saliera del nido, presumiblemente por la energía invertida en la preparación de su primer vuelo. El pico presentó una variación importante en cuanto al grosor y largo, siendo más ancho que largo inicialmente, pero, después de la quinta semana, el grosor se estabilizó y la longitud empezó a ser mayor. A diferencia de lo que sucede con las medidas corporales, al abandonar el nido el pico de los polluelos exhibe una coloración más oscura y es más corto que el de los adultos, lo cual permite diferenciarlos en campo.

Los juveniles abandonaron el nido desde la cuarta semana de edad y de forma asincrónica. Primero, salen los dos juveniles más grandes y 24 horas después el último. Una semana antes de salir por completo del nido, los polluelos comienzan a subir a la entrada de éste y a observar el exterior. Este comportamiento es notable en tanto que comienza solo por tímidas apariciones en la entrada del nido, donde sólo se les puede divisar la cabeza rápidamente. Días después, los polluelos se muestran más y por más tiempo, hasta que llega el momento en que esperan la visita de sus padres perchados en la entrada del nido.

Durante este periodo, los padres ya no frecuentan el interior del nido para alimentarlos; en cambio, lo hacen en la entrada e incitan la salida de los juveniles con llamados desde perchas ubicadas frente al nido.

El primer vuelo de los juveniles se dio en las horas de la mañana, con la primera visita a árboles cercanos a la zona del nido en un radio de 20 m, sitio al que sus padres acudían para alimentarlos durante el día. Poco a poco y durante los 4–7 días siguientes, dependiendo de lo alejados que estaban de las zonas principales de forrajeo, los padres fueron guiando a los juveniles hasta los grandes grupos sociales.

los polluelos, que se independizan a los 53 días de nacidos. Alcanzan la madurez sexual a los 2 años de edad y su expectativa de vida es de entre 5 y 8 años en la naturaleza, pero la mayoría apenas si alcanza los 5.

Los pichones de H. fuertesi pasan más tiempo en el nido y crecen con más lentitud que otros psitácidos neotropicales de la misma talla, posiblemente debido a que, en ambientes fríos, por en-cima de 3000 m, las fuentes de alimento pueden ser limitadas o inestables.

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