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El jaguar

(Panthera onca goldmani)

Los jaguares que habitan en la selva Lacandona pertenecen a la subespecie goldmani, conocidos también como jaguares del norte de Guatemala y que se caracterizan además de su ADN porque tienen pelo corto y denso que puede ser de color amarillo o anaranjado bañado con manchas y rosetas negras por todo su cuerpo. A diferencia de otras subespecies de jaguares, el felino de Guatemala o de la selva Lacandona tiene un tono más oscuro que el resto. La naturaleza evasiva del jaguar y lo inaccesible de gran parte de su hábitat habitual hacen que sea un animal difícil de observar, y todavía más de estudiar.

La subespecie Panthera onca goldmani, es la subespecie de Jaguar más grande del mundo y el felino nativo más voluminoso de América. Alcanza una longitud de 150 – 240 cm, una altura de 60 a 80 centímetros y un peso entre 65 y 120 kilos.

Su área de distribución comprende el sur de México y el norte de Guatemala por ello lo podemos encontrar en la maravillosa Selva Lacandona. Cabe destacar que el jaguar, es un mamífero que habita en gran parte de la Selva Maya de México, que abarca también países como Guatemala y Belice, por lo que es de gran importancia para el equilibrio natural en este gran ecosistema.

Es bien sabido que México cuenta con una diversidad biológica muy particular y única a nivel mundial como resultado de la historia geológica e histórica que ha moldeado a nuestro país en una auténtica cuna de paisajes, flora y fauna, y de culturas humanas que desde siempre han considerado esta diversidad en su cosmovisión, respetándola y utilizándola de manera sustentable. Por desgr acia, también es conocido que tal riqueza biológico y cultural ha sufrido impacto os negativos por las recientes actividades humanas que han dañado estas joyas naturales mexicanas.

aunque en 1974 quedaban cerca de sólo menos de un millar de ejemplares. La caza comercial y la explotación de pieles de jaguares en la actualidad están prohibidas. Pero hasta 1986 se permitía la caza deportiva de 45 ejemplares al año (el 10% de una población estimada en 450 ejemplares). Fue prohibida en todos los estados en 1986, a excepción de Campeche que prohibió la caza deportiva en 1987,​ Gracias a eso se recuperó su población.

En la Selva Lacandona se encuentra la segunda población más grande de jaguares de México. La mayor parte de esta población se encuentra dentro de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) de la Selva Lacandona que es el mayor remanente continuo de bosque lluvioso tropical en México y es el ecosistema más rico de todo el país

Actualmente en la Selva Lacandona existe una población aproximada de 800 jaguares que se encuentran dentro de la Reserva de la Biosfera Montes Azules; este número alentador es resultado del cuidado y protección que brindan algunos habitantes lacandones, sin embargo, cuando un ejemplar sale del área de la reserva natural, algunas veces es cazado.

Además, el Área Natural Protegida de la Selva Lacandona es la segunda en donde puede encontrarse la mayor población de estos animales, tan solo después de Calakmul, un yacimiento arqueológico situado en el sureste del estado de Campeche.

Siguiendo con otro rasgo distintivo, este jaguar tiene una cabeza grande y fuerte, con una mandíbula poderosa y dientes afilados. De hecho, tiene una mandíbula tan potente que puede romper el cuello de su presa con un simple movimiento. Igualmente, posee una dentición única que les permite aplastar el cráneo de sus presas con un solo mordisco. Siguiendo con sus ojos amarillos o naranjas y su poderosa visión binocular y una notable visión en la oscuridad, gracias a una membrana reflectante (tapetum lucidum) que concentra la luz en el campo focal de la retina, el jaguar del Norte de Guatemala o de la selva lacandona detecta el movimiento de sus presas con facilidad. De manera similar, el olfato y el oído es tan desarrollado que pueden detectar el olor y oír a sus presas a grandes distancias. En consecuencia, los sentidos de este felino le dan una ventaja mayúscula en el hábitat del jaguar para cazar y adelantarse a los movimientos de sus objetivos.

De manera similar, de entre sus características principales destacan las patas largas y musculosas que les permiten saltar grandes distancias de hasta 4,5 metros de altura y 8 metros de largo. Ciertamente, debido a su corpulento y fuerte cuerpo impulsado por sus extremidades inferiores, la subespecie Panthera onca goldmani puede alcanzar velocidades de hasta 80 km/h en cortas distancias. Además, sus patas traseras son más potentes que las delanteras, lo que les permite aterrizar con fuerza y sin hacerse daño tras caer al suelo desde una gran altura.

Tiene el cuerpo robusto y musculoso con la cabeza desproporcionadamente grande y con mandíbulas prominentes, las orejas son relativamente pequeñas y redondeadas y sus ojos de un hermoso color amarillo verdoso. Tiene un hermoso pelaje corto, tupido y suave al tacto de color amarillo manchado con rosetas oscuras que envuelven manchas pequeñas en el centro en el dorso y costados, mientras tanto es de color blanco en el vientre y la parte interna de las patas, sus orejas son pequeñas y redondeadas y la garganta es generalmente blancuzca.

Este hermoso felino manchado de costumbres crepusculares y nocturnas, se parece mucho al leopardo, pero además de su diferente área de distribución y tener la cola mucho más corta, existen numerosas características que los diferencian, el jaguar es más pesado que el leopardo, tiene la cabeza mucho más voluminosa y además las rosetas del jaguar son de mayor tamaño y suelen mostrarse como un grupo de manchas oscuras formando la roseta y con el centro claro.

La selva es el ambiente principal y natural del jaguar, pero no depende exclusivamente de él, aventurándose también por los paisajes descubiertos, en el bosque caducifolio, en los matorrales secos y espinosos, en las zonas ribereñas y en los pantanos. Lleva una vida crepuscular y nocturna residiendo de preferencia en las zonas densas en las proximidades de los grandes ríos. Aunque pasa mucho tiempo en los árboles, es un mediocre trepador debido a su pesada estructura, pero en compensación es un óptimo corredor y un excelente nadador que no duda en atravesar los grandes y anchos ríos de las selvas. Se siente a sus anchas en la selva húmeda, Le gusta mucho el agua recurriendo a ella para escapar de los mosquitos y del calor abrazador, permaneciendo largo tiempo en el líquido elemento manteniendo únicamente la cabeza sobre la superficie.

Es el mayor gato manchado del continente americano y goza de un notable renombre entre los pobladores de las selvas donde habita, considerándolo un símbolo de astucia, de fuerza y de agilidad.

La estructura corta y robusta de sus miembros hace que el jaguar sea muy hábil a la hora de escalar, arrastrarse y nadar. La cabeza es robusta y la mandíbula extremamente potente; se ha sugerido que el jaguar tiene el mordisco más potente de todos los félidos y la segunda más potente de todos los mamíferos; esta potencia es una adaptación que permite al jaguar perforar caparazones de tortuga, Un jaguar puede arrastrar 8 metros un toro de 360 kilogramos entre sus mandíbulas y pulverizar los huesos más duros, o arrastrar a una tortuga de mar de 34 kg a lo largo de más de 90 m en la profundidad de un bosque. El jaguar caza animales salvajes que pesan hasta 300 kg en el interior de una selva densa y su físico corto y robusto es una adaptación a sus presas y ambiente.

El jaguar es un cazador por naturaleza; espera sigiloso a que aparezca su presa para caerle encima y asestarle una mordida en la cabeza. Su mordida es considerada una de las más fuertes entre los grandes felinos. En relación con su tamaño, el jaguar es el felino con la mordida más poderosa.

Es fundamentalmente solitario y un cazador que tiende emboscadas y oportunista a la hora de elegir las presas. También es un superpredador y una especie clave que desempeña un importante papel en la estabilización de los ecosistemas en los que habita, regulando las poblaciones de las especies que depreda.

Cada individuo tiene un territorio establecido el cual delimita con sus rugidos y expulsa de él a cualquier otro jaguar macho ya que es frecuente que los territorios de las hembras se sobrepongan con el de los machos.

A menudo se describe al jaguar como un animal nocturno, pero más específicamente es crepuscular (su mayor actividad se desarrolla al amanecer y a la puesta del sol). Ambos sexos cazan, pero los machos se desplazan más que las hembras, en consonancia con su territorio más amplio.

El día lo pasa durmiendo bien oculto entre los matorrales, entre las rocas , en el hueco de algún árbol o en medio de la densa maleza y entonces es sumamente difícil encontrarle, pero al atardecer antes de iniciar su recorrido de caza, el jaguar inunda la selva con su potente rugido y los pájaros y monos enmudecen, los tapires y capibaras se inmovilizan y los caimanes se dejan caer sigilosamente al agua, permaneciendo la selva en tensión porque el gran jaguar está cerca y presto a entrar en acción. Son caminadores incansables que recorren sus amplios territorios en busca de su alimento.

El jaguar puede cazar de día si hay presas disponibles, y es un felino relativamente enérgico, puesto que pasa hasta un 50–60% de su tiempo activo.

Aunque el jaguar utiliza la técnica de asestar un mordisco profundo en el cuello para provocar la asfixia en sus presas, típica del género panthera, prefiere un método de matar único entre los félidos: perfora directamente los huesos temporales del cráneo entre las orejas de las presas (especialmente el capibara) con sus colmillos, perforando el cerebro. Esta técnica podría ser el resultado de una adaptación para abrir los caparazones de las tortugas.

Las presas más comunes de este felino manchado son las capibaras, agutíes, jóvenes tapires, ciervos, pecarís, pacas, lagartos, boas grandes y pequeñas culebras, caimanes, monos de diversas especies, perezosos, tortugas y muchos peces entre otros comiendo cada vez que puede algunos frutos.

Colocándose a favor del viento, con una cautela sin límites y un sigilo absoluto, el astuto jaguar se aproxima a su presa, no la deja de mirar con sus penetrantes ojos de cazador y una vez llegado a la distancia óptima para la captura, se lanza con las garras por delante y si la víctima no es demasiado fuerte, en poco tiempo acaba con ella.

Si el ataque falla el jaguar el jaguar normalmente abandona a la presa.

Otras veces el jaguar espera trepado y agazapado sobre la rama de algún árbol en espera a que pase alguna victima bajo este, para saltarle entonces sobre el lomo y morderle el cuello para romperle las vértebras cervicales.

Otra técnica de caza habitual de este animal es el aguardo, donde tras retirarse el agua de las inundaciones quedan en la selva numerosas charcas a las que muchos animales se acercan para beber, entonces el jaguar permanece escondido e inmóvil y cuando algún incauto se acerca a beber, en solo décimas de segundo es atrapado. Después de matar la presa el jaguar lame la sangre y come de una sola sentada hasta 8 kilos de carne. Si la presa es muy grande, el jaguar come hasta que se siente satisfecho y luego se echa a descansar cerca de los restos, para incorporarse cada vez que siente hambre y terminar con el festín.

En general, los jaguares del Norte de Guatemala o de la selva lacandona consumen entre 5 y 15 kg de carne por semana. No obstante, la cantidad exacta puede variar según el tamaño del animal y la disponibilidad de presas. Es más, los jaguares cazan y matan a sus presas una vez cada tres o cuatro días si se sienten saciados y hay suficiente alimento disponible.

A los pecaríes el jaguar suele cazar esperado en lo alto de un árbol a que alguno de ellos se separe de la manada ya que estos animales reaccionan violentamente cuando alguno de ellos es atacado, por eso cuando alguno se separa el jaguar lo ataca saltando sobre él y matándolo rápidamente trepa de inmediato al árbol llevando a su víctima, pues de lo contrario puede sucumbir destazado a colmilladas por el resto de la manada.

A los caimanes los mata hundiéndoles la cabeza en los charcos durante gran tiempo hasta que mueren de asfixia y para pescar con los pies en el agua, el jaguar golpea suave e intermitentemente la superficie con su cola, como si hubiera caído algún fruto o insecto al agua, así cuando el pez sube a investigar obedeciendo al estímulo que mueve a los peces a cercarse a cualquier producto de pequeño tamaño que cae al agua para ver si es algo comestible, el jaguar de un rápido zarpazo atonta a la víctima y la saca del agua.

Otras veces meten una pata al agua y la otra la encogen y cuando el pez acude alrededor de la pata sumergida el jaguar lanza como un rayo su pata encogida y atrapa al pez.

Una de las presas favoritas del jaguar son las tortugas de rio y sus huevos por ello cuando las tortugas dejan el rio para ir a desovar, el jaguar las espera y de un violento zarpazo las voltea de espaldas, quedando de esta forma la tortuga indefensa y el felino tras abrir un pequeño hueco entre el peto y el espaldar, mete una garra por ahí y utilizándola a modo de cuchara devora al quelonio sin necesidad de romperle el caparazón.

Como los demás miembros del genero panthera especialmente adaptada laringe y su unión al hueso hioides, El macho ruge más fuerte, y lo hace habitualmente para advertir o disuadir a posibles competidores por el territorio y las hembras; en estado salvaje se han observado intensas competencias de rugidos entre individuos. Su rugido a menudo se asemeja a una tos repetitiva y también pueden vocalizar maullidos y gruñidos.

Se producen combates entre machos por las hembras, pero son raros, y en estado salvaje se ha observado una tendencia a evitar los enfrentamientos; cuando éstos ocurren suelen ser conflictos territoriales: el territorio de un macho puede abarcar el de dos o tres hembras, y no tolerará intrusiones de otros machos adultos.

El jaguar es un felino que no tiene una época de celo definida y común para todas las zonas donde habita, Las hembras alcanzan la madurez sexual aproximadamente entre los 12 y 24 meses de edad y los machos entre los 24 y 36 meses. Se cree que en estado salvaje el jaguar se aparea durante todo el año, aunque el número de nacimientos se incrementa durante la estación lluviosa, cuando las presas son más abundantes.

El celo de la hembra dura 6-17 días de un ciclo completo de 37 días; las hembras indican que son fértiles con marcas odoríferas urinarias y una mayor vocalización. Durante el cortejo ambos sexos cubren un territorio más amplio del habitual.

Mientras dura el celo, los jaguares pierden un tanto sus hábitos solitarios, rugen a menudo, se oyen sus maullidos durante la noche y las peleas fronterizas se suceden con frecuencia.

Macho y hembra solo se reúnen unos 4 a 5 días para copular y después vuelven a separarse, sin embargo, durante el breve periodo que duran juntos suelen darse innumerables muestras de cariño a base de lengüetazos y arrumacos, así entre una sesión y otra de cariños tienen lugar las copulas que son breves y cortas como en los gatos domésticos.

La pareja se separa después del coito encargándose solo la hembra de todo lo relacionado con el nacimiento y crianza de los cachorros, pues la madre no tolera la presencia del macho por el riesgo de canibalismo infantil.

El periodo de gestación es de cerca de 100 días, transcurridos los cuales la hembra trae al mundo en un rincón oscuro y seco de una cueva o madriguera o en un tronco hueco, de uno a cuatro cachorritos aunque lo más habitual es que sean solo dos y cuando son más, la hembra rara vez llega sacar a más de dos con vida.

Los pequeños nacen ciegos, pesando menos de 6 kilos, con el pelo de tono oscuro y abren los ojos hasta los 15 días de edad. Pasan más de 2 meses en el cubil donde nacieron antes de salir con su madre a participar en el conocimiento de la selva, pero son destetados hasta que cumplen los 3 meses de edad.

El conocimiento de las crías lleva consigo un largo y dificultoso aprendizaje ya que tienen que conocer todos los secretos de las presas a que darán caza y todos los misterios tanto de la tierra como del agua, deberán aprender a trepar y a temer a los pecaríes y a desconfiar de las ramas delgadas donde se sujetan los perezosos.

La madre emplea muchos meses en enseñarles todo eso y durante más de un año no se separa de los cachorros aun cuando algunos ya han alcanzado los 75 kilos de peso y pueden cazar ya por su cuenta y riesgo.

A los 2 años los pequeños jaguares aun no totalmente desarrollados, llegan a la madurez sexual y abandonan entonces a su progenitora, teniendo una expectativa de vida de 12 a 15 años.

De la laboriosa crianza de los pequeños se deduce que las hembras alumbran a los mas una vez cada dos años.

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