Mi yo soberano:

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Desde sus inicios, la humanidad sola ha tenido 3 etapas básicas de la vida económica;

- sociedades cazadoras-recolectoras.

- sociedades agrícolas.

- sociedades industriales.

Cada una de las etapas anteriores se ha correspondido con fases diferentes en la evolución y el control de la violencia.

Las nuevas sociedades de la información prometen reducir el regreso de la violencia, en parte porque trascienden lo local.

Los gobiernos no tendrán más remedio que tratar a sus ciudadanos más como clientes, y menos en la forma en que los delincuentes organizados tratan a las víctimas de su estafa.

El desafío de establecer condiciones competitivas para atraer a personas capaces y a su capital será más fácil de afrontar en enclaves que entre continentes.

El individuo soberano deja de ser un activo del Estado (una partida asegurada en el balance del tesoro público).

Los ciudadanos desnacionalizados ya no serán ciudadanos sino clientes que negociarán por cualquiero gobierno mínimo.

La clave para entender cómo evolucionan las sociedades es comprender los factores que determinan los costes y beneficios del uso de la violencia.

La forma en la que se organiza y controla el uso de la violencia juega un papel clave en la determinación de “qué usos se hacen de los recursos escasos”.

Todo sistema social, sin importar lo fuerte o débilmente que se aferre al poder, finge que sus reglas nunca serán reemplazadas.

Cuanto más evidente es que un sistema está llegando a su fin, más reacias son las personas a acatar sus leyes.

Los cambios en la organización social de un Estado no serán nunca bienvenidos ni anunciados por los pensadores convencionales.

No podemos depender de fuentes de información tradicionales para que nos adviertan, de manera objetiva y oportuna, de cómo esta cambiando el mundo. Si se quiere comprender la transición en curso, no hay otra opción que hacerlo por cuenta propia.

Las personas, en todos los momentos y lugares, tienden a responder a los incentivos.

Los costes y las recompensas importan.

Los 4 factores que han desempeñado un papel clave en determinar la escala a la que se podía ejercer el poder en el pasado son:

- La topografía

- El clima

- Los microbios

- La tecnología

Las culturas no son cuestiones de gusto sino sistemas de adaptación a circunstancias específicas que son demasiado complejas para ser moldeadas por el instinto.

El comportamiento humano está culturalmente programado.

La indignación moral contra los líderes corruptos no es un fenómeno histórico aislado sino un precursor común del cambio.

A la mayoría de nuestros contemporáneos todavía no se les ha ocurrido que es posible una vida sin política.

El Estado-nación es una institución profundamente endeudada que ya no puede pagar su viabilidad.

Lo productivo soporta una carga creciente de redistribución del ingreso.

Facilitar la productividad está lejos de las mentes de los reguladores.

El poder de regular arbitrariamente es también el poder de vender exenciones a las regulaciones aplicadas.

El Estado-nación es el instrumento más exitoso de la historia para apoderarse de los recursos. Su éxito se basa en su capacidad superior para extraer riqueza de sus ciudadanos.

Vale la pena recordar lo siguiente al planificar el futuro: El ocaso de los sistemas estatales en el pasado rara vez ha sido un proceso cortés y ordenado.

La tecnología está precipitando un profundo cambio en la lógica de la extorsión y la protección.

La tecnología de la información permite crear activos que están fuera del alcance de muchas formas de coacción.

La asimetría entre protección y extorsión se basa en una verdad fundamental de las matemáticas.

Cuando la lógica de la violencia cambia, la sociedad cambia.

Lo importante no es la interpretación popular sino la realidad subyacente.

Ser libre no es solo hacer lo que uno quiere, sino también aceptar las consecuencias de ello.

Nunca dejes entrar al viejo o al perezoso.

El reparto del botín siempre será primitivo.

Cuando la lógica de la violencia cambia, la sociedad cambia.

La tecnología está sentando las bases para un cambio fundamental en los factores que determinan los costes y recompensas de recurrir a la violencia.