(Continúa)
La perfección para nosotros consistirá en conseguir aceptar nuestras partes más enfermas y hacerlas convivir junto a las más sanas. Nosotros somos las heridas que se nos han infringido, los abusos sufridos, la desviaciones vividas, con todo lo demás de espléndido que llevamos dentro. ¿Por qué que mutilarnos, por qué rechazar algunos de nuestros aspectos?
Significaría renegar de nosotros mismos. Es normal que alcancemos la santidad no cuando todo este mundo sombrío que llevamos dentro desaparezca, sino cuando en todo esto experimentamos la presencia de Dios, que viene a visitarnos y a manifestarnos su amor.
El Dios de la Revelación entra dentro de la historia heridas y fracasadas, para llevar adelante «su» historia de salvación. Una historia de salvación que utiliza material que, para las personas será siempre de deshecho, mientras a sus ojos es precioso e indispensable, aunque pueda estar enfermo (cf. Cor 1, 28).