Estado mínimo para un mundo más autorresponsable:
Discussion
Si aceptamos la premisa de que las personas son o deberían ser activos del estado, el muro de Honecker tiene sentido.
Un sistema socialista se basa en la doctrina de que el Estado es dueño de todo. En cambio el estado de bienestar democrático, en lugar de reclamar todo desde el principio, permite a las personas poseer propiedades y acumular riqueza para luego poder gravar una cantidad ingente de ella. Los impuestos sobre la propiedad, los impuestos sobre la renta y los impuestos sobre el patrimonio han proporcionado cantidades prodigiosas de recursos al estado de bienestar en comparación con los sistemas socialistas.
Las democracias modernas tienen pocas similitudes con aquellas industrias competitivas donde los términos y condiciones del intercambio contractual son claramente conocidos por los clientes.
“Las elecciones son una subasta adelantada de bienes robados” H. L. Mencken.
El trato al que llegaron los gobiernos creados desde la Revolución Francesa en adelante fue proporcionar un grado sin precedentes de intervención en la vida de la gente común, a cambio de su participación en guerras en lugar de mercenarios, y pagando una carga creciente de impuestos.
La principal función economica del gobierno, desde la perspectiva de los que pagan impuestos es proporcionar protección a la vida y a la propiedad.
Las viejas leyes rara vez pueden combatir las nuevas tecnologías.
Cualquier gobierno que insista en sobrecargar a sus ciudadanos con pesados impuestos que los competidores no cobran, simplemente asegurará que los beneficios de la riqueza graviten hacia otro lugar y convertirán la residencia en cualquier lugar de su territorio en un riesgo de quiebra.
La ideología de la política actual es que la vida puede y debe regularse de forma positiva subsidiando los resultados indeseables y penalizando los deseables (subvención a la disfunción).
La visión de la política actual es que para que los resultados sean “justos” tienen que ser iguales.
Para quienes nacieron en el siglo XX, las naciones pueden parecer una forma de organización tan inevitable que resulta difícil concebirlas como construcciones imaginadas, y no como entidades naturales.
No existen criterios objetivos para definir con precisión qué grupo debe constituir una nación y cuál no, ya que las naciones son, en realidad, artefactos de los esfuerzos pasados y actuales para proyectar el poder.
Todo el mundo busca un pedazo de tierra pero nuestra casa es un pedazo de tiempo.
Resulta especialmente extraño que alguna vez haya parecido justo que diferentes personas paguen cantidades salvajemente diferentes por los mismos servicios del gobierno.
Como mínimo es raro que los gobiernos fijen el precio de sus servicios en función del éxito del contribuyente y no en relación con los costes o el valor de los servicios prestados.
Mientras mayor sea la actividad económica que se traslade al ciberespecio, menor será el poder del monopolio estatal dentro de sus fronteras.
La opinión de que el Estado mejora el funcionamiento de la economía mediante la reasignación masiva de recursos es un anacronismo, un acto de fe más.
Si a los políticos les resulta imposible obtener recursos para redistribuirlos, puede que el público responda de forma racional y se olvide de la política, del mismo modo que las personas inteligentes dejaron de organizar marchas de penitentes cuando la Edad Media llegó a su fin.
Los políticos tienden a tomar de forma desproporcionada la riqueza y los recursos de las personas más hábiles para asignarlos a las menos hábiles.