3 de enero de 2009: cuando empezó el tiempo nuevo. El bloque que no pidió permiso y cambió la historia sin anunciarlo.

Hay fechas que solo transcurren y fechas que abren una grieta casi invisible. El 3 de enero de 2009 pertenece a las segundas. No hubo cámaras, ni discursos, ni un gran anuncio. Mientras el mundo trataba de recomponer los restos de una crisis financiera que había erosionado cualquier confianza en el dinero, un bloque minado en silencio iniciaba una historia distinta. No se presentó como revolución: simplemente existió. Y esa existencia basta para entender que a partir de entonces habría otra manera de relacionarse con el valor, el tiempo y el poder.
Aquel bloque no resolvía nada de inmediato. No ofrecía seguridad, ni promesas de éxito. Solo abría un camino que antes no estaba disponible.
Y, curiosamente, lo hizo en uno de los momentos en los que el sistema clásico parecía más omnipresente. Justo en la época en la que la mayoría asumía que no había alternativa posible y que el rescate permanente era una forma natural de existencia económica. Ese bloque fue una negación silenciosa a todo eso, casi una declaración sin palabras: aquí empieza algo que ya no vais a poder controlar.
La atmósfera previa: un mundo que no sabía salir de sí mismo
Para entender por qué este día merece ser recordado, no basta mencionar la crisis de 2008 como un error más del sistema financiero. Lo que falló fue algo más profundo: la convicción colectiva de que el dinero estaba en manos de instituciones capaces de protegerlo. La gente miró hacia arriba esperando responsabilidad, y encontró rescates selectivos, privilegios salvados y una factura repartida entre quienes jamás habían participado de los beneficios. La crisis fue menos económica que moral. Expuso el funcionamiento real de un sistema donde el ciudadano no elige, solo obedece.
El mensaje implícito era claro: el dinero no te pertenece. Pertenece a quienes deciden sus reglas. Tú solo juegas dentro del tablero. Pero aquel enero apareció una pieza nueva, pequeña y casi accidental: un software que demostraba lo contrario sin necesidad de discursos políticos ni promesas utópicas. Donde el viejo sistema centralizaba, Bitcoin proponía una estructura distribuida. Donde el viejo sistema exigía confianza, Bitcoin ofrecía verificación. Y donde todo se había sostenido sobre deuda, Bitcoin proponía límites.
Lo que ocurrió realmente
Se repite mil veces la frase incrustada del periódico británico, pero pocas veces se la lee con la profundidad que merece. No era una nota histórica para decorar el bloque. Era una forma de situarlo en su contexto: aquel mundo merecía esta respuesta. Y la respuesta no fue protesta ni manifiesto. Fue código. El gesto técnico era, en realidad, un gesto existencial. En vez de demandar cambios a quienes habían demostrado no ser capaces de ofrecerlos, se construyó un sistema donde esos mismos actores fueran irrelevantes.
Emitir valor sin pedir permiso no era una teoría. Se convirtió en un hecho verificable. Y ese hecho inauguró un tipo de libertad económica que hasta entonces era imposible sin pasar por los guardianes del dinero oficial. No hacía falta creer en un ideal. Bastaba con participar en el mecanismo.
El nacimiento de otro tiempo
La dimensión más profunda de aquel bloque no fue técnica, sino temporal. Hasta entonces el tiempo económico dependía de los ritmos políticos, de las decisiones de bancos centrales y de la arbitrariedad de cada rescate. El bloque génesis inaugura un reloj que no pertenece a nadie. Cada diez minutos, como el latido de algo vivo, la red confirma que sigue funcionando sin pedir autorización a ningún poder. Y esa regularidad es una forma de soberanía: un tiempo que no puede ser manipulado desde arriba.
Hay quien llega a Bitcoin pensando que se trata de dinero. Luego descubre que es tiempo lo que está adquiriendo: tiempo propio, tiempo no confiscable, tiempo que no depende de la inflación que otros deciden. Entran buscando un refugio económico y terminan encontrando un refugio existencial. Porque aquí la medida no es cuánto ganas, sino cuánto conservas sin pedir permiso.
Cuando el monopolio se resquebrajó
Durante décadas participar en el sistema financiero fue un privilegio filtrado por bancos, Estados y organismos que otorgaban accesos y cerraban puertas. Con Bitcoin, validar, custodiar y transaccionar dejó de ser una concesión. Se convirtió en derecho ejecutable. Y esa posibilidad redefine la relación que cada persona tiene con el dinero. Por primera vez no hace falta explicar por qué guardas tu valor de una cierta manera. Simplemente puedes hacerlo.
De repente, el monopolio ya no es absoluto. Y, una vez fracturado, nunca vuelve a ser lo que era. El bloque génesis fue apenas un inicio simbólico, pero también fue la prueba de que la exclusividad podía romperse sin necesidad de un conflicto visible.
Del bloque a la vida
Lo que empezó aquel día parece lejano, pero sostiene decisiones cotidianas. Elegir ahorrar sin depender de bancos. Poder moverte con tu valor sin vigilancia constante. Organizar tu vida financiera sin rendir cuentas a una autoridad que nunca fue realmente neutral. A veces incluso sin necesidad de explicarlo a nadie.
Hay una calma que llega con el tiempo. Una transición lenta donde dejas de justificar por qué estás aquí. Las preguntas ajenas pierden urgencia. Y lo que antes necesitaba un argumento, termina siendo un gesto cotidiano. Eso también empezó aquel 3 de enero.
La ironía del día invisible
Mientras se minaba el bloque, el mundo seguía su rutina. Quizás nadie, ni siquiera quien lo creó, podía medir sus consecuencias. Las cosas decisivas suelen surgir en silencio, sin llamar la atención. El futuro no se anuncia: se construye. Y se va desplegando cuando ya es imposible detenerlo.
Qué celebramos realmente
Hay quien piensa que el 3 de enero es el cumpleaños de Bitcoin. Pero esa lectura se queda corta. Lo que celebramos es la existencia de una salida. La posibilidad de vivir en un sistema donde la autoridad no es un requisito y donde el acceso no depende de la aprobación de nadie. Ese bloque es el punto inicial de un camino que no pertenece al sistema fiat, aunque conviva con él.
Bitcoin empezó sin pedir permiso. Y desde entonces nunca ha necesitado hacerlo. Nada lo detuvo aquel día y nada lo detiene hoy. Nothing stops this train.
2025, el año en que dejé de correr.
No fue un año de entender más, sino de pelear menos

No fue un año de grandes gestos.
No fue el año en que todo encajó, ni el año en que desaparecieron las dudas. Tampoco fue el año de las respuestas definitivas. Y, sin embargo, algo cambió. No de forma visible. No de forma espectacular. Cambió por dentro.
Durante mucho tiempo pensé que estaba intentando ganar más, optimizar mejor, llegar antes, tomar mejores decisiones. En realidad, estaba intentando algo más difícil de nombrar: que mi tiempo dejara de evaporarse.
2025 no fue el año en que entendí más cosas. Fue el año en que dejé de pelear con lo que ya había entendido.
Al principio, todo parece urgente. Cada decisión pesa. Cada error se amplifica. Sientes que si no actúas ahora, si no explicas bien, si no convences, si no acumulas lo suficiente, te quedarás atrás. No solo frente al sistema, también frente a otros, incluso frente a ti mismo. Esa urgencia no siempre nace del miedo al futuro. A veces nace del miedo a no haber llegado aún al lugar correcto.
Después llega la fricción. Discutes más de lo que te gustaría. Te justificas más de lo que reconoces. Comparas trayectorias, estrategias, ritmos. No solo con quienes no entienden Bitcoin, también con quienes supuestamente sí. El desgaste no viene tanto de dudar, como de intentar sostener demasiadas certezas a la vez.
Y un día, sin aviso, algo se asienta.
No porque ya no haya preguntas, sino porque dejan de empujarte. No porque todo esté claro, sino porque lo esencial ya no se mueve. Descubres que no necesitas explicarte tanto. Que no hace falta ganar cada conversación. Que algunas decisiones no requieren aplauso ni validación externa para ser correctas.
Ahí es donde el tiempo empieza a cambiar de textura.
Deja de ser una carrera y se convierte en un espacio. Deja de sentirse como algo que se escapa y empieza a sentirse como algo que habitas. No es que tengas más tiempo. Es que dejas de vivirlo como una pérdida constante.
Bitcoin no te da calma por prometerte un futuro mejor. Te la da cuando deja de exigirte que corras hacia él. Cuando entiendes que no todo avance es visible, que no toda convicción necesita ser explicada, que no todo crecimiento tiene que notarse desde fuera.
Este año no me dio certezas absolutas. Me dio algo más raro y más valioso: coherencia. La tranquilidad de no estar traicionándome en cada decisión pequeña. La sensación de que, incluso en medio de la duda, hay un suelo firme bajo los pies.
Por eso ya no discuto como antes. No porque crea que todos tengan razón, sino porque ya no necesito imponer la mía. No porque me haya rendido, sino porque entendí que hay batallas que solo existen mientras les das energía.
Cerrar el año así no se siente como una victoria. Se siente como un asentamiento. Como cuando algo pesado, después de moverse durante mucho tiempo, encuentra su lugar y deja de hacer ruido.
No voy a prometer nada para el año que viene. No voy a desear prosperidad ni éxito ni grandes metas. Solo dejar constancia de algo que, quizá, también le esté ocurriendo a otros aunque todavía no sepan ponerle nombre:
No todo cambio acelera. Algunos, los importantes, te permiten por fin dejar de correr.
Bitcoin y el tiempo: el único dinero que no te roba la vida.
Por qué el verdadero valor que protegemos no es el precio, sino el tiempo vital

Hay una sensación difícil de nombrar que aparece después de años de trabajo, ahorro y esfuerzo constante. No es pobreza, ni siquiera necesariamente precariedad. Es algo más silencioso. La impresión de que, pese a haber hecho “lo correcto”, algo se ha ido perdiendo por el camino. No dinero. Tiempo.
No el tiempo de reloj, sino el tiempo de vida. Años intercambiados por promesas de estabilidad futura que siempre parecen desplazarse un poco más adelante.
Durante mucho tiempo, esa sensación se ha normalizado. Se ha asumido como parte del juego. Trabajar ahora, sacrificar hoy, para quizá vivir mañana. El problema es que el sistema monetario sobre el que se apoya esa promesa no está diseñado para respetar ese intercambio.
La confusión habitual sobre la escasez:
En los últimos años se ha popularizado una frase que suena profunda y tranquilizadora: “el tiempo es el recurso más escaso”. Es cierta. Pero también es incompleta. Y mal entendida, lleva a confusión.
El tiempo humano es finito, irrepetible y no transferible. Nadie puede vivir por ti. Nadie puede prestarte años. Cada segundo que pasa se pierde para siempre. Esa es una escasez existencial, absoluta.
Bitcoin, en cambio, no pertenece a ese plano. Su escasez es de otro tipo. Económica. Medible. Compartida. Verificable. Comparar directamente ambos conceptos es mezclar dimensiones distintas. No todo lo escaso sirve como dinero. El oxígeno es vital y escaso, pero no es una reserva de valor.
El problema histórico no ha sido que el tiempo sea limitado. El problema ha sido no disponer de una herramienta que permita conservar el valor del tiempo invertido.
Dos tipos de escasez que conviene no confundir:
La escasez existencial define los límites de la vida humana. No se acumula, no se almacena, no se intercambia. Simplemente se consume.
La escasez monetaria, en cambio, es la que permite que el esfuerzo presente se proyecte hacia el futuro sin degradarse. Es la base de cualquier sistema de ahorro sano.
Durante siglos, las sociedades han buscado un dinero que cumpla esa función. No para enriquecerse, sino para proteger el trabajo realizado. Para que el tiempo entregado hoy no sea traicionado mañana.
El fallo moral del dinero fiat:
El dinero fiat rompe ese vínculo de forma estructural. No por accidente. Por diseño.
Permite trabajar hoy sin garantizar que ese trabajo conserve valor en el tiempo. Introduce una erosión constante, silenciosa, casi invisible.
Inflación, expansión monetaria, pérdida de poder adquisitivo. Conceptos técnicos que esconden una realidad simple: parte de tu vida futura se diluye.
No es neutral. Es una redistribución forzada de tiempo. Del ahorrador al deudor. Del prudente al imprudente. Del ciudadano al sistema.
Ahorrar en fiat no es solo una mala estrategia financiera. Es aceptar que el valor de tu tiempo será decidido por terceros.
Bitcoin como cristalización del tiempo:
Bitcoin no es más escaso que tu vida. No compite con ella. Hace algo distinto.
Bitcoin es la primera herramienta monetaria que permite cristalizar tiempo humano sin permiso. Cada satoshi representa energía gastada, decisiones tomadas, oportunidades sacrificadas. Trabajo encapsulado que no se degrada por decreto.
No promete rendimientos. No garantiza precios. No ofrece seguridad emocional. Ofrece algo más básico: respeto.
Respeto por el tiempo invertido.
Oro y Bitcoin: el mismo objetivo, distinto resultado
Durante siglos, el oro cumplió parcialmente ese rol. Permitía conservar valor a largo plazo. Pero era pesado, difícil de transportar, fácil de confiscar y poco adaptable a un mundo digital.
Bitcoin hereda la función del oro y la perfecciona. No porque sea más “valioso”, sino porque se adapta mejor a la realidad actual. Fronteras móviles, regímenes inestables, economías digitales.
El oro protegía riqueza. Bitcoin protege tiempo humano en forma monetaria.
La tesis central:
Tu vida es finita.
El dinero debería respetar ese hecho.
Bitcoin es el primer sistema monetario que lo hace sin intermediarios, sin promesas y sin necesidad de confianza.
No se usa Bitcoin para hacerse rico. Se usa para no regalar la vida a un sistema que no la valora.
Cuando entiendes eso, cambia tu relación con el trabajo, con el ahorro y con el futuro. No porque tengas más, sino porque lo que tienes deja de evaporarse.
Bitcoin y el silencio: cuando descubres que ya no necesitas explicarte.
La transformación invisible que ocurre cuando dejas de justificar cómo vives, qué ahorras y por qué elegiste un camino distinto.

La quietud que llega sin avisar
Hay momentos que no anuncian nada, pero cambian algo profundo. Te sucede cuando alguien te pregunta, con curiosidad o condescendencia, por qué usas Bitcoin. Antes habrías respondido con entusiasmo, con paciencia o incluso con cierta urgencia por explicar lo evidente. Pero esta vez no. Esta vez simplemente sientes que no te corresponde justificar nada.
No es cansancio, aunque pueda parecerlo. Es un giro silencioso. Una especie de asentamiento interior que llega después de meses (o años) de preguntas, debates, incomprensiones y miradas torcidas. De pronto descubres una calma que no pide permiso, que no busca convencer y que tampoco necesita adornarse con argumentos brillantes.
No explicarte ya no es un acto de rebeldía. Es una forma de estar en el mundo. Y esa forma empieza a reorganizarlo todo: lo que callas, lo que compartes, lo que permites y, sobre todo, lo que ya no estás dispuesta a soportar.
Ese es el momento en el que Bitcoin deja de ser una idea que defiendes y empieza a ser un lugar desde el que vives.
El mundo del fíat te obliga a contarte, Bitcoin te deshace el guion
Crecimos dentro de un sistema en el que justificar es casi una condición de existencia. Cada ingreso necesita un origen aceptable. Cada gasto requiere un motivo. Cada movimiento debe poder narrarse para que otro lo valide. El mundo fíat está construido sobre la sospecha: nada vale por sí mismo si no viene acompañado de una explicación.
Durante años repetimos ese patrón sin darnos cuenta. Nos parecía normal aclarar por qué queríamos ahorrar, por qué evitábamos ciertas deudas, por qué preferíamos resguardar nuestra privacidad o por qué buscábamos formas alternativas de gestionar nuestro dinero. El permiso se convirtió en una forma de respirar.
Y entonces llega Bitcoin, no con promesas ni discursos, sino con un simple recordatorio: no tienes que justificar lo que haces con tu propio tiempo convertido en dinero. Lo que te ofrece no es solo soberanía económica, sino un desmontaje lento y profundo del reflejo de explicarte.
Ahí entiendes hasta qué punto te habían acostumbrado a pedir aprobación para existir.
Cuando entiendes de verdad, hablas menos
Hay una paradoja que se repite en casi todos los que profundizan en Bitcoin: cuanto más entiendes, menos discutes. La urgencia de convencer desaparece. Se desvanece el impulso de entrar en debates que solo desgastan. La claridad interior empieza a pesar más que cualquier argumento.
Estudiar Bitcoin no te vuelve más ruidoso, sino más exacto. Lo que antes expresabas con entusiasmo ahora lo sostienes en silencio, no por secretismo, sino porque ya no necesitas que otros te reconozcan la razón. La discusión deja de ser un campo de batalla y pasa a ser un recordatorio de cuánto tiempo se puede perder en defender lo evidente.
El conocimiento profundo te reorienta hacia dentro. Y ese movimiento interno tiene su propia voz, una voz calma que rara vez necesita proclamarse.
Evangelizar o afirmarse: la línea que casi nadie admite
Los primeros meses suelen ser intensos. Quieres compartirlo todo, explicarlo todo, arrastrar a otros a la misma revelación que tú has vivido.
Pero si eres honesto contigo mismo, reconoces que parte de ese ímpetu no venía exclusivamente del entusiasmo, sino de la necesidad de validarte. De demostrar que estabas viendo lo que los demás aún no habían visto.
Con el tiempo esa pulsión se disuelve. Ya no buscas que te digan que tenías razón. Ya no te interesa convertir cada conversación en un campo misionero. Comprendes que Bitcoin no necesita evangelistas; necesita personas que sepan vivirlo.
La madurez llega cuando te das cuenta de que no estás aquí para convencer, sino para ser coherente. Y la coherencia, en la mayoría de los casos, habla bajito.
Lo que el poder teme no es el discurso: es el silencio
El sistema entero está construido sobre una expectativa: la de que debes explicarte. Un ciudadano que se justifica es un ciudadano gestionable. Alguien predecible, moldeable, trazable.
El discurso público, incluso el crítico, rara vez amenaza al poder. Se puede encuadrar, neutralizar o desviar. Lo que incomoda realmente es lo que no hace ruido: la autonomía silenciosa. La capacidad de vivir sin pedir permiso.
El día que dejas de explicarte, el sistema pierde su guion para ti. Eres una variable fuera de rango, alguien que no entra en la plantilla de comportamiento prevista. Y eso, para cualquier estructura de control, es más perturbador que una multitud gritando.
El silencio es una frontera invisible: quien lo cruza ya no pertenece del todo al viejo mundo.
Tu círculo cercano y el derecho a no dar explicaciones
La parte más compleja no siempre es con el Estado, sino con las personas que te rodean. Familia, pareja, amistades: todos quieren entender tus decisiones porque sienten que tu cambio también les afecta. Preguntan por preocupación, por hábito o por miedo. No siempre es mala intención, pero sí es una dinámica heredada del mundo fíat.
Lo difícil no es explicarles Bitcoin, sino explicarles que ya no necesitas justificarte. Que tus decisiones económicas, emocionales o vitales no están abiertas a debate. Que evolucionar no exige permiso.
Cuando marcas esa frontera, cambia la relación. Se vuelve más adulta, más honesta, más libre. Y descubres que la soberanía financiera que buscabas con Bitcoin venía acompañada de otra soberanía, más íntima y más difícil de conquistar: la emocional.
El silencio como forma madura de soberanía
El silencio no es ocultarse. No es una estrategia ni una pose. Es la consecuencia natural de haber entendido lo esencial. Cuando ya no buscas aprobación, no necesitas explicarte. Cuando ya no esperas comprensión, no te desgasta el ruido. Cuando sabes quién eres y por qué caminas así, las palabras dejan de ser obligatorias.
Bitcoin te enseña a sostenerte. A confiar en tu criterio sin esperar una señal externa que lo valide. A vivir con la claridad suficiente como para avanzar sin alzar la voz.
La soberanía no siempre tiene forma de revolución. A veces tiene forma de silencio. Y ese silencio, cuando nace de la convicción, es casi indestructible.
Algún día, quizá al final de una jornada cualquiera, mientras pagas un café con sats o revisas una transacción, sentirás de nuevo esa quietud que lo envuelve todo. No has ganado un debate ni has convencido a nadie. No has demostrado nada.
Simplemente has elegido vivir sin pedir permiso.
Y ahí, en esa decisión silenciosa, empieza la verdadera libertad.
Bitcoin, dinero libre
La diferencia entre tener dinero y poder usarlo sin pedir permiso

Durante décadas nos han repetido que el dinero es una herramienta neutra. Que sirve para intercambiar valor, ahorrar lo que ganamos y construir seguridad. Pero ese relato es solo una parte de la historia. El dinero nunca ha sido completamente nuestro, porque siempre ha dependido de quien lo emite. Y quien emite, decide.
Lo curioso es que casi nadie se plantea qué significa realmente "ser libre" en el terreno cotidiano. Creemos que somos libres porque podemos comprar, trabajar o movernos, pero esa idea es superficial si la base que sostiene todo eso (el dinero) no nos pertenece de verdad. La libertad sin control del propio dinero es una libertad condicional.
El dinero estatal nace ligado a la autoridad. En cada época ha funcionado como instrumento de poder: fijar reglas, recaudar, premiar, castigar o limitar. La historia está llena de edictos, devaluaciones, confiscaciones o controles de capital que afectaron directamente a quienes solo intentaban proteger lo que ya era suyo. Cuando el emisor controla el flujo, el que aparenta poseerlo solo lo usa mientras convenga.
La modernidad nos vendió la idea de la libertad económica, pero dejó una condición no escrita: esa libertad existe mientras cumplas. Mientras no cuestiones. Mientras aceptes que tus movimientos puedan ser vigilados, congelados o revisados. Un permiso constante disfrazado de normalidad.
Pensemos en algo simple: abrir una cuenta, mover cantidades medianas, enviar dinero fuera de tu país o mantener ahorros sin justificación. Todo ello requiere autorización. El banco no es un custodio neutral, es un vigilante encargado de garantizar el orden financiero del sistema en el que participa. La autonomía del individuo nunca fue prioridad.
Cuando un sistema puede bloquear tu dinero, también puede bloquear tus decisiones. Puede impedirte ayudar a quien quieres, participar en causas que incomoden, sostener un proyecto personal o huir de una situación injusta. En ese punto, el dinero deja de ser instrumento para vivir y se convierte en un filtro social.
Pero hay algo más profundo: muchas personas nunca han tenido la experiencia de sentirse dueñas de lo que ganan. Crecen, trabajan, pagan y obedecen, sin conocer otra cosa. Y es difícil desear libertad financiera si jamás has sentido la sensación de poseer algo verdaderamente tuyo. Para millones, la dependencia se vuelve costumbre.
El problema es que hemos normalizado esta dependencia hasta el punto de considerarla inevitable. Lo damos por hecho porque siempre ha sido así. Sin embargo, hay lugares donde la falta de control sobre el propio dinero no es teoría: en economías con inflación crónica, bajo regímenes que restringen transferencias o en contextos donde ser mujer, opositor o simplemente extranjero significa no poder acceder a servicios bancarios básicos. Esa realidad existe hoy, no en los libros de historia.
En algunos países, las mujeres dependen legalmente de permisos masculinos para disponer de cuentas. En otros, emigrar implica renunciar a tus ahorros porque no puedes llevarlos contigo. Hay lugares donde la moneda pierde valor cada semana hasta volver inútil cualquier esfuerzo por ahorrar. Y también hay situaciones donde protestar basta para que una cuenta termine congelada.
Bitcoin entra aquí como una ruptura silenciosa. No promete justicia ni asegura prosperidad, pero modifica la relación de poder de forma radical: por primera vez, la propiedad del dinero no exige pedir permiso. Nadie debe aprobar que guardes tus claves, nadie puede impedir que firmes una transacción y nadie puede congelar un saldo que no reside en una institución intermediaria.
El protocolo no conoce nacionalidades, documentos ni estatus. No pregunta qué quieres financiar ni con quién te relacionas. Solo verifica reglas matemáticas. Eso no elimina riesgos, pero altera las condiciones: pasar de depender de una entidad a depender de la propia gestión. Asusta, pero libera.
Este cambio tiene consecuencias que todavía estamos aprendiendo. Personas que nunca pudieron acceder a un sistema financiero formal encuentran en Bitcoin la única vía para ahorrar. Familias que viven bajo monedas que se hunden cada año conservan una parte de su trabajo en algo que otros no pueden manipular. Quienes emigran llevan consigo su patrimonio sin necesidad de cruzar fronteras con efectivo. Esa portabilidad es más que una solución técnica, es autonomía vital.
Algunos dicen que Bitcoin es inversión. Otros lo ven como tecnología. Pero su dimensión más profunda está en devolver algo que parecía imposible: propiedad real del dinero. Sin autorización, sin permiso, sin que el poder decida cuándo eres digno de mover tus propios recursos. Ese momento no es abstracto: muchas personas sienten por primera vez una tranquilidad desconocida al entender que nadie puede arrebatarles lo que ahorran.
Bitcoin no arregla la injusticia del mundo, pero evita que una parte de ella siga funcionando gracias al control financiero. Su existencia obliga a replantear lo que consideramos libertad. Tal vez nunca la hemos tenido del todo. Tal vez la confundimos con el acceso regulado a cuentas que podían desaparecer con una firma ajena.
Entender Bitcoin es comprender que la libertad no es un privilegio filosófico. Es una práctica cotidiana. Se ejerce o se pierde. Y en el terreno económico empieza cuando puedes usar tu propio dinero sin pedir permiso. con el acceso regulado a cuentas que podían desaparecer con una firma ajena.
Entender Bitcoin es comprender que la libertad no es un privilegio filosófico. Es una práctica cotidiana. Se ejerce o se pierde. Y en el terreno económico empieza cuando puedes usar tu propio dinero sin pedir permiso.
Hay personas que nunca han sentido la libertad porque jamás han tenido un dinero libre.
Los dueños del tiempo.
Quién controla tus horas y cómo recuperarlas.

Nos enseñan desde pequeños que el éxito se mide en dinero, cuando en realidad se mide en horas. Puedes tener euros, una casa o un buen sueldo, pero si tu tiempo vive secuestrado, la sensación interna sigue siendo la de no llegar a nada. Es la paradoja de la vida moderna: jamás hemos tenido tantas herramientas tecnológicas, pero cada vez sentimos que tenemos menos vida propia.
Lo curioso es que casi nadie habla abiertamente de esto. Hablamos de inflación, de trabajo, de oportunidades, pero evitamos la pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo de tu vida decides tú?
De la fábrica a la pantalla
La captura del tiempo no empezó con internet. Empezó con la fábrica. La revolución industrial convirtió las horas en la unidad básica de producción. Después llegó la oficina, y por último la pantalla. Hoy ya ni siquiera necesitas desplazarte para que tu tiempo esté controlado: basta con estar disponible.
El sistema ha perfeccionado un mecanismo que nunca descansa: si trabajas poco, no llegas, si trabajas mucho, no vives. Y en ambos casos, las horas desaparecen sin dejar rastro.
El tiempo no desaparece, cambia de dueño
Casi todo está configurado para que tus horas estén comprometidas: alquiler, impuestos, transporte, horarios, facturas, préstamos. Hasta las conversaciones están montadas en torno a si “te lo puedes permitir", como si la medida de tus decisiones fuera únicamente económica.
Pero la clave está detrás: lo que “te puedes permitir” depende del tiempo que tienes que entregar a cambio.
No faltan discursos sobre libertad, pero la libertad real empieza cuando puedes decidir qué haces con tu jornada sin miedo a quedarte fuera del sistema. Esa posibilidad, hoy, es un lujo casi inalcanzable.
El Estado también cobra en horas
La fiscalidad no solo recauda dinero, recauda tiempo. Cada impuesto es una proporción de tus horas futuras ya comprometidas por defecto. Cuando pagas, no solo entregas parte de tu sueldo: entregas parte de tu vida.
La diferencia es que casi nadie lo ve así. Se habla de fiscalidad como quien habla de números, cuando en realidad es una medición de horas humanas.
La deuda como cadena invisible
Cuando los salarios no dan, aparece la financiación. La deuda extiende la captura temporal hacia el futuro: horas que todavía no has vivido, ya comprometidas de antemano. Hipotecas de 30 años, créditos de estudio, préstamos al consumo. El futuro hipotecado antes incluso de existir.
No es casualidad. La deuda es el instrumento perfecto para que sigas dentro del engranaje sin plantearte alternativas.
El sistema no necesita prohibirte nada
Solo necesita hacerte sentir que sin él no sobrevives. Te promete estabilidad a cambio de obediencia horaria. Mantiene la idea de que, si no cumples con las normas y los calendarios impuestos, quedarás a la intemperie.
Esta dependencia no se sostiene únicamente con dinero, sino con la sensación continua de urgencia: facturas a final de mes, precios que suben, salarios que no acompañan. No es casualidad, es diseño.
La inflación come tus años futuros
Pocas ideas resultan tan perversas como trabajar hoy sabiendo que mañana valdrá menos tu esfuerzo. Ese desgaste no solo erosiona tu poder adquisitivo, erosiona también tus planes, tus proyectos y tu descanso.
Cuando la inflación sube, te dicen que “hay que apretarse el cinturón". En realidad, te piden más horas disfrazadas de sacrificio responsable. Sobre el papel parece economía. En la práctica, es tiempo de vida que no vuelve.
La trampa tecnológica
La tecnología prometía más tiempo libre. En cambio, solo ha acelerado la producción, la conexión constante y la sensación de tener que estar respondiendo siempre algo. Vivimos en modo atención dividida, lo cual también secuestra horas, solo que en fragmentos tan pequeños que cuesta percibirlos.
Bitcoin no promete una vida nueva
Promete algo más realista: que tu tiempo deje de disolverse sin que puedas hacer nada. No es magia, ni garantía de libertad inmediata. Es la posibilidad de dejar de vivir con la sensación de que tu trabajo desaparece silenciosamente a cada ciclo económico.
Proteger tu ahorro en Bitcoin no es una estrategia financiera, es una estrategia temporal. Menos inflación, menos dependencia. Y cuanto menos dependes, más puedes elegir.
Cómo Bitcoin altera el equilibrio
Por primera vez, puedes guardar valor sin pedir permiso, sin rendir cuentas a bancos, sin perder poder adquisitivo continuamente. Eso cambia la estructura de decisión a largo plazo. Te permite pensar en términos de años, no solo de meses.
Y donde hay visión a largo plazo, aparece tiempo real.
¿Qué harías con tu tiempo si pudiera ser tuyo?
Todos sabemos responder qué haríamos con más dinero. Mucha gente tendría que pensar más para responder qué haría con su tiempo, porque hace años que ese margen ya no existe.
Y esa es quizás la mayor victoria del sistema: haber convertido la vida en una gestión constante de urgencias, hasta olvidar que el tiempo es la medida real de nuestra existencia.
Recuperar minutos, recuperar vida
Bitcoin devuelve, aunque sea en parte, la posibilidad de romper esa lógica: trabajar menos para defender lo que ya has ganado, no para mantener viva la rueda del desgaste.
Puede que el precio suba o baje, pero la esencia no es especulativa. La esencia es temporal.
La medida final
La riqueza real es la cantidad de horas que puedes decidir sin pedir permiso.
Siempre he leído mucho. O eso creía.
Pero desde que descubrí Bitcoin, algo cambió. No fue solo interés. Fue una especie de detonante.
Abres un libro, y ese libro te lleva a otro. Luego a un ensayo, a un paper, a una charla, a un autor que nunca habías oído nombrar. Y cada lectura abre otra puerta más profunda que la anterior.
De repente estás siguiendo hilos históricos, filosóficos, económicos, tecnológicos… y te das cuenta de que estás leyendo más que nunca en tu vida. No por obligación, sino porque no puedes no leer.
A veces abruma pensar que no da tiempo a todo. Que siempre queda un libro más, una referencia más, una historia más detrás de la historia.
Pero es parte del viaje: entender Bitcoin exige recorrer caminos que jamás hubieras explorado sin él.
Y, de algún modo, esa avalancha también te transforma.
Hay algo maravilloso en este viaje: cuanto más profundizas en Bitcoin, más se ensancha todo lo demás.
📚 →₿
Parálisis por análisis: la trampa que te deja fuera de Bitcoin.
Cómo el miedo, el perfeccionismo y el exceso de información frenan tu entrada en el activo más resistente del mundo.

No entraste cuando valía 1.000 €. Ni cuando valía 10.000 €. Tampoco cuando subió a 30.000 €. Hoy sigues mirando el gráfico, esperando el momento perfecto… que nunca llega. Y ahora que Bitcoin ha corregido a la zona de 80–87k, muchos siguen esperando “un poco más”, repitiendo el mismo ciclo aunque el precio cambie.
Te convences de que estás “analizando el mercado”, "siendo prudente” o “esperando una señal clara”. En realidad, estás atrapado en una trampa invisible: la parálisis por análisis.
No es falta de información. Es exceso. No es prudencia. Es miedo disfrazado de estrategia. Y en Bitcoin, esa espera eterna no te protege… te expulsa.
Hace semanas escuché a Bitcoin Para Pobres zakamoto@BitcoinNostr.com en Youtube ( https://www.youtube.com/watch?v=GFqsf_50CDw&t=970s )explicar este fenómeno con una claridad brutal, enumerando ocho factores que lo alimentan. Me parecieron tan precisos que decidí desarrollarlos aquí con ejemplos y contexto para que no solo los identifiques, sino que aprendas a desactivarlos.
1. Qué es la parálisis por análisis en Bitcoin
La parálisis por análisis es el estado en el que acumulas tanta información, opiniones y escenarios posibles que terminas incapaz de tomar una decisión. En Bitcoin, se traduce en pasar semanas, meses o incluso años “investigando” sin nunca ejecutar la compra o sin aumentar posición.
Este bloqueo no surge por ignorancia, sino por saturación. En lugar de darte claridad, el exceso de datos abre infinitos caminos y dudas. El resultado: inacción. Y en un activo como Bitcoin, donde el tiempo de exposición y la custodia segura son clave, la inacción es costosa.
2. Los 8 factores que alimentan la parálisis
Prudencia mal entendida La prudencia real evalúa riesgos y actúa en consecuencia. La falsa prudencia es postergar eternamente para no enfrentarse al miedo de actuar. Es común oír: “Estoy esperando entenderlo del todo”. La verdad es que nadie lo entiende al 100% al entrar; el aprendizaje real empieza cuando te involucras.
2. Búsqueda del momento perfecto Esperar a que el precio “corrija” o “confirme tendencia” es como esperar a que el mar se quede quieto para aprender a nadar. Nunca pasará. Incluso los analistas más experimentados fallan en predecir el mejor punto de entrada. El momento perfecto solo existe mirando hacia atrás.
3. Distracciones externas Cada predicción de un gurú, cada noticia alarmista o cada tweet incendiario añade ruido que nubla la visión. Seguir demasiado contenido termina paralizando: un día escuchas que Bitcoin va a 100.000 €, al siguiente que caerá a 15.000 €. Sin un criterio propio, cada nueva opinión resetea tu decisión.
4. Demasiadas alternativas Comparar entre mil opciones (altcoins, ETFs, distintos exchanges) dispersa la energía. Cuantas más alternativas consideras, más difícil es elegir una. La mente busca la certeza imposible y, al no encontrarla, prefiere no decidir.
5. Miedo a perder El miedo a “comprar caro” o “equivocarse” es paralizante. Pero en Bitcoin, el mayor error suele ser no entrar, más que entrar en un mal momento. Cada ciclo está lleno de personas que no compraron a 500 €, a 5.000 €, a 15.000 €… y después vieron el precio multiplicarse. Y cuando por fin llega la corrección que esperaban, también paraliza: empieza el miedo a que baje aún más.
6. Riesgo percibido vs. riesgo real El riesgo de perder parte del valor a corto plazo es real, pero el riesgo de quedarte fuera de un activo escaso y creciente es mayor. Muchos se centran en la volatilidad diaria sin entender que la historia de Bitcoin es de crecimiento neto a largo plazo.
7. Sensación de haber llegado tarde Pensar “ya pasó la oportunidad” es una excusa cómoda. Quienes compraron a 1.000 € también pensaban que estaban tarde… hasta que no lo estuvieron. En Bitcoin, todavía no hemos visto la adopción masiva; creer que “ya es tarde” es ignorar la curva de crecimiento.
8. Ego No querer reconocer que deberías haber comprado antes, o aceptar que ahora pagarás más caro que tu última compra, es puro ego. El mercado no premia a quien protege su orgullo, sino a quien actúa con visión.
3. El coste oculto de quedarse quieto
La parálisis no es gratis.
Tiempo perdido: cada mes que esperas es un mes menos de exposición al crecimiento de Bitcoin.
Energía mental drenada: seguir el precio a diario sin actuar consume atención y genera estrés.
Oportunidades desaprovechadas: las grandes diferencias a largo plazo no suelen venir del precio exacto de entrada, sino de haber entrado antes y mantener.
4. Cómo romper la parálisis y actuar
1. Crea un plan simple (y cúmplelo) Usa DCA (Dollar Cost Averaging) para comprar cantidades fijas de forma periódica sin mirar el precio, o aprovechando correcciones cuando se presenten, pero sin dejar que la espera de la “corrección perfecta” te frene.
2. Reduce el ruido Selecciona pocas fuentes de información y evita las predicciones diarias.
3. Piensa en años, no en días En un horizonte de 5–10 años, la volatilidad actual es irrelevante.
4. Acepta la incertidumbre Nunca tendrás certeza absoluta. Tomar decisiones con información incompleta es la norma, no la excepción.
La hora de moverse
En Bitcoin, esperar la señal perfecta es como esperar un billete de tren que ya pasó y no volverá. El próximo tren llegará, sí… pero quizá ya no haya asiento para ti.
El precio puede subir o puede corregir, pero la indecisión siempre va en la misma dirección: hacia ninguna parte. El peor error muchas veces no es comprar caro, sino no comprar.
La pregunta es: ¿vas a seguir buscando el momento perfecto… o vas a empezar hoy?
Desfinanciar al poder: Bitcoin como freno silencioso al Estado abusivo.
Cómo un dinero incorruptible reduce la capacidad de los gobiernos para vivir de tu energía.

Hay una idea que incomoda a cualquiera que haya crecido bajo la narrativa del “Estado protector”: el poder no se sostiene solo por autoridad o legitimidad. Se sostiene porque puede financiarse. Y cuando ese flujo se altera, las reglas del juego cambian sin necesidad de proclamas ni revoluciones.
Bitcoin irrumpe justo en ese punto. No discute ideologías ni intenta reformar sistemas desde dentro. Hace algo más simple y, por eso mismo, más peligroso para cualquier estructura que dependa del control financiero: abre una vía de escape donde tu valor deja de ser materia prima para un aparato que funciona mejor cuanto más desapercibida pasa su extracción.
No es un acto heroico. Es una decisión silenciosa.
1. Cómo se financia realmente el poder
Los impuestos visibles suelen ocupar todas las conversaciones, pero representan solo una parte del engranaje. La financiación real del Estado moderno viene de mecanismos mucho más sutiles:
Inflación estructural, que traslada riqueza desde quienes ahorran hacia quienes emiten.
Deuda perpetua, que compromete ingresos futuros a cambio de financiar gasto presente.
Tasas y comisiones semiescondidas, que se diluyen entre normativas y trámites.
Rescates financieros, costeados por quienes no participaron en los riesgos que otros asumieron.
Este sistema se sostiene mientras la población mantenga su ahorro en activos que el Estado controla: cuentas bancarias, moneda local o deuda pública. Cuando la base de ahorro permanece dentro del circuito fiat, la extracción es constante, silenciosa y difícil de percibir.
2. Qué ocurre cuando parte del ahorro sale del circuito fiat
Mover una parte del ahorro a Bitcoin rompe un equilibrio que se da por hecho. Ya no solo reduces tu exposición a la inflación: introduces un obstáculo directo frente a la capacidad del Estado para recaudar de forma indirecta.
No hace falta actuar de manera confrontativa. Basta con proteger tu trabajo en un activo que no pueden inflar, bloquear ni manipular. Es una desconexión limpia.
Cuando esta decisión se multiplica en miles de personas, el efecto no es anecdótico. La recaudación por inflación se debilita, la demanda de deuda disminuye y la capacidad de financiar gasto improductivo se reduce. El Estado no colapsa, pero pierde una parte de su ventaja estructural.
Ese gesto no desestabiliza al país. Te estabiliza a ti.
3. Bitcoin no combate al Estado, combate los incentivos
Un gobierno con acceso ilimitado a deuda barata y a emisión monetaria tendrá siempre incentivos para gastar más de lo que puede justificar. La tentación de expandir su poder es inherente a la arquitectura fiat.
Bitcoin introduce un límite que no nace de un partido político, una ley o una reforma. Nace de la matemática.
No puedes emitir más.
No puedes apropiarte de él sin resistencia.
No puedes manipular su política monetaria.
Este marco incentiva la responsabilidad. Obliga a gobernar dentro de unos límites reales, no imaginarios. No se trata de debilitar al Estado, sino de impedir que sus errores puedan transferirse a la población sin su consentimiento.
4. La fricción que duele
Los sistemas de extracción funcionan mientras la población tenga pocas opciones de proteger su valor. Durante décadas, no existía un refugio digital, portable y resistente a la censura. Bitcoin altera ese paisaje.
La fricción aparece en varios planos:
Fricción fiscal indirecta: menos ahorro atrapado en activos inflacionables.
Fricción política: decisiones erróneas tienen un coste visible cuando no se puede imprimir para ocultarlas.
Fricción institucional: la población comienza a cuestionar el rol del Estado cuando descubre alternativas.
Es un límite suave pero persistente. No impide gobernar, pero impide abusar sin consecuencias.
5. Los ejemplos que ya existen
La teoría queda muy bien en debates, pero la realidad siempre va por delante.
Nigeria: los controles de capital llevaron a millones a refugiarse en P2P. El gobierno vio cómo la economía paralela escapaba a su control.
Argentina: el ahorro en moneda local se convirtió en un acto de fe imposible de sostener. Bitcoin empezó a funcionar como vía de escape, incluso para quienes no lo entienden del todo.
Turquía: la devaluación constante ha empujado a los ciudadanos a buscar alternativas, demostrando que la inflación no es solo un problema económico, sino una crisis de confianza.
Zimbabue: el colapso de la moneda local convirtió a Bitcoin en uno de los pocos activos capaces de mantener valor en medio del caos.
En todos estos casos queda algo claro: cuando la gente descubre una salida, la extracción pierde eficacia.
6. No es revolución. Es retirada de energía
La narrativa habitual presenta al Estado como una entidad monolítica que solo puede ser enfrentada desde fuera. Pero la historia demuestra que las estructuras caen o se transforman cuando dejan de recibir energía.
Bitcoin no llama a derribar gobiernos. Llama a proteger tu esfuerzo. Y al hacerlo, introduces un vacío que obliga al poder a reorganizarse.
Es una forma de resistencia sin violencia. Una retirada estratégica del circuito por donde se produce la extracción. Un modo de decir “hasta aquí” sin romper nada, solo dejando de alimentar un sistema que da por sentado tu contribución.
7. Cuando el poder pierde combustible, cambia el futuro
Los Estados no colapsan por falta de discursos o debates interminables. Cambian cuando se enfrentan a límites que no pueden sortear.
Bitcoin es ese límite. No elimina el poder político, pero sí elimina una parte de su capacidad para crecer sin control. No destruye instituciones, pero exige que funcionen mejor. No impone reglas nuevas, pero hace inviables ciertos abusos que antes pasaban desapercibidos.
El resultado no es un mundo sin Estado, sino un Estado obligado a justificarse.
Ese es el verdadero freno silencioso: poner límites sin pedir permiso.
Bitcoin: El dinero que viaja contigo.
Reflexiones sobre lo que significa vivir con un dinero sin pasaporte.

Hace unos días escuché a alguien decir algo que me quedó resonando: Bitcoin es el único dinero global. Una frase sencilla, pero cargada de verdad.
Durante siglos, el dinero nos ha mantenido atados a un lugar. Cada billete tenía su idioma, su bandera y su frontera. Cambiar de país significaba cambiar también de moneda, someterse a tipos de cambio, comisiones y burocracia. El dinero era un recordatorio constante de que la libertad tenía límites.
Recuerdo la primera vez que salí de casa con la intención de pagar solo con Bitcoin. No era por rebeldía ni por moda, sino por comprobar si aquello que tantos repetíamos (“dinero sin fronteras”) podía sentirse en la piel. En el bolsillo no llevaba euros ni francos, solo mi wallet con unos cuantos sats. Liviana, pero más mía que cualquier cuenta bancaria. La sensación era extraña y poderosa. Por primera vez, el valor viajaba conmigo, sin papeles, sin bancos, sin permisos.
Si quieres leer aquella experiencia completa, te recomiendo: “Bitácora de un día en Lugano pagando con Bitcoin.” https://kiracoco.substack.com/p/bitacora-de-un-dia-en-lugano-pagando
Bitcoin rompió un patrón milenario.
El dinero ya no necesita intermediarios ni aprobaciones: circula con la misma libertad que las ideas. Un satoshi vale lo mismo en Buenos Aires, Zürich o Tokio. No pertenece a ningún gobierno ni a ningún sistema, y por eso pertenece a todos.
Guardar tu riqueza ya no depende de bóvedas ni de bancos.
El dinero global no es solo una cuestión de infraestructura, sino de conciencia. Bitcoin no compite con las monedas locales: las trasciende. No se ata a gobiernos ni a bancos centrales, sino al tiempo y a la energía humana. Es el primer dinero verdaderamente neutral, un lenguaje económico común que funciona igual en cualquier lugar del planeta.
Todavía no todo el mundo lo acepta, pero su mera existencia ya cambió las reglas del juego.
Por primera vez, el ser humano puede moverse, crear y comerciar bajo un mismo estándar de valor sin depender de la voluntad de otros.
El resto son banderas impresas en papel.
Quédate cerca y sigamos explorando.
Pensar en Bitcoin
Una breve reflexión sobre el momento en que dejas de mirar el precio y empiezas a mirar el tiempo.

Hay un momento, casi imperceptible, en que dejas de mirar el precio y empiezas a mirar el tiempo.
Ese instante marca el inicio del cambio: dejas de pensar en fiat y comienzas a pensar en Bitcoin.
Pensar en Bitcoin no es solo comprarlo, es cambiar el marco mental.
Mientras sigamos midiendo todo en euros o dólares, seguimos dentro de la jaula. Bitcoin exige una mutación más profunda: aprender a pensar en términos de tiempo, no de precio.
Cuando llegó el euro, millones de personas siguieron durante años pensando en la moneda anterior: las pesetas en España, las liras en Italia, los francos en Francia, los marcos en Alemania.
En los mercados, en los cafés, en los telediarios, todo se traducía. Era una confusión colectiva: sabíamos usar el nuevo dinero, pero no pensar en él.
No era falta de inteligencia, sino resistencia al cambio de escala. El valor necesita una referencia estable, y perderla nos desorienta.
Con Bitcoin pasa igual. Muchos lo usan o lo observan, pero siguen comparando cada movimiento con fiat, como si ese fuera el centro del universo.
Pero el euro o el dólar no son puntos de referencia: son espejismos. Miden la realidad con una regla que otros pueden estirar a su antojo.
Por eso “razonar en BTC” no es aprender un nuevo precio, sino romper con el viejo lenguaje.
Significa entender que Bitcoin no fluctúa: lo que fluctúa es la fe en el dinero que lo mide.
Y es cierto: la mayoría no entiende Bitcoin.
Pero tampoco entiende el dinero que usa a diario.
Viven en un sistema que les enseña a gastar, no a comprender. Que castiga el ahorro y premia la deuda. Que convierte la ignorancia económica en una forma de docilidad colectiva.
Quizá por eso Bitcoin no será de adopción masiva en el sentido clásico.
No porque sea difícil, sino porque requiere un esfuerzo mental que pocos quieren asumir.
No basta con usarlo; hay que pensar distinto.
Y pensar distinto duele, porque obliga a cuestionar lo que dabas por seguro: qué es el valor, quién lo define y por qué aceptas obedecer sus reglas.
Pero no hace falta que todos lo entiendan.
Bitcoin no depende de la masa, sino de una minoría que no está dispuesta a volver atrás.
Igual que Internet no necesitó que todos comprendieran los protocolos TCP/IP para transformar el mundo, Bitcoin seguirá avanzando con quienes ya han cambiado su forma de razonar.
El verdadero salto no es tecnológico.
Es mental.
Pasar de pensar en fiat a razonar en Bitcoin es salir del lenguaje del amo y empezar a hablar el tuyo propio.
Es dejar de traducir el valor para empezar a sentirlo.
Y cuando llegas ahí, descubres que ya no necesitas mirar el precio.
Quédate cerca y sigamos explorando.
Carta al Whitepaper de Bitcoin
17 años después, aún te leo como promesa

Han pasado 17 años desde que apareciste por primera vez.
No llevabas bandera ni promesa de salvación. Solo nueve páginas y una idea radical: que el dinero podía volver a ser nuestro. Que podíamos intercambiar valor sin pedir permiso. Que podíamos confiar en el código, no en las instituciones.
No nos conocimos entonces. Yo no estaba preparada para entenderte. Pero un día cualquiera, en medio del ruido, te encontré. Y aunque no venías con manual de instrucciones, supe que algo en mí ya no volvería a ser igual.
Te han llamado muchas cosas: dinero, activo, refugio, amenaza, utopía. Algunos te leyeron literalmente. Otros quisieron reescribirte desde el primer bloque. Hay quienes te usan como excusa, quienes te citan sin haberte entendido, y quienes se aferran a tu nombre para justificar lo contrario de lo que propusiste.
Pero tú sigues ahí. No cambias. No hablas. No corriges a nadie. Y sin embargo, cada línea tuya resiste.
Te he leído muchas veces. Cada vez desde un lugar distinto. Al principio con admiración técnica, luego con deslumbramiento político. Más tarde con decepción al ver lo que el mercado hacía con tus ideas. Ahora, con una mezcla de cariño, respeto y escepticismo. Porque sigo creyendo en lo que escribiste, pero no siempre en lo que se ha hecho en tu nombre.
No sé si el mundo está preparado para lo que propones. Ni siquiera sé si tú lo estabas. Pero lo lanzaste igual. Como quien enciende una chispa y se retira. Como quien dice: aquí está la grieta, haced con ella lo que queráis.
Hoy, 31 de octubre, no celebro un texto. Celebro el acto de escribirlo. El valor de decir: basta. El gesto de confiar en que, entre todas las voces, una línea bien trazada puede abrir un camino.
Gracias por ser ese trazo. Aunque el mundo no siempre esté a la altura de tu propuesta, algunos aún te leemos como una promesa, no como un recuerdo.
Justamente.
El artículo no dice lo contrario, sino que muestra cómo, en algunos países, la urgencia obliga a agarrarse a lo primero que flota… aunque solo Bitcoin sea la salida real.
USDT no es libertad, pero a veces es oxígeno .
Cuando las monedas locales colapsan y el efectivo desaparece, las stablecoins ofrecen una estabilidad relativa. Pero solo Bitcoin puede sacarte del agua cuando el sistema te deja sin aire.

A veces basta una charla para ver con más nitidez algo que ya se intuía. Escuchar a Paolo Ardoino hablar del papel de USDT en países en crisis no cambió lo que pienso, pero sí reforzó algo que ya veía claro: la urgencia no siempre empieza por la soberanía.
En los márgenes del sistema financiero global, donde las monedas locales se deshacen como papel mojado y el dólar físico ya no llega, algo está ocurriendo en silencio. No es Bitcoin quien primero entra en escena. Es Tether.
USDT se ha convertido en moneda de emergencia para miles de personas que no pueden permitirse soñar con la soberanía si antes no consiguen respirar. Cuando el boliviano se devalúa, cuando el banco central ofrece un tipo de cambio oficial de 7:1 para el dólar físico y de 17:1 para USDT, lo urgente no es la descentralización. Es la supervivencia.
En Bolivia (como en otros países donde el sistema se agrieta) el dólar deja de ser un símbolo de potencia y pasa a ser un bien escaso. Y es ahí donde el dólar digital (representado en forma de USDT) encuentra su espacio: porque es más fácil de conseguir que el billete, más accesible que el oro y más estable que el caos que lo rodea.
En algunos comercios, el precio ya no se marca en moneda local. Se muestra en Tether. Y para ciertas comunidades, un solo USDT puede significar acceso a medicamentos, alimentos, tiempo. No porque USDT sea justo. Sino porque lo demás es directamente inviable.
Pero ahí no termina la historia.
El auge de las stablecoins plantea un dilema que incomoda incluso dentro del ecosistema cripto: ¿estamos avanzando hacia la libertad o solo hemos cambiado el collar? Porque aunque USDT sirva como refugio inmediato, su valor depende del dólar, y su existencia de entidades centralizadas. No rompe con el sistema. Se adapta a él. Y en muchos casos, lo refuerza. Y todo ello con el riesgo de que esa “estabilidad” pueda desvanecerse con una orden, una sanción o un cierre.
Eso no lo invalida como herramienta, pero sí exige precisión en el relato: las stablecoins pueden dar oxígeno. Pero no dan salida.
Bitcoin no siempre aparece primero. Es más difícil de entender. Más volátil a corto plazo. Menos intuitivo para quien solo quiere pagar, enviar o recibir sin que se esfume su poder adquisitivo. Pero Bitcoin no se pliega. No necesita permiso. Y no vive atado a los caprichos de un banco central o una empresa privada.
Para muchos, la puerta de entrada ha sido USDT. Pero cuando el sistema muestra su cara más hostil, Bitcoin deja de ser teoría y se convierte en necesidad. Ahí donde Tether se detiene, Bitcoin empieza.
Porque si USDT es oxígeno, Bitcoin es aire propio. Y tarde o temprano, vamos a necesitar respirar por nuestra cuenta.
Quédate cerca y sigamos explorando.
Empieza la cuenta atrás.
Primera vez en el Plan ₿ Forum Lugano y también en Spazio21 🇮🇹, el espacio paralelo donde Bitcoin se piensa en italiano.
Lugano… una ciudad que ya conocí pagando con sats,
y esta vez vengo a escuchar, aprender y dejarme sorprender.
⚡🧡

¿Existen los ₿itcoiners?
Identidad, pertenencia y etiquetas en un protocolo que no pide carnets.

Hay palabras que usamos como si estuvieran claras.
"Bitcoiner" es una de ellas.
Nos damos por entendidos. Nos ponemos la etiqueta, la leemos en otros perfiles, la asociamos a ciertas ideas, estilos de vida, incluso a formas de hablar, vestir o comer. Pero si nos detenemos un segundo, si dejamos de repetirnos por inercia lo que creemos saber, aparece la pregunta:
¿Qué significa realmente ser bitcoiner?
Porque hay quien usa Bitcoin a diario y no se identifica con nada de eso. Y hay quien se llama bitcoiner con orgullo, pero no ha hecho nunca una transacción en la vida real. Algunos lo viven como una misión, otros como una herramienta, y otros simplemente como una etapa. Algunos se sienten parte de algo. Otros, fuera de todo. Y todos conviven bajo la misma palabra.
Quizá sea momento de mirar esa palabra con un poco de honestidad.
1. El bitcoiner como identidad (o como refugio)
Desde hace años, muchas personas encontraron en Bitcoin no solo una tecnología que les permitía preservar valor, sino también un relato en el que reconocerse. Frente al caos, el abuso estatal, la inflación o la exclusión financiera, Bitcoin ofrecía algo más que código: ofrecía sentido.
Ese sentido empezó a condensarse en una identidad. Empezamos a hablar de "los bitcoiners" como una tribu, una comunidad, una especie de exiliados voluntarios del sistema fiat. Con ciertos rasgos reconocibles: rechazo a la inflación, defensa de la propiedad privada, valoración de la soberanía individual, estética minimalista, lectura de ciertos autores, ciertas frases, ciertos mitos fundacionales.
Pero, como toda identidad, también se volvió refugio. Para algunos, ser bitcoiner se convirtió en una forma de diferenciarse, de tener una posición clara en el mundo. En un ecosistema saturado de ruido, tribalismo y nihilismo digital, tener una bandera se siente como un ancla.
2. El problema de las etiquetas: pertenencia y exclusión
Pero toda etiqueta trae consigo un riesgo: delimita.
Al definir quién "es" bitcoiner, implícitamente se sugiere quién no lo es. Y en esa frontera empieza el problema.
Se construye un canon: hay formas correctas de ser bitcoiner (las visibles, las validadas, las repetidas) y formas que se miran con sospecha o desdén. Se empieza a juzgar al que gasta sus sats, al que no lee los libros correctos, al que usa apps "demasiado fáciles", al que no comparte los memes o los mantras del maximalismo.
Y eso genera un clima donde la libertad que prometía Bitcoin se enreda con una especie de vigilancia moral. Como si hiciera falta una validación cultural para usar una herramienta técnica.
3. Bitcoin no pide carnets (y eso lo hace más poderoso)
La realidad es simple: nadie necesita permiso para usar Bitcoin. No hay formularios, ni entrevistas, ni exámenes de pureza ideológica.
Una madre en Nigeria, un activista en Rusia, un adolescente en Argentina o un programador en Alemania pueden usarlo sin nunca haber leído el Whitepaper ni saber quién fue Satoshi. Y eso no los hace menos bitcoiners. Quizá, incluso, los hace más.
Porque lo que define a un bitcoiner no es la etiqueta, ni el personaje, ni el estilo de vida. Es el uso. Es la acción concreta de salir del sistema fiat, aunque sea en parte. Es el gesto silencioso de asumir que hay otra forma de vivir el valor.
4. Bitcoiner no es quien se etiqueta. Es quien se transforma.
En lugar de preguntarnos quiénes "pertenecen", podríamos preguntarnos qué tipo de transformación está provocando Bitcoin en las personas.
Porque quien ha tenido que aprender a custodiar su riqueza, a proteger su privacidad, a pensar en el largo plazo, a moverse sin bancos, a asumir responsabilidad, a decir que no a la obediencia ciega...
...ese ya ha empezado a salir del molde.
Y no hace falta que lo grite. Ni que se proclame. Ni que cumpla un canon cultural. Basta con que lo viva.
Conclusión
Quizá la palabra "bitcoiner" no tenga un solo significado. Y quizá eso sea lo mejor que podría pasarnos.
Porque en un mundo obsesionado con las etiquetas, Bitcoin nos recuerda que lo esencial no se grita, se practica. Que no hace falta pedir permiso para actuar con soberanía. Que las verdaderas transformaciones no necesitan club.
Y que a veces, no pertenecer del todo es la mejor forma de estar dentro.
Quédate cerca y sigamos explorando. KiRaCoCo - para Bitácora Bitcoin
De vuelta en Suiza 🇨🇭después de unos días en España.
Hogar, montañas, frío… y lo que se viene por delante.
Octubre aún guarda una cita especial. ⚡🧡
🕰️ Nos vemos al otro lado del fiat. Carta a mi yo del pasado.
Hay palabras que solo entiendes cuando cambias de sistema.

Querida yo,
No vengo a juzgarte, vengo a agradecerte. Por cada noche de insomnio, por cada duda y por cada vez que creíste que no podías más pero seguiste adelante. No sabías aún que estabas caminando hacia una forma completamente nueva de entender la libertad.
Recuerdo cómo confiabas en los bancos, en los gobiernos, en ese sistema que te hacía sentir segura mientras te ataba sin que lo notaras. Creías que tener una cuenta, un sueldo o una tarjeta era independencia. No sabías que estabas cediendo el control de tu tiempo a cambio de una ilusión de estabilidad.
Quiero decirte que todo eso va a romperse. Que un día mirarás ese dinero que creías tuyo y te darás cuenta de que solo era un permiso temporal. Ese día dolerá, pero también nacerás. Porque vas a descubrir algo llamado Bitcoin, y nada volverá a ser igual.
Vas a pasar de confiar a verificar. De depender a construir. De ahorrar en promesas a ahorrar en verdad. Y, sobre todo, vas a entender que la libertad no se compra: se aprende, se practica y se defiende.
Descubrirás que Bitcoin no solo guarda valor: guarda tiempo. El tiempo que el sistema te robaba con inflación, con burocracia, con miedo. Cada sat será un pequeño fragmento de tus horas, un segundo encapsulado para el futuro. Porque lo que entregas en tu trabajo, en tu esfuerzo o en tus sueños… no es dinero, es tiempo. Y eso, una vez gastado, nunca vuelve.
Por eso aprenderás a protegerlo, a gastar con conciencia, a medir la vida no en precios, sino en propósito.
No te asustes cuando empieces a cuestionarlo todo. Cuando notes que el mundo te mirará raro, o que te llamarán loca por creer en un código. Esa incomodidad será tu brújula. Te llevará hacia personas que también despertaron, que entienden que esto no va de dinero, sino de soberanía.
Tu yo futuro te promete que valdrá la pena. Que cada bloque minado es una cicatriz de independencia. Que cada sat que guardes será una semilla de tiempo recuperado. Y que un día, cuando mires atrás, sonreirás sabiendo que aquella incomodidad fue el primer paso hacia tu libertad.
Gracias por no rendirte, por dudar, por sentir miedo, y aun así seguir. Cada paso, incluso los torpes, eran parte del mapa.
Nos vemos al otro lado del fiat. Allí donde el valor ya no se imprime, se descubre. ⚡
Con gratitud y propósito,
Tu yo del futuro — bajo el Patrón Bitcoin.
Hoy he vuelto a hablar de Bitcoin con un par de personas que antes no querían escucharlo.
Esta vez no hablé de precio, sino de inflación, ahorro, libertad y protección.
Y por primera vez, vi atención en lugar de escepticismo.
A veces, el mejor “orange pill” no es una charla, sino el paso del tiempo. ⏳🟠
He hecho lo que el BCE no se atreve a hacer:
💶 Le he dado valor educativo a unos billetes que pierden valor cada día.
📍 Sello bien claro: BUY BITCOIN.
Ahora al menos sirven para algo antes de que se los coma la inflación.
(Foto real. Sí, circularán por España en breve 🫢)

#Bitcoin #FiatIsTrash #EducacionFinanciera #BuyBitcoin
Fiat: the silent plague that devours humanity
https://medium.com/@kiracoco/fiat-the-silent-plague-that-devours-humanity-ee34ef3665de
Fiat: the silent plague that devours humanity
How state money became the economic virus that parasitizes individuals, societies, and entire nations… and why Bitcoin is the only antidote.
Introduction
Plagues have always haunted humanity. The Black Death wiped out a third of Europe, smallpox devastated entire continents, locusts destroyed crops for centuries. But today we live under a more silent and insidious plague: fiat money.
It doesn’t kill instantly, but corrodes slowly. It drains your savings, distorts your incentives, and ties you to a system you never chose. An invisible virus disguised as normality.
1. Fiat as an imposed dogma
Fiat is not a free contract between individuals. It is a state mandate. Just as religion demanded faith in the divine and patriotism in the nation, fiat demands blind trust in paper symbols.
It’s not a choice but an obligation: your taxes are paid in fiat, your debts are denominated in fiat, your wages are received in fiat. The system doesn’t allow alternatives.
2. The parasitic plague effect
Biological plagues invade bodies and harvests. Fiat invades entire economies. Its reproduction mechanism is inflation: a constant multiplication of bills that erodes the value of existing money.
Like every parasite, it doesn’t need your consent to feed. With each new print run, a portion of your wealth is taken without you noticing. Taxes complete the task: direct value extraction that guarantees the virus keeps spreading.
Each country issues its own variant—or delegates it to supranational banks like the ECB—but all remain subordinated to central powers: the dollar, the ECB, the IMF. A viral hierarchy that ensures no one escapes the infection.
3. The invisible damage
Historic plagues left corpses and ruined fields. The fiat plague acts in the shadows:
Financing wars without citizens noticing. Just print more money.
Structural inequality: the richest get access to new money first, while the poorest suffer inflation.
Future destruction: long-term planning becomes impossible when savings rot.
The result is a society permanently ill, convinced this disease is inevitable.
4. Comparison with other historical plagues
Humanity has faced multiple forms of control:
Religion = spiritual control.
Patriotism = territorial control.
Fiat = economic control.
All are different mechanisms of the same virus: obedience. Accept without questioning, believe without verifying, submit without alternatives.
5. The alternative: Bitcoin as antidote
If fiat is a virus, Bitcoin is the vaccine. Its rules are clear, verifiable, and unchangeable. It doesn’t rely on symbols or dogmas, but on mathematics and voluntary consensus.
Bitcoin doesn’t destroy local economies—it connects them into sovereign networks. It doesn’t force you to use it—you choose it. It doesn’t deceive you with silent inflation—its supply is finite and transparent.
Where fiat makes you sick, Bitcoin heals. Where fiat imposes obedience, Bitcoin offers sovereignty.
Conclusion
Fiat is a plague that has infected our lives unnoticed. Like every plague, it mutates: today through bank bailouts, tomorrow through CBDCs. The disease adapts, but remains the same.
The difference is that now we have an antidote. Bitcoin is not just money; it is the cure for economic parasitism. It is the end of blind obedience and the beginning of verifiable freedom.
Because fiat makes us sick… and Bitcoin restores our health.
Stay close, and let’s keep exploring.
The Taboo of Accessibility: What if Bitcoin Isn’t for Everyone?
The Taboo of Accessibility: What if Bitcoin Isn’t for Everyone?
📖 This is the first of five articles in the series “The Taboos of Bitcoin.” Each one will explore an uncomfortable truth rarely discussed. We begin today with the taboo of accessibility.
Introduction
“Bitcoin is for everyone.” The mantra sounds nice. But… what if it isn’t entirely true?
We say anyone can use Bitcoin, and technically that’s correct: download a wallet, receive a few sats. But behind that apparent simplicity lie economic, technical, psychological, and social barriers that exclude millions. Barriers few want to mention because they undermine the narrative of universality.
Bitcoin is not a magic wand. It’s a tool of sovereignty. And like every tool, it demands minimum conditions to use it. The taboo almost no one acknowledges is this: Bitcoin is not equally accessible to everyone.
The technical barrier: not everyone speaks the language of sovereignty Understanding a seed, securing private keys, running a node, signing transactions… sounds simple in tech-savvy circles, but for millions it’s alien territory. Digital illiteracy is still widespread: according to UNESCO, nearly 800 million adults worldwide lack basic literacy skills, let alone technological ones.
In sub-Saharan Africa, for example, only about 36% of the population has stable internet access. In Latin America, smartphone penetration is above 80%, yet digital security comprehension is minimal. Bitcoin may be technicallyaccessible, but it isn’t intuitive. And what isn’t understood is often rejected.
The economic barrier: freedom has an entry price Yes, you can start with a few cents. But reality says otherwise: accumulation matters. Entering with €50 is not the same as entering with €50,000. The ability to stack regularly requires one thing: disposable income. In countries where inflation devours salaries before the month ends, that “ability” is privilege.
Take Argentina, for example. Inflation is so high that families must often choose between buying food or paying bills—not between saving in pesos or buying Bitcoin. For them, economic accessibility to BTC simply doesn’t exist, even if they know it could protect their future.
Economic accessibility is not binary (having or not having Bitcoin). It is gradual: holding €50 in sats is very different from holding €50,000. The relative weight of that sovereignty varies immensely. And that silent gap cannot be ignored.
The psychological barrier: not everyone can bear the weight of freedom In fiat, forget your password and you can reset it. In Bitcoin, lose your seed and your money is gone. Self-custody demands discipline, resilience, and a type of responsibility most people are unaccustomed to.
Volatility adds another layer: enduring a 50% drawdown without panic-selling is not for everyone. Sovereignty of the mind is as critical as technical ability. For some, this trial is a rite of passage; for others, it is a psychological burden.
Research on investor behavior shows that over 60% of small investors abandon an asset after a 30% loss. In Bitcoin, that mental fragility means forfeiting the promise of sovereignty.
The social and political barrier: not everyone can be a Bitcoiner without consequences In the West, using Bitcoin might be cultural rebellion. In authoritarian countries, it can be a risk to your freedom—or even your life. In Afghanistan, many women found Bitcoin as their only way to receive money, but also faced persecution for it. In Nigeria, the government tried to criminalize crypto use during the #EndSARS protests.
Even in Europe, the political climate is turning hostile: mandatory KYC, cash payment limits, and digital euro projects all threaten Bitcoin’s everyday usability. Accessibility depends not only on technology but on the legal and cultural environment.
The illusion of universality: from myth to personal conquest The narrative that “Bitcoin is open to everyone” is technically true, but materially incomplete. Having the tool is not the same as knowing how to use it. Downloading a wallet is not the same as securing a seed in a hostile environment. Owning a satoshi is not the same as owning a million.
History offers parallels: the printing press promised universal access to knowledge, but for centuries only the literate minority could benefit. The internet promised democratization of information, but Big Tech ended up centralizing power. Bitcoin is no exception: it’s a revolution, yes, but not an automatic one.
Accessibility in Bitcoin is not an equal starting point. It is a personal conquest that depends on education, discipline, and context.
Conclusion
Bitcoin is not an automatic right. It is a path of sovereignty requiring effort and minimum conditions. Those unwilling or unable to carry that burden remain excluded, even if the door stays open.
The real taboo is this: Bitcoin will not save everyone. It will only save those willing to bear its weight. That truth is uncomfortable because it shatters the universal inclusion narrative we keep repeating.
So here’s the uncomfortable question: are we ready to accept that in a Bitcoin world there will also be outsiders? Or do we prefer to keep chanting “it’s for everyone” while ignoring the invisible barriers?
Stay close, and let’s keep exploring.
The Taboos of Bitcoin: What Almost No One Dares to Say
https://medium.com/@kiracoco/the-taboos-of-bitcoin-what-almost-no-one-dares-to-say-3258413c53f6
The Taboos of Bitcoin: What Almost No One Dares to Say
Introduction
Talking about money has always been taboo. For centuries, the fiat system ensured that you didn’t ask too many questions: how much someone earns, how much they save, what they do with their wealth. Silence around money wasn’t accidental — it served a purpose: maintaining social order and hiding the machinery of a system built on debt and inflation.
Then Bitcoin appeared. For the first time, we had transparent money with clear rules and no intermediaries. An asset that promised to break through opacity and return control to the individual. One would think that such a revolution would sweep taboos away.
But it hasn’t. Even within the Bitcoin world there are silences, gray areas, and uncomfortable issues we tend to avoid. Debates that divide us, questions we dodge, contradictions we would rather not face. As if, in the middle of a revolution for freedom, we had imported some of the same old habits from the system we seek to escape.
This series was born to open those locked drawers. Because if Bitcoin truly represents the tool of freedom, it cannot afford untouchable subjects.
What does “taboo” mean in Bitcoin?
The word “taboo” often evokes primitive superstitions or sacred prohibitions. But here it means something subtler:
Uncomfortable questions no one dares to ask in public.
Debates shut down with dogma, where mantras replace reasoning.
Internal contradictions swept under the rug because they cut too deep.
A taboo is not necessarily false. Often, it’s there because it confronts us with difficult realities, exposes vulnerabilities, or touches sensitive nerves. The problem is not its existence, but the silence around it.
Bitcoin has shown itself to be antifragile: every external attack has made it stronger. But the real fragility may not come from outside, but from within — from what we stop thinking about, from what we censor out of fear of discomfort.
Why talk about taboos now
When it was born, Bitcoin was little more than a marginal, underground experiment. Today, it is a global phenomenon: governments debate it, institutions study it, millions of people use it as a store of value and increasingly as a tool of sovereignty.
That maturity changes the rules of the game. The early enthusiasm is no longer enough. Now it demands critical thinking.
If within the Bitcoin community we turn certain topics into untouchables, we risk repeating the fiat system’s greatest failure: becoming a dogmatic structure, impervious to self-criticism. And that would betray Bitcoin’s very essence.
Breaking taboos does not attack Bitcoin. On the contrary: it is the best way to defend it. The more capable we are of addressing uncomfortable truths, the harder it will be for the system to use them against us.
A suggestive map (without spoilers)
I won’t reveal here the five taboos we will explore in this series. But I can hint at them, because in a way they are already in the air:
Some relate to accessibility: is Bitcoin really for everyone, or are we still repeating a promise that isn’t always fulfilled?
Others revolve around energy: the eternal accusation of its consumption, but also the internal questions about the cost of security.
Some touch on the dimension of time: patience, waiting, blind faith versus conscious discipline.
Others deal with risk and fear: the things we prefer not to look at too closely because they expose our vulnerability.
And then there are internal dogmas: phrases we repeat as absolute truths without stopping to consider whether they can withstand time.
Each taboo is a mirror. Looking into it isn’t comfortable. But discomfort is the engine of growth.
The risk of silence
The fiat system thrived largely thanks to silence. While most people avoided talking about money, financial elites made and unmade the rules at will. That dynamic created generations of docile, obedient, and resigned citizens.
If Bitcoiners fall into the same trap — avoiding uncomfortable topics — we risk building our own cave. One where the shadows of self-deception replace the light of truth.
The danger is not in acknowledging hard questions, but in ignoring them. Because sooner or later, someone will raise them. And if we don’t have honest answers, others will fabricate them against us.
An open invitation
This series does not seek to attack Bitcoin. Nor does it aim to please everyone. Its purpose is more radical: to invite you to think without fear.
Breaking taboos does not weaken — it strengthens. Speaking of the uncomfortable does not destroy — it liberates. Truth, when real, withstands scrutiny. And Bitcoin, if it truly is the tool of sovereignty, does not need protection from debate: it needs to be forged in it.
The easy thing would be to stay silent and repeat the same mantras. The hard thing is to open space for doubt, critique, and reflection. But that is where the future of this revolution is decided.
Breaking a taboo is not a betrayal of Bitcoin. It is a reminder of why it was born.
Stay close, and let’s keep exploring.
The State Pension Plan is Your Sentence. The Bitcoin Plan, Your Escape.
The State Pension Plan is Your Sentence. The Bitcoin Plan, Your Escape.
The system offers you a retirement based on debt and paper. Bitcoin gives you the possibility of a future with sovereignty and real value.
Introduction: the broken promise of “we’ll take care of you”
For decades you’ve been told the same mantra: contribute, pay into a plan, and the State/manager will guarantee you a peaceful retirement. The reality is different: public systems under demographic strain, fiat assets losing purchasing power, fees eating into your savings, and rules that change halfway through the game.
If your “future plan” depends on promises made by others, it isn’t a plan: it’s a gamble. The alternative isn’t a techno-utopian fantasy; it’s a sovereign savings strategy with clear rules, limited supply, and no permission required. It’s called Bitcoin.
👉 This article is not just an analysis, but also a step-by-step guide to designing your own Bitcoin retirement plan.
1) Why the traditional pension plan condemns you
a) Structural inflation. Your contributions are measured in a currency that loses value every year. If your nominal return barely beats real inflation, you’ll save for 30–40 years to end up almost the same (or worse after taxes).
b) Fees and illiquidity. Between management costs, custody fees, and “hidden charges,” your net returns erode. And if you need the money, it’s not up to you: there are locks, penalties, and restricted withdrawal windows.
c) Regulatory risk. The rules are not written by you. Tax benefits can change, retirement ages can be extended, and investments can be forced into “socially responsible” funds that dilute returns.
d) Sequence risk. If markets crash right before you retire, you lose years of work. In traditional plans, you can’t move quickly or protect yourself without selling at a loss.
2) What changes with a “personal plan” in Bitcoin
It’s not a regulated product or a glossy brochure with fine print. It’s a disciplined savings strategy (DCA) in an asset with a fixed supply (21M), resistant to censorship, with self-custody.
Regular contributions (DCA). Set a monthly amount and forget the price. Volatility, with a long horizon, works in your favor.
Sovereign liquidity. 24/7 access. No one asks permission to use your savings.
Limited supply. Bitcoin has no committees deciding to print more.
Optional: collateralization. If you ever need fiat without selling, you can take a loan with BTC as collateralprudently (low LTV), avoiding tax hits and keeping exposure. (Requires caution and risk management).
Real ownership. With self-custody, you are the effective owner. No custodian bankruptcies dragging you down.
It’s not magic; it’s design: open rules, programmed scarcity, and key sovereignty.
3) The numbers, without smoke and mirrors: constant euros (today’s value)
To make the contrast clear, let’s take a base case: You contribute €200/month for 30 years.
Scenario A: traditional plan
Suppose 5% nominal before fees, 1.5% in fees, and 3% inflation. That leaves ≈0.5% real annual (already discounted for inflation). In today’s euros:
Contributed: €72,000
Final real capital: ≈€77,500
Real gain: ≈ €5,500 in 30 years
Note: Taxes at withdrawal still to be deducted → actual result would be lower.
Scenario B: “personal plan” in Bitcoin (DCA)
Results in constant euros (today’s purchasing power), based on different assumptions of real return over 30 years:
0% real (BTC only matches inflation): ≈€72,000
+5% real: ≈€163,000
+10% real: ≈€412,500
+20% real: ≈€3,088,000
👉 No need to assume a specific BTC price at a future date. What makes the difference isn’t whether it’s worth 50k, 100k, or 200k today, but the real compounded return across decades. DCA mitigates timing risk and makes consistency the real advantage.
4) Objections (and straight answers)
“Bitcoin is too volatile.” In months, yes. In 10–15 year windows, it has historically outperformed fiat significantly. The antidote is DCA + long horizon + backup liquidity (3–12 months of expenses outside BTC) so you don’t sell during downturns.
“It’s not regulated like a pension plan.” That’s precisely why it’s yours. Regulation doesn’t remove risk; it shifts it to third parties. With Bitcoin, risk is managed through custody, operational security, and discipline.
“What if the State changes the rules?” They can change taxation, yes. What they cannot do is alter Bitcoin’s monetary policy or confiscate what they don’t custody. Jurisdictional and operational diversification is part of the plan.
“What if I mistime the market?” DCA removes the timing factor. If you’re still worried, add control layers: don’t overexpose, keep a liquidity buffer, and set rules never to sell in panic.
5) Practical Guide (10 clear steps)
Define the goal. “I want to complement/replace my pension with sovereign savings in 20–30 years.”
Set % of income. 5–20% depending on your situation. The key is consistency, not heroics.
Apply DCA. Automatic regular buying. Don’t chase price or make random adjustments.
Self-custody from the start. Hardware wallet (or multisig) properly set up. No “temporary” custodians.
Robust backups. Seed phrase, passphrase (if applicable), and steel backups stored in different places.
Liquidity buffer. 3–12 months of expenses in cash/fiat/stablecoins so you don’t touch BTC in downturns.
No-sell policy. If you need fiat temporarily, consider BTC-backed loans at very low LTV (≤25–30%) with alert thresholds.
Annual audit. Review security, heirs, and whether your contribution % is still realistic.
Operational security. Clean device, 2FA, firmware updated, whitelists. No photos of seeds.
Manual for your future self (and heirs). Clear document with access instructions (without exposing secrets), policies, and trusted technical contacts.
Reminder: collateralized loans are not essential. If you use them, be prudent: low LTV, ability to top up collateral, and strict stop limits.
6) Real risks (and how to cover them)
Severe volatility. Covered by long horizon + liquidity buffer + consistent contributions.
Custody errors. Covered by training, processes, and testing with small amounts before moving the bulk.
Tax risk. Plan ahead and document contributions. Check your country’s laws before making significant moves.
Platform risk (if borrowing). Choose solvent providers and don’t depend on just one. Diversify and set debt-reduction triggers.
7) Awkward questions (that protect you)
Could you avoid touching your BTC during a 60% drop? If not, you lack a liquidity buffer.
Do you know how to restore your wallet from scratch without help? If not, you need practice.
Would your partner/heirs know how to access if you were gone? If not, you need an inheritance plan.
Do you have written rules for what you’ll never do (sell in panic, raise LTV to “catch the rebound”)? If not, you lack discipline.
8) Related articles
If you want to go deeper:
“BTC as an Emergency Fund: A Lifeline That Never Sleeps.”
“Having Bitcoin Isn’t Enough: Keys to Protect Your Sovereignty in a Hostile World.”
“Bitcoin Won’t Save You. But It Can Give You the Only Tool You Need.”
Conclusion: who guards your future
A state or private pension promises stability… with money that melts away, fees, locks, and political risk. It’s comfortable, yes. But comfort isn’t safety.
Your “personal Bitcoin plan” isn’t a promise; it’s responsibility: contribute monthly, custody properly, build a buffer, and think in decades. You don’t depend on anyone’s benevolence. You depend on your rules and a protocol no one can manipulate.
The difference between sentence and escape lies in who guards your future: the State, or you.
Stay close and let’s keep exploring.
Final note (honesty above all)
This is not financial advice. It’s a sovereign savings strategy with real risks. Do your math, educate yourself, and decide with a cool head. If you apply discipline and design, your future self will thank you.
Bitcoin & the End of the Middle Class:World of Rich Hodlers and Poor Latecomers?
Bitcoin and the End of the Middle Class: A World of Rich Hodlers and Poor Latecomers? The promise of financial inclusion may hide an unexpected effect: Bitcoin as a catalyst for a new social divide.
Introduction
“Bitcoin is for everyone.” The motto has accompanied the expansion of the Bitcoin narrative for more than a decade. It is repeated like a pedagogical mantra: anyone can save in satoshis, from just a few cents to significant amounts, and protect themselves from inflation.
But what if we look beyond this optimistic vision? What if Bitcoin, instead of saving everyone equally, ends up accelerating the disappearance of the middle class and dividing the world into two irreconcilable groups: rich hodlers and poor latecomers?
It’s an uncomfortable idea. A taboo within the community. Yet ignoring this angle would be falling into the same mistake we criticize in the fiat system: hiding real consequences behind a complacent discourse.
1. The Broken Mirage of the Fiat Middle Class
The “middle class” that marked the second half of the 20th century was an exceptional product of a bygone era. Its consolidation rested on three pillars:
Accessible and cheap credit. Families could take out mortgages on reasonable terms and aspire to home ownership.
Job stability. With relatively secure jobs and rising wages, social mobility seemed achievable.
The social contract of the welfare state. Saving in national currency, guaranteed pensions, and promises of a dignified retirement.
Today those pillars are in ruins. Inflation erodes any capacity to save; housing has mutated into a financial asset inaccessible to most; personal and state debt is no longer an exception but the norm; and state pensions are faltering on an unsustainable model.
The middle class has ceased to be a social elevator. At best, it has become a waiting room on the way to precariousness.
2. Bitcoin: The New Elevator… For Those Who Manage to Get On in Time
In this context, Bitcoin appears. A network based on immutable rules, offering something the fiat system cannot: absolute scarcity and resistance to political manipulation.
For those who understand and act in time, Bitcoin is a new social elevator:
It protects against inflation.
It allows saving without relying on banks or governments.
It multiplies value over time thanks to its deflationary nature.
But here comes the uncomfortable question: what about those who don’t make it?
In 2025, according to Glassnode and Gemini, 216 centralized entities —including exchanges and ETFs— control around 30% of Bitcoin’s supply. At the same time, small investors have increased their participation, absorbing more of the newly mined supply in recent years. This indicates a more equitable distribution compared to 2021, when 2% of entities controlled about 71.5% of the total.
What for some is a stairway to sovereignty, for others may become an unscalable wall.
3. The Inclusive Promise vs. The Exclusionary Reality
The official narrative insists: “Bitcoin is for everyone.” And technically, that’s true:
Anyone can start with just a few satoshis.
The network does not discriminate.
No permission or intermediaries are required.
The only essential thing is to control your keys. For that, the best option is to use a hardware wallet, which allows you to custody your BTC without depending on anyone.
But the social reality is harsher:
The majority of wallets hold less than 0.01 BTC, while only a minority have more than 1 BTC, according to BitInfoCharts and Glassnode.
With Bitcoin around €99,000–124,000 in 2025, the economic barrier multiplies for newcomers.
Financial education is still absent: we were taught to obey, not to understand money.
The result is a radically fair system… but also ruthless. No bailouts, no central banks leveling inequalities. Those who don’t act will be left behind.
4. A New Aristocracy: From Land to Satoshis
History resonates with irony. In the past, feudal societies were dominated by those who inherited land, while the majority depended on daily labor to survive.
In the future, we could see a parallel:
A minority of hodlers with large holdings, able to live off collateral interest, inherit fortunes, and fund projects.
A majority who never accumulated enough and must keep working in the fiat periphery or survive with marginal satoshis.
The leap is not toward an egalitarian paradise, but toward a radical redistribution of power based on anticipation and action.
Unlike feudalism, Bitcoin offers some mobility: anyone with internet access can open a wallet. However, with 20% of the supply estimated lost forever and increasing concentration in financial institutions, the gap could consolidate into a new digital aristocracy.
5. Comparison with the Fiat System
In the fiat system, the top 1% controls approximately 50% of global wealth (Credit Suisse, 2021). Bitcoin, meanwhile, has a Gini coefficient estimated between 0.64 and 0.73. This shows inequality that is comparable or even greater, though with a key difference: the network imposes no entry barriers.
The problem is not Bitcoin’s design but the lack of education and access to technology in large parts of the world. Without mass financial literacy, fiat’s inequality patterns could be replicated within the Bitcoin standard.
6. The Temporal Leap: A Structural Divide
The example is clear: someone who bought 1 BTC in 2013 for just €100 is in another league compared to someone buying in 2025 at nearly €100,000.
The difference is not anecdotal: it’s structural in a fixed-supply asset. While anyone can still buy satoshis, significant accumulation becomes harder over time.
Institutional adoption—like ETFs, which by 2024 already held over 1.1 million BTC—may stabilize the market but also intensifies competition for a scarce resource.
7. Criticisms and Tensions Within the Community
This angle generates friction even among convinced bitcoiners. The responses are often the same:
“Bitcoin is inclusive, anyone can enter.” —True, but not everyone will, nor under equal conditions.
“The price doesn’t matter, what matters is saving.” —Yes, but when 1 satoshi is perceived as “inaccessible,” the cultural barrier will be massive.
“The future belongs to those who prepare.” —Perhaps, but isn’t that just economic Darwinism taken to the extreme?
The risk of denying this conversation is getting trapped in a narrative as illusory as fiat: promising universal inclusion without analyzing the real inequalities that may arise.
Conclusion
Bitcoin is not a collective savior. It is a tool of clear rules where each individual decides whether to enter or stay out.
That neutrality is what makes it fair. But it also makes it merciless with passivity. There will be no bailouts for latecomers. No subsidies for those who arrive too late.
The real taboo is this: The orange revolution will not save everyone. It will only save those who choose to save themselves.
📢 If you want to dive deeper into how obedience to the system condemns you to fall behind, I recommend reading: “The Invisible Cost of Obedience: Why Postponing Your Life in the Fiat System Never Pays.” - https://medium.com/@kiracoco/the-invisible-cost-of-obedience-why-postponing-your-life-in-the-fiat-system-never-pays-868433a236d2
Stay close and let’s keep exploring. 🧡
Article in Spanish: https://kiracoco.substack.com/p/bitcoin-y-el-fin-de-la-clase-media
Invisible Cost of Obedience:Why Postponing Life in the Fiat System Never Pays
The Invisible Cost of Obedience: Why Postponing Your Life in the Fiat System Never Pays.
From the Mirage of Traditional Investments to the Clarity of Bitcoin: When You Realize Blind Patience Is Just Submission.
Introduction
“Obedience has an invisible cost: postponing your life while waiting for a better future.”
The phrase may sound philosophical, but it reflects a reality that millions live without questioning. In the fiat system, obedience means accepting the rules of the game: work, save in national currency, invest in conventional financial products, and be patient—trusting that tomorrow will be more prosperous. For decades, this narrative has convinced many that traditional investments—pension plans, stocks, bonds, funds—were the most “rational” way to manage money.
But that promised future comes with a trap: once you subtract inflation, taxes, and the erosion caused by the system itself, you realize obedience doesn’t bring you closer to financial freedom—it keeps you on a treadmill that never stops. Patience turns into resignation, and waiting becomes a silent cost.
Bitcoin breaks that paradigm. It doesn’t promise miracles, but it offers a present built on clear rules: 21 million, self-custody, sovereignty. It’s not about blind faith, but about understanding. And when you see it, you realize blind patience is just another form of obedience.
1. The Mirage of the Fiat Promise
The traditional financial system sells a very seductive narrative: if you invest consistently, you will always win in the long run. Stocks, bonds, retirement plans, or funds are presented as the ideal tools. Diversification, professional management, historical returns—it all sounds solid.
The problem is that this narrative ignores two key elements: inflation and the real costs of staying inside the system. The gross return of a financial product may look attractive, but once you discount the purchasing power lost in the currency you’re investing in, the picture changes radically.
Examples of the Mirage: Nominal vs. Real
To see it clearly, look at historical data:
U.S. – S&P 500 (2000–2020): the index went up about 130% nominally. But inflation over that period was more than 50%. The real increase in purchasing power was far lower than the chart suggests.
Spain – Traditional investment funds (1999–2019): the average annual return was 3.3%. Subtracting average inflation of around 2.1%, the real gain was barely 1.2% per year. Almost nothing after two decades of “obedience.”
European pension plans: many promise 5% annualized over the long term. But once you subtract inflation and taxes at withdrawal, the net result is closer to 1–2% real. In some cases, even negative.
What looks like growth on a chart is, in many cases, a statistical illusion. The return celebrated in nominal terms dissolves when measured in the only thing that matters: real purchasing power.
It’s the trap of obedience: accepting the promise of the future without questioning what’s happening in the present. While you wait, the system silently erodes your effort. It’s an invisible, but constant, cost.
2. Blind Patience: Virtue or Trap?
In fiat financial culture, patience is elevated as the supreme virtue: “hold, don’t sell, trust the long run.” But in reality, that patience is often blind. Blind because it’s placed in a system designed to devalue. Blind because it ignores the inherently inflationary nature of fiat money.
The price of blind patience is lost time. Decades waiting for the future to improve, while the present slips away. It’s obedience to the status quo disguised as prudence.
Bitcoin, by contrast, proposes a different kind of patience: not passive or resigned, but informed and active. A patience based on immutable rules, not institutional promises.
3. The Turn Toward Bitcoin
Many who started with traditional financial products have lived the same epiphany: discovering Bitcoin and realizing the game changes completely.
Investing in Bitcoin is not just “buying an asset.” It’s stepping out of the logic of fiat obedience and into a new terrain. Here, the promise doesn’t depend on governments or central banks: it depends on mathematics and distributed consensus.
Concrete examples:
Savings in BTC are shielded from the programmed inflation of fiat currencies.
You can use it as collateral to obtain liquidity without selling your holdings.
It allows you to send value globally, without permission—even under financial censorship.
The turn toward Bitcoin is not just a change in strategy, but in paradigm: stop postponing life, waiting for the system to fulfill its promises.
4. Obedience vs. Sovereignty
Obeying the fiat system means:
Working more hours to sustain money that loses value every year.
Paying rising taxes without questioning where your effort goes.
Accepting that retirement will come someday… even if that “someday” is increasingly uncertain.
Sovereignty, by contrast, means:
Choosing money whose value doesn’t depend on arbitrary decisions.
Holding your own wealth without intermediaries.
Regaining control of the present instead of living on future promises.
Obedience has an invisible cost: it steals your life today. Sovereignty, though uncomfortable, gives you back responsibility and freedom from the very first moment.
5. Criticism and Challenges
This vision is not without critics:
“Bitcoin is pure speculation”: in reality, the real speculation is believing fiat bills will maintain their value over time.
“The long run always rewards traditional markets”: that may be true nominally, but real purchasing power tells a different story.
“Putting everything into Bitcoin is too risky”: it is, if you view it through a fiat lens. From a Bitcoiner perspective, the true risk is staying in a decaying system.
That said, embracing Bitcoin doesn’t mean doing it blindly. It requires education, self-management, risk awareness, and informed patience. It’s not an automatic salvation, but a powerful tool.
Conclusion
The invisible cost of obedience is the time and life you lose while waiting. In the fiat system, that obedience translates into decades of work, forced saving, and promises of a future that never arrives.
Bitcoin offers another path: not blind patience, but conscious sovereignty. A tool that allows you to take back control today, without waiting for favors from a system designed to wear you down.
The real question is no longer whether Bitcoin is risky, but: how much longer are you willing to pay the invisible cost of obedience?
The Cave of Money: Between Fiat Shadows and the Light of Bitcoin
The Cave of Money: Between Fiat Shadows and the Light of Bitcoin
A reflection on how the system keeps us hypnotized with illusions, and what it means to step into financial sovereignty.

Introduction – An image that reveals the truth
There are images that speak louder than a thousand words. A group of people sit trapped underground, chained and staring at a projected dollar sign on the wall. A dark, skeletal figure – almost death itself – operates the projector. Above, one prisoner dares to climb toward the light: a sun glowing with the Bitcoin symbol, surrounded by nature, life, and strong roots.
The scene inevitably recalls Plato’s allegory of the cave: human beings who mistake shadows for reality, unable to see the world as it truly is. Today, that cave is the fiat system. The question is clear: do we choose to remain chained to illusion, or do we dare to climb toward the truth, even if it hurts?
1. The theater of fiat: living through projections
Fiat money is, in essence, a projection. It has no backing, only forced faith in governments and central banks. Screens repeat mantras: moderate inflation is good, infinite growth is necessary, debt is normal. Everyone accepts it as dogma, even when the simplest logic contradicts it.
The dark figure projecting the dollar in the image is the perfect summary: the system feeds on our obedience. And like any theater, it only survives as long as the audience keeps watching.
2. The prisoners: addiction and resignation
They stare at the dollar symbol as if it were the only reality. They ignore the trash around them, the bones beneath their feet, and the misery consuming them. It’s the perfect metaphor for today’s society: indebted, numbed by empty entertainment, resigned to an increasingly fragile future.
And here’s the disturbing part: many don’t want to leave. Because staring at the screen is easier than facing the harshness of reality. Modern slavery doesn’t always need visible chains; sometimes it’s enough to convince you there’s no alternative.
3. Historical caves of money
This is not the first time humanity has been chained to monetary illusions. When Nixon closed the gold window in 1971, the whole world was trapped in a cave of paper without backing. Since then, the shadow of the dollar has been mistaken for light.
In Argentina, entire generations have watched the screen of a peso in constant devaluation. In Venezuela, millions saw their savings evaporate but kept staring at the theater of the bolívar until there was nothing left to perform. In Turkey, the lira has bled out in just a few years, and yet most of the population still trusts the very system that betrayed them.
In every case, only a minority sought an exit: gold, dollars, barter… and today, Bitcoin. History shows that the majority prefer the comfort of the cave, even as it collapses.
4. Fear as the invisible chain
Why is it that, even when they see the exit, most don’t dare to climb? The answer is fear. Fear of making a mistake. Fear of losing what little they have. Fear of volatility, even though inflation is a certainty.
The culture of “better the devil you know” is the true cement of the chains. Meanwhile, banks and governments feed this paralysis by promising security in exchange for obedience. Fear is so effective it doesn’t even need bars – it just installs the idea that leaving is dangerous.
5. The difficult path to the light
One prisoner dares to climb. He has no guarantees, only hope. Leaving the cave means unlearning, questioning everything we were taught about money, work, and security. It’s tough, because it means abandoning the comfort of the shadows.
Here lies the key lesson: buying Bitcoin and waiting for miracles is not enough. Leaving also requires a change of mindset, learning digital sovereignty, and taking personal responsibility. Freedom is not given – it is earned.
6. Bitcoin as sun and root
On the surface, everything changes. The sun with the Bitcoin symbol illuminates a fertile landscape, full of life and possibility. The tree with deep roots symbolizes solid growth, stability, and connection with reality, against the artifices of fiat.
Bitcoin is not just an alternative money: it is a new language that connects us with the truth of limits. A system with clear, transparent, immutable rules. A refuge from manipulation and a tool for rebuilding new forms of community, trust, and prosperity from the ground up.
7. The other side of the sun: radical responsibility
But beware: leaving the cave is not a fairy tale. The light of Bitcoin can also blind those who are unprepared. No one will rescue you if you lose your keys. No one will reimburse you if you trust the wrong custodian.
Sovereignty carries weight: discipline, learning, maturity. Perhaps that is why many reject Bitcoin – not because they don’t understand it, but because they’re not willing to shoulder that much responsibility. Radical freedom is uncomfortable, and fiat thrives on that weakness.
Conclusion – The decision to leave the cave
The image is clear: Remaining in the shadows is easy, but it consumes you little by little. Climbing toward the light is hard, but it opens the possibility of truly living.
Bitcoin doesn’t save anyone by itself: what it offers is the opportunity to see the world as it really is. The rest is up to us: remain chained to fiat illusions, or dare to walk toward sovereignty.
The decision, as always, is individual.
Stay close, and let’s keep exploring.
🟧 Bitcoin no te va a salvar.
Y si crees que sí, eres parte del problema.
No es magia.
No es un dios.
No es la excusa para seguir sin hacer nada.
Te da la herramienta para salirte del juego… pero no va a jugar por ti.
Si no aprendes, si no actúas, si no asumes la responsabilidad, da igual que tengas 1 Sat o 1.000 BTC: Seguirás siendo esclavo.

📖 Aquí lo explico sin adornos:
https://kiracoco.substack.com/p/bitcoin-no-te-va-a-salvar-pero-puede
Bitcoin Won’t Save You. But It Can Give You the Only Tool You Need.
Bitcoin Won’t Save You. But It Can Give You the Only Tool You Need. It’s not magic, not a miracle, not a total solution. But it’s the beginning of everything that matters: sovereignty, responsibility, and truth.

Introduction: The Myth of Salvation
“Bitcoin fixes this.” It’s a phrase that circulates easily in some corners of the ecosystem. An optimistic, almost messianic catchphrase. And yet, it’s not true.
Bitcoin won’t save you. It won’t protect you. It won’t reward you for being a good person.
What it does is much more raw—and far more real: it puts you in front of a mirror.
It won’t fix your life, but it will show you how the system has been destroying it. It won’t make you free, but it will return the tools you need to be free—if you’re willing to take on the responsibility.
Bitcoin doesn’t fix everything. But it changes the starting point for everything that matters.
1. What Bitcoin CANNOT Do for You
Bitcoin won’t eliminate corruption. Bitcoin won’t cure ignorance. Bitcoin won’t heal your emotional wounds. Bitcoin won’t take away your fear of acting. Bitcoin won’t replace your effort or your judgment.
Bitcoin won’t do for you what you refuse to do for yourself.
And that’s something many people aren’t ready to accept. Because fiat doesn’t just create financial dependency—it creates psychological dependency.
We’ve been trained to wait for external solutions. To delegate. To obey. To demand without building.
And when someone discovers Bitcoin, they risk doing the same: projecting onto it the desire for it to “fix everything.”
But Bitcoin cannot save you if you’re unwilling to let go of the victim role.
2. Real Cases: When the Tool Isn’t Enough
The tool can be right there. But if you don’t use it, nothing changes.
People who hoard BTC like a talisman but remain trapped in debt, fear, or a scarcity mindset. Governments that adopt Bitcoin but keep authoritarian, opaque, or corrupt structures in place. Companies that accept BTC for marketing purposes, while operating under fiat logics of control and surveillance.
The problem isn’t Bitcoin. The problem is what each person chooses to do with it.
3. What DOES Change Forever
What Bitcoin offers you isn’t redemption—it’s real power.
Permissionless ownership.
Borderless sovereignty.
Transparent, immutable rules.
Time that regains its meaning.
Money no one can manipulate at your expense.
And above all: the possibility of exiting the game—if you’re willing to face the consequences.
Bitcoin doesn’t promise that everything will go well. It promises that no one can stop you from building a different life.
That’s the real revolution.
4. What If You Don’t Need Salvation—But Responsibility?
Bitcoin isn’t the only system that promises to fix your life. So do:
Politicians, in exchange for obedience.
Religions, in exchange for blind faith.
Big Tech, in exchange for your data and your freedom.
Bitcoin promises you nothing. It only offers you tools.
And in that absence of promises, there’s a brutal truth: There is no freedom without responsibility.
That’s why Bitcoin makes people uncomfortable—because it doesn’t console you. It confronts you.
5. The Risk of Turning It into an Idol
Sometimes, Bitcoin discourse slips into a kind of cult. It’s expected to solve poverty, injustice, state power, people’s fear.
But that isn’t freedom—it’s infantilism dressed up as rebellion.
Bitcoin is not a god. It’s a tool. And like any tool, it can be left in the drawer… or it can become the starting point of a different life.
Expecting it to fix everything is just another way of doing nothing.
Conclusion: Bitcoin Won’t Save You, But It Can Set You Free
Bitcoin won’t save you. But it can give you the only tool you need to save yourself.
It’s not a promise. It’s not a guarantee. It’s a real possibility—one that demands maturity, learning, action, and responsibility.
And for that reason, it’s not for everyone. Only for those willing to stop waiting for messiahs… and start living as free individuals.
It’s not the magic solution. It’s the starting point for all real solutions.
- Link to article in Spanish: https://kiracoco.substack.com/p/bitcoin-no-te-va-a-salvar-pero-puede
Bitcoin as Real Dissent
https://medium.com/@kiracoco/bitcoin-as-real-dissent-7ecdb3a7f749
Bitcoin as Real Dissent You don’t need to shout in the streets if you’re already disobeying with your money.
Introduction
The system can tolerate many things. Protests, slogans, banners. Even elections that promise to change it from within. But there’s one thing it cannot allow: that you ignore it. That you stop depending on it. That you no longer need it.
That’s where real dissent begins. And that’s why Bitcoin is so uncomfortable.
Because it doesn’t seek to overthrow the fiat system. It simply stops using it. And that makes it a silent, yet deeply threatening force.
1. Performative vs. effective dissent
Today, everyone looks like a rebel. Social media is full of protests, outrage, and calls for change. But most of that “dissent” still happens within the rules of the system: demanding more regulation, asking for justice through official channels, voting in hopes that something changes.
Bitcoin, on the other hand, offers something radically different: an active exit.
It’s not about protesting against the financial system. It’s about no longer relying on it. And that, even if it makes no noise, is infinitely more transformative.
While some shout for justice that never comes, others are building outside the framework that prevents it.
Bitcoin isn’t seeking attention. It’s building autonomy.
2. Bitcoin as monetary civil disobedience
Choosing Bitcoin is an act of disobedience that doesn’t need slogans. You don’t block roads, clash with police, or appear on the news. But what you’re really saying is:
I don’t want money that can be printed without limits.
I don’t want banks that can freeze my funds.
I don’t want a system that forces me to identify myself just to use my own money.
It’s a deeper kind of disobedience: it doesn’t confront power—it ignores it. And that structural indifference is what destabilizes it most.
“True disobedience isn’t shouting louder. It’s refusing to obey where the system can no longer force you.”
This kind of resistance doesn’t need banners. It has private keys.
3. Why the system cannot tolerate it
The system doesn’t fear criticism. In fact, it absorbs it—it allows a degree of dissent to reinforce its own legitimacy. But it cannot digest what it cannot control.
And Bitcoin cannot be controlled:
It has no leaders or spokespeople.
It doesn’t depend on borders or jurisdictions.
It cannot be censored or reversed.
That’s why the attacks are not technical, but rhetorical: it’s called “volatile,” “criminal,” “polluting.” Not because it is—but because they can’t absorb it.
Bitcoin doesn’t ask for permission. And that autonomy, ultimately, is what most threatens a system based on control and obedience.
This is already clear in many countries. In Nigeria, after the EndSARS protests, the government froze activists' bank accounts. The alternative? Bitcoin. In Iran, dissidents and women’s rights activists have received funding via Lightning when official channels were blocked. In Cuba, thousands live under financial restrictions and use Bitcoin to get paid, receive remittances or run small businesses.
This isn’t theory. It’s happening. And the system knows it.
4. Economic obedience: the most effective form of submission
You don’t need repression if you can program obedience into daily life. And that’s exactly what the fiat system does:
It offers you “free money” through debt.
It rewards you for using traceable payment systems.
It excludes you if you don’t comply with its rules.
The result: millions trapped in a system they believe they chose—when in fact, they’re just following a path built for them.
Buy now, pay later. Sign a 30-year mortgage. Work to fund a government you can’t stand. Is that freedom?
Bitcoin is uncomfortable because it doesn’t fit into that logic. You can’t inflate it. You can’t reverse it. You can’t manipulate it. You can only accept what it is—or ignore it until it’s too late.
And those who choose to use it are quietly breaking the logic of obedience that holds the system together.
5. The invisible dissent that keeps growing
Bitcoin doesn’t need marketing. Its growth is silent, but constant. It’s being adopted by people who aren’t making noise, but who are already opting out:
Savers in hyperinflated economies.
Activists under authoritarian regimes.
Entrepreneurs denied access to traditional banking.
Every time someone uses Bitcoin without asking for permission, every time a transaction occurs without state authorization, the system loses power.
It’s an invisible erosion—but an unstoppable one. A form of dissent that doesn’t need slogans, because it runs on code.
And as I explained in the article “Bitcoin doesn’t enslave. It liberates”, this is not a future utopia. It’s already happening—right now, in the margins that the system can no longer control.
6. The loneliness of dissent: the cost of freedom
Choosing Bitcoin isn’t easy. There are no user manuals, no official help desk, no guarantees.
And far less understanding from those around you.
Your friends will call you radical.
Your parents will say it’s dangerous.
Your financial advisor will label it “highly speculative.”
But over time, you realize that sovereignty is uncomfortable, because it leaves you alone with your choices. No one can assume that responsibility for you.
And yet, it’s also deeply liberating. Because when you stop depending, you start building from authenticity—not obedience.
7. Silent resistance throughout history: from books to code
History is full of forms of resistance that weren’t violent—but were powerful:
The Soviet samizdat: underground circulation of banned books.
Pirate radio stations during Latin American dictatorships.
Secret schools preserving forbidden languages and culture.
Bitcoin is part of that tradition: a way to preserve, communicate, and transfer value outside imposed structures.
It doesn’t shout. It doesn’t fight. But it transforms.
You don’t need permission to use it. Only willingness.
And that makes it a real tool of resistance—not one made of cardboard.
8. Choosing Bitcoin means quitting the game (and owning the cost)
It’s not easy. Bitcoin doesn’t promise safety, stability, or guarantees. There’s no office, no customer support, no bailouts.
But it gives you something no fiat system ever can: sovereignty.
And that comes with responsibility. Because when no one can stop your transactions, you are the only one responsible for protecting them.
Many aren’t ready for that. But those who are have understood that freedom isn’t requested. It’s taken.
And you don’t ask for permission to be free. You act.
Conclusion
Bitcoin isn’t a revolution waving flags. It’s a quiet rupture.
It doesn’t seek to confront the system. It renders it irrelevant. Not to destroy it—but to make it obsolete.
That’s what makes it so powerful: it lets you exercise freedom without having to negotiate with power.
Choosing Bitcoin is a real act of dissent. Not because you say so… but because you no longer depend on what you criticize.
You’re not at war. You’ve simply walked away.
And that personal, quiet, persistent choice is what most erodes the system—because it can’t stop it, reverse it, or buy it.
Bitcoin is the way out. But it’s also proof that life exists beyond control.
A Day in Lugano Using Bitcoin
https://medium.com/@kiracoco/a-day-in-lugano-using-bitcoin-9e03b6998e21
¿Y si el dinero fiat te está esclavizando y ni siquiera lo notas?
Bitcoin no es una utopía.
Es una herramienta de liberación.
Pero no te va a salvar.
Y por eso mismo, puede darte libertad. 🧵👇

1.
El dinero fiat no es neutral.
-Te quita poder adquisitivo con inflación
-Te encadena con deuda
-Te condiciona con permisos y vigilancia
Eso no es progreso.
Es control.
2.
Bitcoin no te protege.
No te cuida.
No te premia.
Pero tampoco te traiciona.
No puede devaluarte.
No puede censurarte.
No puede confiscarte… si aprendes a custodiarlo.
3.
Bitcoin exige algo que el sistema fiat no te pide:
Responsabilidad.
Aprender.
Decidir.
Actuar sin permiso.
No es cómodo.
Pero es real.
Y por eso libera.
4.
No todos quieren ser libres.
Muchos prefieren obedecer.
Pero si un día quieres salir del sistema…
Bitcoin va a estar ahí.
Sin condiciones.
Sin pedir permiso.
5.
¿Quieres profundizar esta idea?
Te lo explico con claridad en este artículo:
👉 https://kiracoco.substack.com/p/bitcoin-no-esclaviza-bitcoin-libera
6.
Bitcoin no es dinero fácil.
Es dinero que te exige crecer.
Y por eso no te esclaviza.
Te libera.
Bitcoin Doesn’t Enslave. Bitcoin Sets You Free
https://medium.com/@kiracoco/bitcoin-doesnt-enslave-bitcoin-sets-you-free-fe0c23e53ac6
Bitcoin Doesn’t Enslave. Bitcoin Sets You Free.
Money isn’t neutral. Fiat quietly entrenches dependency, while Bitcoin offers the clearest path to financial self-liberation we’ve ever had.

What if money was the most sophisticated form of control ever invented?
They taught you money is just a tool. That it’s neutral, and what matters is how you use it. But that’s only part of the truth. The money you use shapes your life far more than you think. And fiat money —from the bank, the government, your monthly paycheck— isn’t neutral at all. It’s a system structured in a way that quietly limits your financial freedom.
Not with chains or whips, but with inflation, debt, dependency, and fear. A modern form of enslavement we’ve normalized so deeply… we barely even notice it anymore.
Bitcoin, on the other hand, promises you nothing. It won’t protect you unless you take responsibility. It doesn’t impose rules, but it won’t hold you if you fall. That’s why it doesn’t enslave — because it’s designed to free you, not control you.
1. Fiat: A System Built on Silent Submission
Most people aren’t free. Not because they live under dictatorship, but because they depend on a system that controls their money, their options, and their ability to save or act independently.
Inflation you never voted for
Every year, you lose purchasing power just by holding the official currency. In 2023, the euro lost 5.3% of its value. In countries like Argentina, Turkey, or Venezuela, inflation is outright economic expropriation. No one asked your permission to print more money. No one warned you that your efforts today would be worth less tomorrow. The fiat system punishes saving — silently and relentlessly.
Debt as a built-in leash
We’re pushed into debt from a young age: to study, to buy a home, to “live better.” But debt becomes a leash: it conditions your decisions, makes you predictable, and above all, keeps you dependent on the system. You can’t quit. You can’t emigrate. You can’t start a business… without asking the bank for permission.
Surveillance, restrictions, and control
Think your money is yours? Try sending it abroad. Try withdrawing large amounts in cash. Try living without a bank account. Your money is in custody — monitored, filtered, and conditional. And if your financial profile no longer fits the system’s expectations, you may be excluded without warning.
A design that rewards obedience, not freedom
Fiat is built to serve those who issue it. And they require a population that is docile, predictable, and trapped in cycles of consumption, debt, and dependency. That’s why the system rewards compliance — and punishes sovereignty.
2. Bitcoin: An Architecture of Liberation
Bitcoin won’t save you. It won’t comfort you. It doesn’t reward you for being a good person. But it gives you a way out of the system… if you’re willing to accept the responsibility that comes with it.
And that’s precisely what makes it different. Bitcoin doesn’t act on your behalf. It doesn’t promise protection or rescue. But if you choose to learn, to take custody, and to act — then yes, it can give you the power to save yourself. And that’s far more valuable than any empty promise of safety. It’s about giving you back control.
Fixed supply and immutability
Bitcoin has a hard cap: 21 million. No one can print more. No one can change the rules mid-game. Thanks to blockchain technology, every transaction is public and unalterable. There’s no backdoor, no secret lever of power. Just math, code, and global consensus.
True decentralization
Bitcoin isn’t run by governments, banks, or corporations. It’s maintained by thousands of independent nodes and miners around the world. That makes it resistant to censorship, manipulation, and political interference.
Freedom to transact without borders
You can send value across the world without needing anyone’s approval. You can operate in collapsed economies, in financial dictatorships, in places where the banking system no longer works. In Zimbabwe, Lebanon, Afghanistan, Cuba, or Nigeria, Bitcoin isn’t theory — it’s survival.
Self-custody = real power
Bitcoin gives back what fiat took from you: sovereignty. But that sovereignty isn’t comfortable. It demands that you learn, take responsibility, and manage your own risks without intermediaries. That’s not a flaw. That’s the foundation of freedom.
3. Real Freedom Is Scary
If Bitcoin is so powerful, why doesn’t everyone use it?
Because not everyone wants to be free. Or more precisely: because freedom is scary.
Leaving the system is uncomfortable
Owning Bitcoin means changing how you think. It means walking away from the comfort of “daddy government,” the bank that “takes care of you,” the system that makes your decisions for you. It’s much easier to keep delegating. To keep complaining without taking control.
Bitcoin gives you no one to blame
In the fiat world, if something goes wrong, you blame the government, the bank, the system. With Bitcoin, if you lose your funds or make a mistake, there’s no one to point fingers at. That’s terrifying — especially for people trained to obey rather than decide.
Legitimate obstacles: volatility, education, technology
Bitcoin isn’t perfect. Its price can be volatile. Self-custody demands learning and responsibility. And many people still lack access to financial education or tech tools.
But there are solutions:
The Lightning Network enables fast, low-cost payments.
Wallets are becoming easier to use.
Local communities are training new users from the ground up.
4. Bitcoin Won’t Chase You. But It’ll Be There When You’re Ready
Bitcoin doesn’t evangelize. It doesn’t beg. It doesn’t make promises.
It’s just there — running, available, unstoppable — for those ready to take the leap.
If you don’t use it, nothing happens. The fiat system will welcome you back with open arms. In debt. Under surveillance. Predictable.
But if one day you choose to exit… Bitcoin won’t ask questions.
Conclusion: Freedom Isn’t Given. It’s Practiced.
Bitcoin doesn’t enslave you. Because it doesn’t require obedience. It doesn’t promise returns. It doesn’t offer comfort. It simply provides the most powerful tool for financial sovereignty that humanity has ever seen.
But it’s on you. And only you.
Bitcoin isn’t easy money. It’s money that makes you grow. And that’s the highest form of freedom.
Stay close. There’s more to explore.
- Link to article in Spanish: https://kiracoco.substack.com/p/bitcoin-no-esclaviza-bitcoin-libera
La ignorancia ya no es un fallo.
Es el combustible del sistema.
Y en 2025, no entender cómo funciona el dinero no es un accidente…
Es una rendición.
🧵

1.
“No entiendo de dinero.”
“Bitcoin es muy complicado.”
“Eso no va conmigo.”
¿Seguro que no entiendes?
¿O simplemente prefieres no mirar?
2.
El sistema necesita que no pienses.
Que obedezcas, que consumas, que te distraigas.
Y si encima lo haces convencido… mejor.
3.
La ignorancia ya no es neutra.
Es funcional.
Hace que el robo parezca normal.
4.
Bitcoin no es solo una herramienta.
Es un espejo.
Y a muchos les incomoda porque les muestra lo que no quieren asumir:
que vivir como esclavo también puede ser una elección.
5.
La mayor trampa no es que te roben.
Es que te entrenen para no hacer preguntas.
6.
No saber es humano.
No querer saber…
es servidumbre voluntaria.
El artículo completo está aquí:
https://kiracoco.substack.com/p/el-precio-de-la-ignorancia-y-si-el
#DesobedienciaFinanciera
🧵 El precio de la obediencia
Te enseñaron que cumplir te protege.
Que seguir las reglas es lo correcto.
Que ser un buen ciudadano te da seguridad.
Pero… ¿y si obedecer fuera justo lo que te está quitando libertad?
👇

1.
Obedecer parece sensato.
Lo haces porque toca.
Porque todos lo hacen.
Porque no quieres líos.
Pero ese hábito (tan cotidiano como invisible)
tiene un coste.
Y nadie te lo enseñó a calcular.
2.
Obedecer te sale caro.
Y no hablamos solo de dinero:
⏳ Tiempo hipotecado en rutinas que no elegiste
🧠 Fatiga mental por cumplir sin cuestionar
📉 Decisiones limitadas por burocracias y permisos
🧾 Ahorros erosionados en monedas inflacionarias
3.
Nos han convencido de que ser obedientes nos vuelve ciudadanos ejemplares.
Pero en realidad, nos vuelve predecibles.
Dependientes.
Sumisos.
Obedecer sin pensar no es responsabilidad.
Es perder soberanía sin darte cuenta.
4.
Lo más cruel: el sistema ni siquiera protege a quienes cumplen.
→ El que más tributa es el más vigilado
→ El que más ahorra en fiat es el más castigado
→ El que más confía… es el primero en caer si cambian las reglas
5.
¿Y por qué seguimos obedeciendo?
Porque da comodidad.
Porque “es lo normal”.
Porque parece seguro.
Pero esa seguridad es una ilusión.
Una jaula de cristal.
Y cuanto más cómoda… más difícil es verla.
6.
Bitcoin no te libera automáticamente.
Pero te hace una propuesta radical:
📍No pidas permiso
📍No delegues tus decisiones
📍No aceptes reglas que no elegiste
No se trata de huir.
Se trata de dejar de obedecer por inercia.
7.
Bitcoin no es evasión.
Es claridad.
Es una grieta en la obediencia sistémica.
No es para escapar del mundo,
es para reconstruirlo con otros principios.
🧠 Todo esto lo exploro con más profundidad en el artículo completo:
“El precio de la obediencia: cuánto cuesta seguir las reglas del sistema”
🔗 https://kiracoco.substack.com/p/el-precio-de-la-obediencia-cuanto
🧵 La falacia de Gresham en #Bitcoin: ¿de verdad no deberías gastar tus Sats?
Muchos repiten que “el dinero malo expulsa al bueno” como excusa para no usar BTC.
Pero esa frase no significa lo que crees.
Y Bitcoin no vive en ese mundo.
Vamos a desmontar uno de los dogmas más repetidos del #Hodl extremo. 👇

1.
La famosa Ley de Gresham dice que, cuando dos monedas tienen el mismo valor nominal pero distinto valor real, la gente gasta la mala y guarda la buena.
Eso solo pasa cuando ambas son de curso legal forzoso.
¿Tiene algo que ver con Bitcoin?
No.
2.
Bitcoin no es de curso legal en ningún país.
No hay equivalencia forzada con el fiat.
No tiene valor nominal decretado.
Su valor es libre, su aceptación es voluntaria y su uso es opcional.
3.
Entonces, ¿por qué se repite tanto?
Porque el #HODL se ha convertido en una cultura.
Y muchas personas asumen que gastar Sats es “matar a la gallina de los huevos de oro”.
Pero eso es una interpretación emocional.
No una ley económica.
4.
¿Tiene sentido ahorrar en BTC?
Claro.
– Es escaso (21M)
– Tiende a apreciarse
– Protege frente a inflación
– Es volátil
– Y tiene costes de transacción
Todo eso justifica ahorrar BTC.
Pero no convierte en hereje al que lo usa.
5.
Usar Bitcoin también tiene sentido.
– Fortalece la red
– Fomenta adopción real
– Cumple la visión P2P de Satoshi
– Impulsa economías circulares
– Democratiza el acceso (no solo hodlers tempranos)
Bitcoin fue hecho para usarse.
6.
¿Y si no quieres vender tu stack?
Hay una estrategia para eso:
🔁 Spend & Replace
– Pagas con BTC
– Y lo recompras al instante con fiat
Así participas en la Economía Bitcoin sin reducir tu exposición a largo plazo.
7.
Ejemplos reales:
– Comprar una gift card en Bitrefill con BTC
– Adquirir libros en tiendas que aceptan Sats
– Pagar a un freelance y reponer
– Apoyar proyectos o creadores en clave Valor por Valor
Todo eso también es usar Bitcoin.
8.
La Ley de Gresham no justifica no gastar BTC.
No se aplica.
No encaja.
Y repetirla sin pensar no te hace más listo.
Bitcoin no es una reliquia para atesorar.
Es una herramienta para usar con intención.
9.
¿Quieres ahorrar? Perfecto.
¿Quieres usarlo? También.
¿Quieres hacer ambas? Aún mejor.
#Bitcoin no impone. #Bitcoin propone.
La diferencia no está en lo que haces.
Está en si lo haces por miedo… o por estrategia.
10.
¿Gastar Sats es un pecado? ¿Y si todo ese discurso sobre la Ley de Gresham fuera solo una excusa disfrazada de teoría?
Muchos la citan. Pocos la entienden.
👉 Aquí desmonto el dogma del Hodl extremo y te explico por qué usar BTC también es soberanía:
🔗 https://kiracoco.substack.com/p/la-falacia-de-gresham-por-que-no
Quédate cerca y sigamos explorando.
Bitcoin no exige que todos hagan lo mismo.
Unos acumulan.
Otros gastan.
Otros minan.
Otros programan.
Otros enseñan.
Otros validan el consenso.
Y sin embargo, todos, a su manera, sostienen Bitcoin.
Hoy te muestro por qué 🧵

1. Uno de los debates eternos en Bitcoin:
¿Acumular o usar?
¿Gastar o guardar?
En realidad, Bitcoin es fuerte precisamente porque admite diversidad de roles.
Todos aportan desde su lugar.
Veamos cómo funciona esa pluralidad 👇
2.
Los que acumulan: la reserva de confianza
• Reducen la oferta.
• Sostienen el precio.
• Fortalecen la escasez.
• Crean reservas estratégicas privadas.
Su hodl no es inmovilismo: es estabilidad de largo plazo.
3.
Los que gastan: la red en movimiento
• Validan su uso como dinero real.
• Alimentan la economía circular.
• Ponen a prueba Lightning y soluciones de escalado.
• Demuestran que no es un activo muerto.
El uso cotidiano también es parte de la adopción.
4.
Los que minan: columna vertebral económica
• Compiten para añadir bloques.
• Dispersan el poder de cómputo.
• Invierten en energía e infraestructuras.
• Sostienen los incentivos del protocolo.
Sin minería no existiría el modelo actual de Bitcoin.
5.
Los que desarrollan: construir el futuro
• Crean wallets, herramientas de privacidad y escalabilidad.
• Mejoran la experiencia de usuario.
• Mantienen el código base.
• Innovan en cada capa tecnológica.
Bitcoin avanza gracias al desarrollo continuo.
6.
Los que educan y divulgan: abrir caminos
• Forman a nuevos usuarios.
• Rompen mitos.
• Acercan la soberanía digital.
• Protegen a los nuevos de errores.
Sin divulgación, no hay adopción masiva.
7.
Los que observan: la próxima generación
• Amplían el alcance del mensaje.
• Mantienen viva la curiosidad.
• Son los futuros usuarios activos.
Muchos empezamos simplemente observando.
8.
Los que operan nodos: guardianes del consenso
• Verifican transacciones y bloques.
• Rechazan intentos de manipulación.
• Protegen las reglas inmutables.
• Garantizan la descentralización real.
Los nodos son el último escudo del protocolo.
9.
Bitcoin es antifrágil porque no todos hacen lo mismo.
La diversidad de roles es su mayor fortaleza.
Cada uno aporta desde donde puede.
Y todos, juntos, mantienen vivo el sistema.
10.
He desarrollado este tema en profundidad aquí:
👉 Cada uno a su manera: así se sostiene Bitcoin:
https://kiracoco.substack.com/p/cada-uno-a-su-manera-asi-se-sostiene
Además, en un hilo anterior exploré la otra cara de esta historia:
cómo la comodidad puede ser la vía sutil hacia el control financiero.
👇
Quédate cerca y sigamos explorando.
No te encerrarán en un campo digital.
Irás solo.
Conectado.
Agradecido.
El nuevo control ya no impone: Seduce.
Y lo hace en nombre de tu comodidad.
¿Te has dado cuenta?
🧵

1.
Ya no hace falta reprimir para controlar.
Ni grilletes ni porras.
Hoy basta con prometer agilidad, seguridad, eficiencia.
Y la gente entrega su libertad con una sonrisa.
El poder se volvió interfaz.
La sumisión, servicio premium.
2.
La vigilancia no llega como amenaza.
Llega como “mejor experiencia de usuario”.
Pagas con un toque.
Te identificas con la cara.
Aceptas las condiciones.
Y sin darte cuenta, también aceptas la obediencia.
3.
No es ignorancia, es rendición.
Sabemos que nos rastrean, programan y pueden desconectarnos.
Pero lo aceptamos por comodidad.
Y esa es nuestra prisión invisible. 🔒
4.
¿De verdad somos libres si solo elegimos entre opciones prediseñadas?
¿Si no podemos rechazar el marco, solo movernos dentro?
Como peces en una pecera transparente:
nadamos felices…
hasta que falta el oxígeno.
5.
Nos vendieron que toda tecnología es progreso.
Pero ¿cuándo votaste por vivir dependiendo de un QR?
Cada automatización nos “ahorra” esfuerzo.
Pero también nos roba soberanía.
La tecnología nunca es neutral.
6.
Hay una herramienta que va contra todo eso.
No te facilita.
Te responsabiliza.
No te protege.
Te exige.
No es cómoda.
Pero es libre.
Se llama Bitcoin. ⛓️✂️
7.
Bitcoin no te rastrea.
No te censura.
No te infantiliza.
Te trata como adulto.
Te da control real, pero a cambio… te pide madurez.
Eso lo hace incómodo.
Por eso es tan valioso.
8.
Cuando todo depende de terceros, todo puede ser revocado.
Y cuando quieras salir… quizá ya no puedas.
El sistema no tendrá que encerrarte:
Tú mismo habrás construido tu cárcel.
9.
Este artículo expone cómo el sistema ha convertido el control en comodidad.
Cómo la vigilancia se normaliza.
Y por qué solo lo incómodo —como Bitcoin— puede devolvernos eso que ya nadie quiere cargar:
Soberanía.
📝 Léelo completo aquí:
👉 https://kiracoco.substack.com/p/la-trampa-del-control-voluntario
10.
La libertad no es una app.
Es una decisión incómoda.
Y un compromiso diario.
Bitcoin es difícil.
Por eso funciona.
Porque te devuelve el mando.
Aunque pese.
¿Estás dispuesto a cargar con tu libertad?
Quédate cerca y sigamos explorando.
#Bitcoin #Libertad
🪞 ¿Qué dice tu Bitcoin de ti?
No es solo dinero. Es un espejo.
Y cada decisión que tomas con tus sats habla más fuerte que tus palabras.
Prepárate para verte reflejado.
🧵 Hilo 👇

1.
🗣️ Tu dinero siempre habla.
Lo que gastas, lo que evitas, lo que acumulas:
todo es lenguaje. Todo revela tus prioridades.
Bitcoin no cambia eso.
Solo lo hace más visible, más crudo, más tuyo.
2.
🔒 El HODLer inmóvil guarda sus sats como un tesoro.
Nunca los toca. Nunca se arriesga.
¿Es visión de largo plazo…
…o miedo disfrazado de estrategia?
Acumular no siempre es libertad. A veces es bloqueo.
3.
⚡ El gastador comprometido vive el patrón Bitcoin:
gasta, comparte, experimenta, evangeliza.
Pero… hasta qué punto?
¿Usa con propósito o por impulso?
¿Convicción… o ansiedad decorada?
4.
🧊 El espectador tiene Bitcoin… pero no lo entiende ni lo usa.
Espera que suba. No lo estudia. No lo toca.
Dice que cree, pero no actúa como si creyera.
👉 ¿Eres HODLer, gastador o espectador?
Confiesa abajo. 👇
5.
🧠 Vivir el patrón Bitcoin no es solo acumular.
Es decidir con conciencia.
No basta con cambiar de activo.
Hay que cambiar de mentalidad.
Dejar el fiat… también por dentro.
6.
🤔 Bitcoin es un espejo incómodo:
– ¿Cambió tu relación con el dinero?
– ¿Usas BTC con propósito o por miedo?
Tu BTC refleja tu vida. 🪞
7.
📊 ¿Qué bitcoiner eres? #BTC
🪙 HODLer
⚡ Gastador
🧊 Espectador
❓ Otro
8.
🪞 Bitcoin revela tu mentalidad.
📖 Léelo aquí:
https://kiracoco.substack.com/p/el-espejo-naranja-lo-que-revela-tu
🔁 RT para que otros vean el espejo.
Quédate cerca.
#Bitcoin #Cripto #FinanzasPersonales #Libertad
🧵 La falacia de Gresham en #Bitcoin: ¿de verdad no deberías gastar tus Sats?
Muchos repiten que “el dinero malo expulsa al bueno” como excusa para no usar BTC.
Pero esa frase no significa lo que crees.
Y Bitcoin no vive en ese mundo.
Vamos a desmontar uno de los dogmas más repetidos del #Hodl extremo. 👇

1.
La famosa Ley de Gresham dice que, cuando dos monedas tienen el mismo valor nominal pero distinto valor real, la gente gasta la mala y guarda la buena.
Eso solo pasa cuando ambas son de curso legal forzoso.
¿Tiene algo que ver con Bitcoin?
No.
2.
Bitcoin no es de curso legal en ningún país.
No hay equivalencia forzada con el fiat.
No tiene valor nominal decretado.
Su valor es libre, su aceptación es voluntaria y su uso es opcional.
3.
Entonces, ¿por qué se repite tanto?
Porque el #HODL se ha convertido en una cultura.
Y muchas personas asumen que gastar Sats es “matar a la gallina de los huevos de oro”.
Pero eso es una interpretación emocional.
No una ley económica.
4.
¿Tiene sentido ahorrar en BTC?
Claro.
– Es escaso (21M)
– Tiende a apreciarse
– Protege frente a inflación
– Es volátil
– Y tiene costes de transacción
Todo eso justifica ahorrar BTC.
Pero no convierte en hereje al que lo usa.
5.
Usar Bitcoin también tiene sentido.
– Fortalece la red
– Fomenta adopción real
– Cumple la visión P2P de Satoshi
– Impulsa economías circulares
– Democratiza el acceso (no solo hodlers tempranos)
Bitcoin fue hecho para usarse.
6.
¿Y si no quieres vender tu stack?
Hay una estrategia para eso:
🔁 Spend & Replace
– Pagas con BTC
– Y lo recompras al instante con fiat
Así participas en la Economía Bitcoin sin reducir tu exposición a largo plazo.
7.
Ejemplos reales:
– Comprar una gift card en Bitrefill con BTC
– Adquirir libros en tiendas que aceptan Sats
– Pagar a un freelance y reponer
– Apoyar proyectos o creadores en clave Valor por Valor
Todo eso también es usar Bitcoin.
8.
La Ley de Gresham no justifica no gastar BTC.
No se aplica.
No encaja.
Y repetirla sin pensar no te hace más listo.
Bitcoin no es una reliquia para atesorar.
Es una herramienta para usar con intención.
9.
¿Quieres ahorrar? Perfecto.
¿Quieres usarlo? También.
¿Quieres hacer ambas? Aún mejor.
#Bitcoin no impone. #Bitcoin propone.
La diferencia no está en lo que haces.
Está en si lo haces por miedo… o por estrategia.
10.
¿Gastar Sats es un pecado? ¿Y si todo ese discurso sobre la Ley de Gresham fuera solo una excusa disfrazada de teoría?
Muchos la citan. Pocos la entienden.
👉 Aquí desmonto el dogma del Hodl extremo y te explico por qué usar BTC también es soberanía:
🔗 https://kiracoco.substack.com/p/la-falacia-de-gresham-por-que-no
Quédate cerca y sigamos explorando.
